Centro de la ciudad se encuentra en zona de inundación

Centro de la ciudad se encuentra en zona de inundación

Cuando Luis de Fuentes y Vargas con su comitiva fundara la entonces Villa de San Bernardo, no se imaginó del crecimiento desproporcionado y desordenado de esta ciudad, llegando a las mismas márgenes del río

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-noviembre/2017) Gran parte de la ciudad de Tarija fue construida en los lechos del río, incluso en los últimos años, pese a las advertencias de los estudios hidrológicos realizados.

Paradójicamente, las oficinas de la Secretaría de Medio Ambiente se encuentran justamente en pleno lecho del río, en un edificio que causó un daño ambiental irreversible, como es el mercado San Martín.

“Habría que preguntar a las anteriores autoridades cuáles fueron los argumentos técnicos para levantar la construcción en este lugar”, responde el secretario, Álvaro Orozco Herbas, sobre el mercado San Martín que se encuentra a orillas del río,  desligando a la actual gestión de esta irregularidad.

El estudio hidrológico realizado el año 2010 para aprobar el Plan de Ordenamiento Territorial (Plot), revela que la zona administrativa, comercial y turística más importante de la ciudad, que es el centro, estaría fuertemente amenazada por las inundaciones al estar en el lecho del río.

“El límite vendría a ser la calle 15 de Abril”, reconoce el secretario municipal de Medio Ambiente de la Alcaldía.

El secretario de Medio Ambiente de la Alcaldía, Álvaro Orozco Herbas.

Chaleco naranja, documentos y planos en el escritorio, así recibe el joven secretario de Medio Ambiente de la Alcaldía, Álvaro Orozco, al equipo de Verdad con Tinta en su despacho, precisamente, en el pasillo anexo,  es visible el dañado Guadalquivir.

El Plot fue aprobado por el Concejo Municipal el año 2010, pese a que existía el conocimiento del informe hidrológico que la misma Alcaldía envió a realizar, en el que cita los peligros de construir en el centro de la ciudad, como en otras áreas cercanas al lecho del río.

Los estudios realizados años más adelante por la Universidad Católica Boliviana (UCB), validan más este informe.

Orozco explicó que al momento de la aprobación del plan, desde las instancias técnicas debieron tomar una serie de medidas de acción, pues no se puede sacar a los habitantes de sus inmuebles, pero sí podían reglamentar para futuras construcciones.

“El Plot del 2010, se hace con una serie de observaciones, pues a la margen izquierda del río,  estamos llegando en zonas de inundación, casi a la plaza principal”, confirma Orozco.

“Lo que se hizo para la aprobación del Plot es un informe técnico complementario”,  explica el  ingeniero ambiental, al referir que en este documento identifican las zonas susceptibles de inundación, indicando las actuaciones administrativas de derechos propietarios a ejecutar.

Una de las acciones es la prohibición en estas zonas de la construcción de subterráneos, o de hacerlo, que estos sean construidos un metro por encima de lo regular.

Sin embargo, con un simple paseo por las calles del centro de la ciudad, puede verse que esta medida no fue acatada ni siquiera por la misma Alcaldía que construyó el parqueo subterráneo en el edificio del Patio del Cabildo, que fuese inaugurado el año 2014, cuatro años después de la aprobación del citado Plot.

Este parqueo, se encuentra justamente en una zona de inundación.

Tarija por su aporte en quebradas,  tiene gran cantidad de torrenteras que hacen que el crecimiento del Guadalquivir en época de lluvias sea fuerte.

Sin embargo, Orozco trata de bajar un poco la preocupación  sobre los riesgos,  al mencionar que la  capacidad hidrológica del río fue disminuida “drásticamente” por las tomas de agua recién ejecutadas, como por el proyecto Guadalquivir que tiene un sistema de  aducción.

“Eso te disminuye el caudal del río como tal”, destaca, aunque ambientalmente, estas medidas no son de las mejores para la supervivencia del afluente.

Así es el Guadalquivir,  querido  pero al mismo tiempo olvidado por los tarijeños.

