Reordenamiento del transporte público

Reordenamiento del transporte público

Reordenamiento del transporte público 

Alcaldía plantea corredor central de norte a sur y de este a oeste

Esta propuesta plantea un sistema tronco alimentado, con corredores y rutas alimentadoras

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso/ Jesús Vargas Villena

El sistema de transporte fue todo, menos un sistema en Tarija. Fruto de este desorden en el servicio, los principales afectados son los usuarios, quienes, ante la falta de opciones, tuvieron que resignarse a micros destartalados, la contaminación, las paradas sin horarios establecidos e inexistente transporte nocturno.

Todo el segmento de la sociedad que pasa buena parte del día al volante, tiene que lidiar con congestionamiento en las principales arterias de la ciudad y con un deficiente flujo vehicular, debido a la mala educación de choferes como usuarios, que hacen frenar a los buses en cualquier lugar, menos en sus respectivas paradas.

A través de un proyecto impulsado desde la Secretaría de Movilidad Urbana de la Alcaldía, la situación puede cambiar.

En una anterior entrevista con Verdad con Tinta, Rodrigo Figueroa Villarrubia, quien se encuentra a la cabeza de la Secretaría, explicó que ha finalizado, a nivel de pre-inversión, un plan de reordenamiento del transporte público masivo.

El mismo fue elaborado en base a los datos presentados por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), después de realizar un análisis del tráfico en Tarija.

La ciudad, pese a que cuenta con diferentes empresas y líneas de transporte, no tiene un sistema como tal. “Cada línea opera en función de lo que hago yo como conductor. Me adelanto para quitarte pasajeros, o me atraso para quitarle al otro. Ésa es una pelea de todos los días, es una vorágine que no obedece a ningún sistema”.

Esta propuesta plantea un sistema tronco alimentado, con corredores y rutas alimentadoras. “La propuesta es que tengamos una cruz en la ciudad, con una carretera que venga paralela al río, que entre a la capital y siga a la zona sur. La otra que venga desde Senac y pase la calle Colón”, explicó Rodrigo Figueroa, respecto al trayecto de las vías troncales.

De acuerdo al proyecto, el corredor  principal  tendrá dos tipos de carriles: unos de tráfico mixto y otros sólo para buses. La gente que viva por esa zona, también podrá entrar a estas calles sólo para guardar sus automóviles.

Este proyecto de ordenamiento vial responde a una lógica de fomento  y priorización del transporte público.

Como parte de este incentivo a utilizar este sistema, el proyecto contempla la implementación de modernas flotas de buses, como las del Puma Katari, utilizadas en la ciudad de La Paz.

Serán aproximadamente 60 nuevos vehículos que cumplirán con los estándares de calidad necesarios para brindar un servicio adecuado a la población. Con una longitud de 12 metros y una capacidad para 80 personas, este nuevo medio de transporte contará con espacios asignados para personas discapacitadas, entre otras ventajas.

Figueroa explicó que las paradas estarán “bien definidas” y también brindarán “mayor comodidad” a los usuarios. Estarán ubicadas en una plataforma, para que las personas en silla de ruedas, puedan hacer una abordaje franco, de una manera cómoda, segura, y sin que el chofer tenga que perder tiempo en la parada, para desplegar una rampa de acceso al vehículo.

Al  tratarse de un sistema integrado, los usuarios, con un mismo pasaje, podrán hacer transbordo hasta llegar a su destino final, sin necesidad de pagar otro viaje.

“La gente que menos ingresos tiene vive más lejos y generalmente tiene que tomar más de un bus para llegar a su trabajo o universidad, nosotros queremos democratizar el transporte”, afirmó Figueroa, quien explicó que el proyecto establecerá un tiempo determinado en el que los usuarios podrán hacer transbordo sin costo alguno.

A su vez, ya no realizarán transacciones en efectivo, sino que los usuarios tendrán tarjetas a las que podrán recargar crédito y en cada viaje se les irá descontando el saldo.

“De esta forma, los padres también podrán garantizar que el dinero que les dan a sus hijos para transporte, será utilizado en eso”.

Según el secretario, mientras menos dinero efectivo se maneje, más transparente será la administración. Todo el dinero recaudado irá a una caja común y será repartido entre el número de choferes, garantizando que todos ganen lo mismo, sin importar la ruta que les sea asignada.

El proyecto ya está en marcha, los transportistas tienen sus observaciones y el ciudadano espera soluciones inmediatas. La Alcaldía inició la socialización, pero el camino todavía es complejo, como lo son las calles de la creciente urbe tarijeña.

El proyecto propone un cambio radical en el tránsito de la ciudad de Tarija, pero en el presente la realidad es otra, donde el respeto es lo último que se toma en cuenta.

Pie de foto

El corredor prioritario plantea una ruta troncal en la que serán implementados los nuevos buses, y en la que tendrá prioridad el servicio de transporte público.

