Perspectiva…

Maria Lourdes Rojas Gutierrez

María Lourdes Rojas

Ojalá pudiera decirles a todos, y a la niña con miedo que vive dentro de mí, que huyendo encontrarán la paz. Que si cambian de ciudad se esfumarán las miradas dañinas, que los puñales y navajas serán de plástico y los ruidos molestosos resonando en sus pensamientos, que los despiertan por la noche, terminarán por silenciarse. Pero tengo que avisarles, no con demasiada pena esta vez, que no será así.

La realidad es que si no empezamos a aceptar que estar un poco rotos por dentro también es estar vivos, sólo nos vamos a frustrar y donde sea que vayan las maletas que hagamos, siempre estarán cargadas con pesos invisibles. Miedos, inseguridades, traumas, rencor.

Deberíamos aceptar que todos los días, al menos nos pasa algo. Y es que, al menos nos pasa la vida. Y el tiempo. Y el tiempo trae daños y algunas decepciones en formato domingo, lunes o martes, etc.

Como también trae amores y alegría a las 3 o a las 4, o a la hora que tú quieras por fin cerrarle la puerta al miedo y abrirle la puerta a la persona que está a unos pasos o a unos kilómetros, o a las oportunidades y a las ganas de sentirte vivo nuevamente, de abrir la ventana y gritarle al mundo que se puede y que la rutina te pille esta vez sin coraza.

A veces somos muy duros con nosotros mismos. Hoy me doy una palmadita en la espalda y espero que quien me esté leyendo pueda permitirse la sensación de hacerlo también, que aunque hoy no seamos el ideal que tenemos preparado, seamos conscientes de que podemos serlo y que estamos dispuestos a no rendirnos sin luchar.

Ojalá que está vez después de soltar esos pesos “invisibles”, al abrir nuevamente la maleta, esté mucho más ligera y esta vez podamos decir que cabemos en ella.

A veces la mayor muestra de amor es darnos una oportunidad y poder decir: me atreví a viajar por curvas, rectas, empedrados y empinados, sin escapar de mí mism@” y hoy ESTOY VIV@!

Sólo he podido aprender HOY

Maria Lourdes Rojas Gutierrez

María Lourdes Rojas Gutierrez

Hace poco me han decepcionado y hasta el día de hoy no ha sonado el celular con la notificación de una disculpa. Y, una vez más, he esperado a quien no me busca.

Todo el tiempo que pasé pensando que la persona con quien estaba era lo que veía, no hice nada de lo que debía. Dejé en un rincón las cosas que me sostenían por sostener su mano. Sin tener la mínima sospecha que para él sería fácil soltarla al aburrirse de mi sonrisa.

Hoy me han decepcionado.

Pero hoy he hecho reír y me han hecho reír. Me he reencontrado con personas que me han aportado cariño y comprensión, he visto a mi sobrina crecer y la escuché balbucear de alegría, he visto una hermana pequeña hecha madre, un hermano que captura lo mejor de las personas en una imagen, otra hermana que ha sacado de su diccionario la palabra rendirse y se ha adherido el significado entero de fortaleza.

Hoy también he recordado las charlas en el auto de mi padre, la mayoría de las veces al despedirse suele decir: “aprende mucho hoy hija”. Y yo, HOY, sólo he podido aprender que la vida es esto, y con esto me quedo.

Ya no elijo su nombre ni el nombre de aquellos que me han decepcionado. Porque sí. Puedes elegir. Puedes elegir con qué y con quién te quedas. Y yo siempre me quedo conmigo y con todos los que como luces en el camino, me han ayudado a reencontrarme en incontables ocasiones, me han iluminado el alma y por eso sé que la luz sí se contagia.