Otra medida de acción asumida, es la encarada por la Oficina Técnica Nacional de los Ríos Pilcomayo y Bermejo (OTN), que está ejecutando el proyecto de monitoreo, con el que puede verse en tiempo real en un sistema de control, cuál es la situación del afluente desde el municipio de San Lorenzo.

En caso de existir una crecida importante en San Lorenzo, la información alertará en tiempo real a las instituciones como la Alcaldía para que tomen las previsiones necesarias.

Centro de la ciudad de Tarija.

El estudio de la UCB, fue encabezado por el ingeniero norteamericano, David Stolpa, quien tiene    40 años de experiencia en el ámbito académico e investigativo como en la práctica profesional en hidrología, especialmente en el Estado de Texas, Estados Unidos.

En dicho estudio, se confirma el informe hidrológico previo a la aprobación del plan de ordenamiento  territorial, identificando áreas de inundación en los lechos del río.

Las áreas identificadas en esta investigación son: Tomatitas, Obrajes, barrio San Martín, barrio Guadalquivir, la avenida Integración, la avenida Víctor Paz, la avenida de La Banda, San Blas y San Luis.

Poco o nada hicieron las instituciones para afrentar una situación real de desastre natural, pese a que ya se registraron inundaciones de proporciones en el centro de la ciudad.

Los informes técnicos muestran una realidad y a eso se suma el dicho popular que todo río tarde o temprano “vuelve a su cauce”.

Obras públicas en áreas del lecho de río

Obras públicas en áreas del lecho de río

Avenidas y mercados fueron construidos  en áreas susceptibles a inundación a lo largo de diferentes gestiones municipales

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdacontinta-noviembre/2017) En los inicios de la República de Bolivia, por el año 1825, el país nació como Estado liberal de corte francés, basado en el modelo que regía en Francia en aquel entonces. Dadas las características de este modelo,  se podían comprar  y vender ríos, quebradas, lagos y lagunas que estuviesen dentro de un territorio privado. Inclusive se podían comprar y vender comunidades enteras.

Con la Constitución de 1967 eso cambió totalmente, pues la carta magna indicaba en el capítulo II, artículo N° 136, que: “Son de dominio originario del Estado, además de los bienes a los que la ley les de esa calidad, el suelo y el subsuelo con todas sus riquezas naturales, las aguas lacustres, fluviales y medicinales, así como los elementos y fuerzas físicas susceptibles de aprovechamiento. La ley establecerá las condiciones de este dominio, así como las de su concesión y adjudicación a los particulares”.

De esta forma, los ríos, lagos y demás aguas, pasan a ser de dominio del Estado. Posteriormente, en el gobierno del presidente tarijeño Jaime Paz Zamora, es creada la Ley 2028 de Municipalidades, en la que los bienes de dominio público son del Gobierno Municipal.

Así, de acuerdo al artículo 85 de la Ley, los ríos hasta veinticinco  metros a cada lado del borde de máxima crecida, riachuelos, torrenteras y quebradas, con sus lechos, aires y taludes hasta su coronamiento, pasan a ser parte del municipio.

La falta de áreas verdes en los lechos de río, genera inundaciones en las temporadas de lluvia, como ocurre cada año en la avenida Integración.

“De acuerdo a los debates parlamentarios de la época, el objeto de reservar el dominio del río, era preservar bosques y áreas de reforestación que permitan al río mantenerse. Lamentablemente, en Tarija  hemos construido sobre las áreas de río”, aseguró el abogado Jorge Bacotich Oliva,  respecto a la situación actual de los márgenes del río.

La avenida principal del barrio Miraflores, que lleva hasta el colegio La Salle, sufrió serios daños en múltiples ocasiones a causa de las riadas, dejando la vía inutilizada.

Suerte similar corrió  la avenida Integración,  que fue víctima de inundaciones, la más reciente en marzo de 2017. Sus más críticos la llaman sarcásticamente como la avenida “Inundación”.