Crédito: Secretaría de Movilidad Urbana

La vida contada desde el traje de una cebra

La vida contada desde el traje de una cebra

 El programa no sólo ayuda a educar a los ciudadanos, sino que sirve para cambiar la vida de los trabajadores

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta- abril/2017) Aunque su trabajo es cuidar a los peatones y repartir alegría por donde caminan, bajo el traje de cebra hay personas reales, con problemas palpables y con una historia por contar. Sin embargo, más allá de los desafíos que enfrentan en la vida cotidiana, los trabajadores del traje a rayas se convirtieron en un eslabón elemental de la vida en la ciudad. Tarija, sin sus cebras, no sería la misma.

Si bien el mundo puso desde el pasado mes sus ojos sobre estos personajes parlantes, gracias al presentador de la televisión norteamericana, Jhon Oliver, los tarijeños se jactan de tenerlas caminando por sus calles desde hace siete años. Pero más allá de las críticas, risas o admiración que puedan despertar las “cebritas”, debajo de cada traje hay una persona con una historia de vida y miles de anécdotas.

Su aparición en las calles de la ciudad de Tarija data del año 2010, llenando las páginas de los periódicos locales con titulares cargados de polémica respecto a su trabajo.

“Las cebras, un programa que sorprende a Tarija y molesta a algunos taxistas”, decía el titular de un medio de comunicación local, reflejando la realidad que se vivía por aquellos tiempos. Sin embargo, con el pasar de los años,  las cebras han encarnado el estereotipo de hospitalidad y amabilidad que caracteriza al tarijeño.

Lisbert Rayne, Esther Josefina Mamani y Cristian Valenzuela, son parte de las personas que visten la “piel de cebra”, como la llaman ellos. Verdad con Tinta te cuenta cómo se ve la ciudad desde los ojos de una cebra y te adentra en la vida de las personas que están bajo el disfraz.

Su rutina demanda disciplina y buen humor. “Nosotras estamos acostumbradas a levantarnos temprano. A las cinco y media ya estamos en pie”, dice Lisbert con cierta timidez. Su trabajo requiere empezar temprano la jornada, pues deben estar presentes en los colegios a la hora de ingreso, para  cuidar a los niños que se disponen a cruzar la calle al llegar a su escuela.

“Nos vamos a la calle a las siete para  estar con los niños en el horario de ingreso, para así cuidarlos y protegerlos”, agrega.

Esther, por su parte, cuenta cómo empieza su día en el centro de las cebritas, ubicado en el edificio de la  Escuela de Bellas Artes, sobre la calle Juan Misael Saracho.

“Hacemos nuestro calentamiento, tomamos el refrigerio y también realizamos nuestra oración del día. Pedimos por nuestra salud, por nuestro bienestar en las calles”, explica la joven mientras agarra la cabeza del disfraz que está sobre la mesa. Tras la muerte de una de las cebritas el 9 de agosto de 2014, tras ser atropellada mientras hacía su trabajo en la zona de la antigua Terminal de Buses, es lógico que oren pidiendo protección. “Tenemos una cebra que nos cuidad desde arriba”, dice Cristian.

El trabajar desde temprano no exime a éstos jóvenes de sus responsabilidades familiares. “Antes de venir al centro, vengo al Palacio de Justicia”, continúa Esther, “mi mamá vende ahí y la ayudo a sacar sus cositas, porque está delicada de salud y sus bolsas pesan mucho”.

Por su parte, Cristian el único varón entre los entrevistados, cuenta que se levanta a las cinco de la mañana para alistarse y luego acompañar a su hermana caminando hasta el lugar en el que trabaja, lo cual le toma media hora. Luego de asegurarse que su hermana llegue sana y salva a su destino, Cristian se dirige al centro de las cebritas para desayunar junto a sus colegas con el fin de empezar la jornada.

EL trabajo de estos jóvenes es sólo por la mañana, pues por la tarde,  entra otro grupo que cubre el turno. Tener un trabajo de medio tiempo permite a los muchachos conseguir otro empleo por la tarde, así como estudiar una carrera profesional.

Para Cristian, el desafío es equilibrar el trabajo con la familia y el estudio. Él estudia la carrera de Diseño Gráfico por las tardes y en las noches aprovechas para  hacer sus trabajos prácticos.

“Mi familia se preocupa porque me quedo hasta muy tarde estudiando y al día siguiente me levanto temprano para trabajar”, explica el joven de 23 años. Sin embargo, él tiene asumidas sus responsabilidades. Trabajar y estudiar son sus prioridades.

Esther, al igual que su compañero, por las noches estudia Contaduría General. “En las tardes trabajo, tengo un negocio con mi hermana, y por las noches estudio”.

Lisbert tiene otro trabajo por las tardes para ayudarse a pagar las cuentas, pues ella no tiene familia en la ciudad. Su única familia, son sus amigos con piel de cebra.