Por su parte, el garaje del antiguo edificio de Tránsito, ubicado entre la avenida Integración y la avenida Victor Paz Estensoro, se inundó en numerables oportunidades, causando daños en los vehículos que ahí se guardaban.

Un estudio realizado por estudiantes de la Universidad Católica San Pablo de Tarija, muestra que la ciudad creció en zonas de inundación, tal como es el caso del barrio Miraflores, en el que casas y edificios quedan a merced no solo de las crecidas del río Guadalquivir, sino de las quebradas que lo atraviesan.

Por su parte, el abogado Jorge Bacotich Oliva, observó que la Gobernación, que es la institución que otorga las licencias ambientales, nunca realizó observaciones a la construcción de mercados, avenidas y estacionamientos, en los terrenos públicos comprendidos por los 25 metros que establece la ley.

El abogado Jorge Bacotich, explicó desde el punto de vista legal la situación de las construcciones que se encuentran en lechos de río.

“La Alcaldía es la que puede decidir, por una sola ley municipal”.

Existen sectores de la zona de San Blas que son propensos a inundación, según el estudio anteriormente mencionado. En San Blas, se pretende construir la planta de tratamiento de aguas residuales que busca satisfacer parte de la demanda de la ciudad de Tarija, por lo que esperan conocer la ubicación exacta de los terrenos que serán utilizados para dicho proyecto, para corroborar que los mismos no están situados en zonas de inundación, pues  un hecho de esta magnitud, podría producir una catástrofe medioambiental.

En respuesta, el secretario de Medio Ambiente de la Alcaldía, Álvaro Orozco Herbas, indicó que las licencias ambientales las da la Gobernación, pero en los lechos de río están efectuando planes para crear áreas verdes.

Estas áreas verdes servirán para amortiguar y absorber el agua en caso de inundación, aunque en gran parte de la ciudad,  ya levantaron construcciones en los lechos de río, pese a que son terrenos municipales.

Tarija, sus barrios y el alto riesgo de inundación

Tarija, sus barrios y el alto riesgo de inundación

Pocas áreas verdes y mucho cemento es lo que puede verse en las márgenes del río, en una ciudad que no respetó el tema ambiental para su crecimiento

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-noviembre/2017) Hubo un momento en que la plaza Uriondo del barrio El Molino llegó a inundarse, sí, era el año 1940 y el río Guadalquivir se desbordó, llegando hasta este lugar, según refieren algunos archivos históricos.

Lo cierto es que las últimas investigaciones hidrológicas demuestran que esta situación es posible, ante una gran llegada del río, más aún, en los barrios aledaños que se levantaron en los últimos años sin respetar los lechos del río.

Ángela Patricia Paredes Maldonado, Javier Andrés Orellana Barroso, María Alejandra Pinaya Palacios, Nestor Fabián Tapia Rivera, Ronald Silva López y Veimar Waldo Quispe Martínez, son los estudiantes de la Universidad Católica Boliviana (UCB), que decidieron efectuar en conjunto una investigación del “potencial de inundación del río Guadalquivir y la generación de mapas de inundación”.

Los estudiantes fueron guiados por el docente, David Stolpa, un ingeniero estadounidense que tiene   40 años de experiencia en el ámbito académico e investigativo como en la práctica profesional en hidrología.

En este trabajo fueron delimitados en base a medidas de probabilidades, las posibilidades de inundación en las márgenes del Guadalquivir, identificando las áreas más vulnerables.

“Es necesaria la información de estaciones meteorológicas y estaciones de aforos en diferentes puntos de la cuenca del Guadalquivir, si estas limitaciones no mejoran, los estudios simplemente quedan como preliminares y no se aproximan cada vez a la realidad”, explicó al equipo de Verdad con Tinta, Alejandra Pinaya Palacios, una de las estudiantes que formó parte de este equipo.

Un estudio muestra las posibles causas de una crecida del río Guadalquivir.

Pinaya, tímidamente muestra los avances logrados con esta investigación, revelando zonas de inundación que ocupan gran parte de la ciudad.

La joven ingeniera,  se muestra tímida pero al mismo tiempo muestra  gran capacidad técnica  para hacer un estudio de este tipo, refiere que es importante que las instituciones empiecen a tomar mayor importancia al Guadalquivir y las reacciones que pueda tener el afluente.

Para complementar este estudio, la  Universidad Católica Boliviana de Tarija, está realizando una investigación similar con las quebradas que pasan por el medio de la ciudad, confirmó el director del Departamento de Ingenierías y Ciencias Exactas, Jaime Villena Morales.

Los problemas identificados con esta investigación son el crecimiento poblacional y los cambios asociados con referencia al uso de los suelos, como los asentamientos a las márgenes del río.

“Esta situación devela una ausencia de un plan de emergencia que considere la determinación de zonas de inundación”, refiere el ingeniero Villena.

Este estudio es justamente para apoyar a tomar en cuenta al momento de dar licencias a la  Alcaldía como la Gobernación a construcciones en las márgenes del río tales como la avenida Integración, misma que es llamada por los ingenieros  “avenida inundación”, justamente por la falta de planeamiento al momento de efectuar obras civiles.

Un grupo de estudiantes de la UCB junto a sus docentes realizaron un mapa de inundación en torno al Guadalquivir.

“La ciudad ha sido planificada sin considerar un estudio de mapas de inundación del río Guadalquivir, lo cual provoca incertidumbre, sobre la seguridad de la infraestructura urbana aledaña existente, como edificaciones o carreteras”, justifica la investigación de estos jóvenes.

En este mapa se muestran las zonas en peligro de inundaciones con medidas internacionales, como también otras alternativas, usando el antecedente de la inundación del año 40.

Las instituciones como la Alcaldía, son conocedoras del problema, asegurando que en esta gestión la prioridad está en crear áreas verdes y evitar construcciones en las márgenes del río como vino ocurriendo hasta la fecha; sin embargo, hay un proyecto de una planta de tratamiento en una zona considerada de riesgo.

La joven ingeniera, Alicia Pinaya, explica los alcances del estudio.

Lo cierto es que en cada periodo de lluvias, gran parte de las avenidas aledañas como la Víctor Paz o la Integración se convierten en grandes ríos, poniendo en riesgo a los pobladores, sin que existan medidas efectivas para contrarrestar esta situación, por lo que es importante empezar a tomar en cuenta este tipo de trabajos.

 

Por las sendas de Tariquía: Bosque de cedros, refugio de fieras

Por las sendas de Tariquía: Bosque de cedros, refugio de fieras

 

Tarija alberga una reserva natural poco conocida por los bolivianos pero muy codiciada por su madera. Un lugar donde un gran bosque de añejos y musgosos cedros se encuentra con historias de hombres y fieras que recorren diariamente sus estrechos y solitarios senderos.

Por Eduardo Franco Berton

(Verdadcontinta-noviembre/2017) ´´A mí me ha picau tres veces la víbora´´, dice Don Joaquín mientras nos mostraba con valentía las cicatrices que le habían dejado los ataques de una cascabel, una coral y una yoperojobobo en su pie, dedo y mano. Don Joaquín Nieves nació en 1951 en la comunidad Abra de la Cruz, Tarija, donde vive con su esposa Esperanza Barrientos y sus siete hijos. Se considera un chapaco de pura cepa, bohemio y suertudo, lleno de historias como arrugas en su moreno y avejentado rostro, quemado por sus arduas horas arreando vacas y sembrando verduras bajo el sol del valle.

Todos los años, Don Joaquín debe recorrer a pie 21 kilómetros, desde Emborozú hasta la comunidad de Cambarí, dentro de una de las tierras más ricas y fértiles de Bolivia: la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía. Allí siempre lo espera su amigo de la infancia Rolando Ibarra, quien cuida de sus 55 vacas durante seis meses, esta vez lo hará por un trueque de cinco kilos de miel de abeja señorita, un puñal con el mango tallado a mano en cuerno de venado y una cerda negra preñada. Rolando es uno de los 1800 habitantes de una decena comunidades que habitan en la Reserva Tariquía, en una extensión de 246.700 hectáreas, una Reserva que intenta ayudar a contener la deforestación de más de una cancha de fútbol por hora de bosques que pierde el departamento de Tarija. ´´Pasau los seis meses busco mis vaquitas de nuevo, a veces son menos, porque el tigre me come algunas´´, comenta Don Joaquín.

Eran las 6 de la mañana del 3 de enero de 2015, el día estaba soleado y las aguas del río Tablas de la comunidad Campo de la Lima corrían con tranquilidad. Don Joaquín guiaba a nuestro grupo con paciencia, por un sendero precario y pedregoso, a un ritmo más lento que lo acostumbrado para él. Después de cada hora de caminata la rutina era la siguiente: 10 minutos para recostarse bajo la sombra y aroma de los añejos y musgosos cedros, mientras curiosamente, Don Joaquín recostado sobre las piedras contaba cuántas libélulas pegadas una a otra pasaban en frente suyo. ´´Es una cuestión que me trae suerte durante mis caminatas´´, decía. Luego de beber sorbos de agua de las vertientes que recogía con su gorra, arrancaba algunos musgos de los cedros, que después remojaba y se los daba de comer a Hércules, su burro de 20 años, que venía cargado con 40 kilos de víveres sobre su peludo lomo café.

Las mulas y burros son los principales vehículos que pueden acceder hasta Tariquía, uno de estos animales llega a costar hasta Bs. 4.000, y es por medio de ellos que los pobladores sacan a vender algunos de sus productos a los mercados de Tarija. La miel del bosque es el producto más rentable, además de estar catalogada como una de las mejores mieles del mundo. En el año 1998 fue reconocida con el premio internacional de la Iniciativa Ecuatorial, que le fue otorgada a la Asociación de Apicultores de la Reserva de Tariquía (AART), por la Fundación de las Naciones Unidas.

Esa noche, luego de seis horas de intensa caminata, el sabor del vino casero de Rolando, el calor de la fogata, un cielo estrellado y las historias de Don Joaquín, eran el mayor deleite para cuatro aventureros y nuestra primera incursión en este gran bosque de cedros. ´´…Una vez el tigre mató y se comió uno de mis toretes más gordos, cuando me acerqué sus carnes estaban todavía frescas, recogí los restos y los metí al horno pa´ cocinar un asau a la comunidad. Esa noche escuchaba los rugidos del tigre dando vueltas por mi cabaña, parecía enojau, como viniendo a reclamar su presa. Hoy cada vez hay menos tigres, se están quedando sin bosques y eso los ha obligau a irse más adentro de la reserva´´, contaba Don Joaquín, con voz temblorosa y la mirada puesta en la fogata, mientras tomaba un largo sorbo de vino.

Don Paulino el caminante solitario

Don Paulino Rojas Farfán no recuerda la fecha de su cumpleaños, dice tener 68 años pero su pausada y encorvada manera de caminar lo hacen parecer de 80. ´´Yo vivo solito en mi cabaña por allá…al filo derecho de ese cerro, atrás de un viejo duraznero. Mi cumpleaños es cuando florece el lapacho´´, decía con  inocente mirada infantil de ojos negros cansados mientras nos señalaba hacia el horizonte con su dedo torcido.

Don Paulino Rojas

Durante el descanso, Don Paulino se sentó unos minutos a brindarnos una silenciosa compañía marcada por la nobleza y humildad de un buen hombre de campo, a cambio, tímidamente pidió le obsequiáramos un puñado de hojas de coca, las que saboreaba feliz como niño comiendo un dulce. Al despedirse, muy agradecido, sacó seis duraznos magullados de su vieja bolsa de yute que cargaba sobre su hombro, y nos los entregó amablemente. Mientras, veíamos su encorvada figura desaparecer por entre medio de los cedros.

Don Paulino siempre ha sido un caminante solitario en Tariquía, cuando él era joven recuerda que la Reserva tenía muchos más árboles y animales silvestres, y la gente tenía temor de entrar aquí sin compañía, en aquél tiempo él se encomendaba siempre al ´´Dueño del Monte´´ (leyenda popular del espíritu custodio del bosque) cada vez que salía solo por las sendas, para que lo guíe y proteja de los ataques de los pumas y tigres que rondaban hambrientos por allí.

La venganza de los leñadores

Amaneció un nuevo día en Cambarí. A la distancia, escuchamos un sonido familiar para el hombre pero aterrador para las fieras; una sierra eléctrica. A lo lejos observamos con tristeza como se desmorona estrepitosamente un cedro de unos 40 metros y más de 100 años de edad en apenas cuatro segundos, interrumpiendo el cariñoso acicale de una pareja de loros pineros (Amazona tucumana) que salen volando despavoridos. La venganza de los leñadores había comenzado.

´´Cayó un árbol, como un gigante degollado. Los hombres lo despedazaron con sus hachas. Los árboles siguieron cayendo, uno tras otro, lanzando alaridos de muerte. Y la masacre de la selva duró hasta el anochecer´´, narraba el tarijeño Oscar Alfaro (Premio Nacional de Cuento en 1963) en su obra ´´La venganza de los leñadores´´. Hoy en día, esta venganza la hacen realidad los madereros ilegales que depredan los cedros y nogales de Tariquía con sus sierras eléctricas y a plena luz del día.

´´Es una pena pero este bosque siempre ha estau codiciau por los hombres´´, menciona Don Joaquín. Mientras recuerda que antes de declararse como Reserva Nacional por Decreto Supremo el año 1989 en el Gobierno del ´´Gallo´´ el expresidente tarijeño Jaime Paz Zamora, los bosques de Yungas Tucumano-Boliviano de Tariquía casi pasan a convertirse en una concesión forestal. De haber ocurrido así, tal vez hoy el destino de gran parte de estos cedros hubiera sido el transformarse en finas y resistentes barricas para añejar algún buen vino.

Tras las huellas del jucumari

´´Me encontraba sentado descansando en medio de unos helechos, cuando levanté mi cabeza vi al oso sentado de espaldas a unos 40 metros comiéndose una bromelia. Sudé frío y se me paralizó todo el cuerpo´´, describe Orlando Segovia sobre lo que fue su encuentro con el oso jucumari.

El próximo 16 agosto, después de las vísperas y de encomendarse a la Virgencita de Chaguaya, los hermanos Orlando y Carlos Segovia–quienes realizan proyectos integrales en beneficio de las comunidades y municipios de Tarija- partirán rumbo a una expedición que atravesará por el corazón de Tariquía, saliendo desde Emborozú hasta cruzar al municipio de Entre Ríos. Iremos en busca del Jucumari, la idea es explorar en zonas de la reserva donde los comunarios han registrado la presencia del oso, comentan emocionados.

Nos acompañará un grupo de expertos naturalistas, dice Carlos Durán, otro miembro del grupo–un abogado que cuando puede cambia las leyes y corbata por un par de botines y su vieja mochila militar suiza de los años 60 para adentrarse a explorar los lugares naturales más inhóspitos de Bolivia. La finalidad de esta expedición es tener la oportunidad de fotografiar al animal más amenazado de Tariquía a causa de la pérdida de su hábitat por la deforestación, “y que los bolivianos conozcan y valoren más nuestros santuarios naturales y su vida silvestre”, dice Durán.

Don Joaquín volvió en junio de recoger sus vacas de Cambarí, esta vez el ´´dueño del monte´´ cuidó que el tigre le devorase alguna. Por desgracia, en el camino de regreso, su burro Hércules, eterno compañero de sus viajes, encontró la muerte a causa de una picadura de cascabel en la pata izquierda, dejando las frutas y víveres abandonados al lado del sendero. ´´Pobre mi Hércules, Tariquía es así…la próxima estoy pensando cambiar mis ojotas por una de esas churas botas de cuero que usan los militares´´, exclamó.

Voces de verano parte II

Marco Antonio Montellano Gutierrez

Nelson Pandorga

En la tarde una mujer me ahorcó mientras dormía. Recuerdo los botoncitos numerados de su reloj, los delgados eslabones dorados colgando de su fina muñeca y sus uñas, más bien cortas, entre lila y violeta. Desperté. Es lunes, estoy en bata y me antojo chocolate.

Aguante Keith Richards. Aguanten Netflix y Keith Richards.

La extranjera está indignada y putea con una insistencia y tenacidad admirables a pesar de que es la única culpable. Paladea las consecuencias de tensar las cuerdas de la cítara local, del boca a boca. “También se va meter con ese tipito”, repiten todas y todos los amigos. Los amigos de él, que no son otros que mis amigos: los tuyos, los suyos, los vuestros y los de ella.  La cosa es que el serpentario local se deleita en triples saltos mortales sin red con su nombre: la avientan ida y vuelta de los lábiles trapecios de sus lenguas. “Aquí he conocido a puros rocos de mierda”, se queja, enredando de eres el acento local, que de a poco se le pega. Al final de la canción hay un par de minutos de silencio.  Es martes y ha caído el sol. Observan los recortes que empapelan el local que ha sido aclimatado con decenas de frases fiesteras garabateadas con marcadores de diverso grosor en los fragmentos de pared que resistieron al avance tapicero de las revistas viejas. Somos los mismos siempre, es como el Bar de Mou pero condimentado algunas noches de abuelas:  de abuelas del rock and roll.

“Hoy cuatro caipiriñas, mañana seis y el sábado nos reventamos”, baila sobre la silla, alargada,  frutal. Lían un par trompetitas robustas y caminan. Por entre las frondas entretejidas de sus  árboles filtra la avenida principal los sudores vespertinos de la zona central. Resquicios de luz entre un caparazón de vegetales sombras.Estos árboles / tienen el recuerdo / de la lluvia. Hay humedad este año en el valle y un tono aceituna: el río enfermo en el ombligo, en los cachetes de Sama asoma la luna. Todo favorece al nocturno deambular en la todavía pequeña ciudad capital, inundada estas fechas de gente en edad de merecer, habitada todo el año por los que  no dejarán nunca de seguir mereciendo. Con una pizca de solidaridad, con una mínima logística el alba los sorprende juntos. A algunos les llegará sobre el asfalto casi azul, a otros sobre las camas de impersonales dormitorios, recámaras de tiempo.

No será esta noche. Cruzan riendo a gráciles trancos la plaza Luis de Fuentes.  Que Benito no destroce ni se orine en los jardines de nuestro kilómetro cero. “¿Quieres entrar un rato a charlar?”, “Mejor tomo un taxi que ya viene el aguacero”. En el taxi le vibra el celular. Cierra los ojos y escucha el ritmo, la ruda musicalidad del motor del coche. Lleva en los poros una forma nueva de alegría: cruza la Avenida de Tarija, con dirección a casa,  a la medianoche.

Tariquía: Un dulce paisaje con amargo sabor a pobreza

Tariquía: Un dulce paisaje con amargo sabor a pobreza

Mercedes Bluske Moscoso

Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(VerdadConTinta-Noviembre2017) Pocos pueden jactarse de haber caminado por sus suelos y de haber deleitado su vista con su mágico paisaje. Con cámara en mano y sombrero en la cabeza, la fotógrafa tarijeña Laura Rodríguez Segovia se adentro en el frondoso bosque de Tariquía, desafiando al cansancio y surcando la adversidad de un sendero poco amigable.

“Hacía mucho tiempo que queríamos ir”, cuenta respecto al deseo que compartía con otros colegas fotógrafos, “pero no encontrábamos la forma de hacerlo”.

Tras una larga espera, la oportunidad llegó finalmente en el año 2013, cuando gracias al contacto con una maestra de la zona, pudieron coordinar una visita en una época en la que las lluvias no aumentaran el peligro de adentrarse en aquella selva frondosa.

“Era todo sacado de un cuento. Paisajes indescriptibles cubiertos de espesa niebla, que le daba un toque de misterio y magia”. Sus ojos no daban crédito a lo que veían. En cuestión de segundos había dejado la vida real, para adentrarse a un mundo digno de un film de ficción. Los creadores del Bosque Viejo de El Señor de los Anillos y del Bosque Turgal de Alicia en el País de las Maravillas, debieron haberse inspirado en el misticismo y belleza de Tariquía a la hora de dar vida a sus obras.

Riachuelos rodeados de helechos y musgos. Árboles, bromelias, orquídeas y líquenes, entre otros, adornaban el paisaje. “Caminábamos por una especie de avenida cubierta por una cúpula formada por arboles gigantescos. Podíamos ver ardillas, serpientes, mariposas… era algo que jamás habíamos visto y por tanto, estábamos extasiados con tanta magia a cada paso”, asegura Laura, dejando escapar la inevitable sonrisa por la felicidad que aquel recuerdo le produce.

En aquella época la Reserva era   casi inaccesible, había que descender por cañones, cruzar riachuelos, caminar por senderos angostos. Algunos trechos del camino eran en medio de un espeso bosque, mientras que otros al borde de precipicios. Las partes más bondadosas, permitían a los visitantes andar a caballo, aunque éstos tramos eran mínimos.

Luego de 8 horas de caminata, llegaron a su primera parada. “Nos sorprendió ver tantas carencias”, continúa Laura, “llegamos a la escuelita de la maestra que nos ayudo a visitar la reserva y nos encontramos con una realidad opuesta a lo maravillosa que hasta entonces había sido nuestra experiencia” aseguró.

Detrás de los colores vibrantes de la naturaleza, se encontraba escondido el doloroso matiz oscuro de la pobreza extrema, materializada en una escuela con 12 alumnos que asistían a clases hasta que se les acababa el lápiz o el cuaderno, porque no había posibilidad de obtener otro, o porque sus padres los preferían trabajando en sus campos, antes que “perdiendo el tiempo en una escuela”.

Dado que la gente de la región vive de la agricultura, todas las manos son útiles y bienvenidas para trabajar la tierra. Incluso las manos vírgenes de un niño que, por haber perdido su lápiz, se ve obligado a cambiar el aula por el arado.

“!Dejar la escuela porque se acabó el lápiz!”, repite Laura, aún sorprendida. Aún herida por aquel cruel recuerdo.

“Nos imaginamos lo que era enfermarse en la zona”, continúa relatando, “una emergencia jamás sería atendida; no había un solo centro de salud en kilómetros”.

En medio de aquella pobreza cegadora, el único brillo provenía del flash de Laura. Su cámara iba registrando cómo la belleza impoluta del paisaje, se transformaba en el rostro sucio de un niño cuyo acceso a la educación, dependía de algo tan insignificante- para algunos- como tener un lápiz.

Y sin embargo, aquel irrisorio instrumento de grafito marcaba, para aquellos niños de cara sucia, un abismo existente entre el derecho a la educación y el trabajo infantil.

El acceso a los servicios básicos, para ellos no tiene nada de básico, es un lujo que no se pueden permitir en aquella vida lejana a la civilización. Los parámetros de “lo básico” pierden objetividad en aquel mundo. Luz, agua, alcantarillado, son prácticamente excentricidades.

Pasaron cuatro años desde aquel viaje en el que Laura descubrió un mundo nuevo, un mundo que vive sólo en su memoria y al cual no quiere volver. El temor la invade cada que piensa en regresar a aquellos senderos encantados. Tiene miedo de regresar y no encontrar aquel lugar mágico del que se enamoró, pues asegura que en la página en la que comparte sus trabajos fotográficos, la gente comenta que Tariquía ya no es la misma.

La gente comenta cosas como: “Era tan lindo y ahora ya no hay nada de eso”, asegura la fotógrafa.

 

La foto: el principal miedo de la gente que habita la zona, es enfermarse, puesto que saben que un simple resfrío podría acabar con su vida.