“No siempre vamos a ser cebritas”, coinciden los tres amigos. Ser parte de este grupo les cambió la vida y puso a personas “maravillosas” en su vida, pero, tras esta experiencia, su futuro promete ser diferente a lo que podría haber sido sin el traje.

Un cambio de vida

“Ser cebra me cambió la vida, ellos son mi familia, encontré buenos amigos y personas que  están conmigo cuando las necesito”, repite Lisbert una y otra vez a lo largo de la entrevista.

Como a ella, el programa  cambió la vida a decenas de jóvenes, quienes encontraron su razón de ser dentro de este particular grupo.

“Yo me pegunto, qué hubiera sido de mí, si no hubiera entrado a trabajar aquí”, dice Esther bajando la mirada, como si por un momento se hubiera olvidado de la presencia de los demás en la sala.

“Yo estaba perdida, me estaba ahogando y ser cebrita me ayudó a cambiar”, asegura la muchacha, quien fue una de las primeras en unirse al programa, cuando tenía sólo 15 años.

Los talleres, capacitaciones y el relacionarse con gente que la ayudaba a ser positiva, son requisitos indispensables  para estos trabajadores con piel a rayas. Esther acota que estas capacitaciones  no sólo le ayudaron a ser una mejor persona, sino a transportar esa actitud a sus allegados. “Creo que he ayudado a cambiar a toda mi familia”, dice con una sonrisa. “Mi familia está orgullosa de lo que hago”.

Abrazos gratis

Ese positivismo y alegría que menciona Esther, también es un requisito indispensable para el desarrollo de su trabajo. Las cebritas llenan de felicidad y alegría las calles de la ciudad como los corazones de todos aquellos ciudadanos que se disponen a devolverles una sonrisa o el saludo. Más allá de lo económico, esa es una paga invaluable para los trabajadores del disfraz.

“Mi reto es que todo el  que pasa por ahí, que se vaya con una sonrisa, o sabiendo que hay alguien que se preocupa por ellos”, dice Lisbert con su cálida voz.

Si bien  se topan con todo tipo de gente en las calles: alegre, triste o enojona;  su misión es  alegrar su día con un saludo, una sonrisa o un piropo.

“Cuando ves a alguien viniendo triste o enojado y de repente le dices ‘buenos días’, ‘que le vaya bien’ o ‘se ve hermosa hoy’”, continúa Lisbert, “inmediatamente notas cómo cambia su cara y se va con una sonrisa”.

Para Lisbert, ése es el verdadero reto, cambiar a esas personas y resaltar los valores en la sociedad,  porque “tal vez,  los estamos perdiendo”.

La sonrisa y el amor que reciben de los niños en las calles y en los colegios, es un bono extra para las cebritas. “El abrazo de los niños es lo mejor de todo” dice Cristian. Según cuenta, los niños piden a sus madres cruzar al otro lado de la calle, sólo para  saludar o dar un abrazo a las cebritas. “Ellos, y los abuelitos, son los más dulces”, agrega.

Hay  cebritas o educadoras viales  se tomaron la molestia de personalizar su traje, agregándole corazones, moñas u otros distintivos. De esta forma, los peatones reconocen a los trabajadores que se convirtieron en sus amigos.

Enojos gratis

Por lo general hay personas que se ponen felices al verlas, pero no todas reaccionan de la misma manera. En diversos casos, las cebras son víctimas de agresiones verbales por los peatones y choferes en la vía pública.

“Al principio los choferes se molestaban con nosotras cuando empezó el programa en el 2010”, dice Lisbert. Según cuentan, al implementar este programa de educación vial,  los conductores eran los que más se enojaban cuando las “cebritas” les llamaban la atención por impedir el paso de peatones. Con el pasar de los años, no sólo los choferes dejaron de molestarse, sino que empezaron a educarse y respetar el espacio por el que deben transitar los peatones.

“Aprendimos a ponernos en el lugar de los choferes”, continúa Esther, “en las calles vemos que muchas veces terminan sobre el paso de cebra porque hay mucho tráfico y el semáforo cambia de color antes de que ellos logren terminar de cruzar la vía”.

Pese a que las educadoras intentan ponerse en el lugar de los choferes, los conductores no siempre se ponen en el de ellas, y las agreden con gritos o bocinazos.

Los riesgos y sacrificios de su trabajo son altos y el pago es bajo, pero éstos trabajadores llevan la piel de cebra tatuada en el corazón, y ni el clima es un impedimento para que realicen su trabajo con alegría. Sin importar el inclemente invierno o el abrumador calor, las cebras siempre tendrán una palabra amigable con todo aquel que pase por su esquina.

“Nos gusta nuestro trabajo, no sentimos ni el calor cuando estamos en las calles”, coinciden los tres amigos.

La foto.- Lisbert, Cristian y Esther, posando tras la entrevista con el equipo de Verdad con Tinta.

Foto 2.- Fuera de sus actividades en las calles, las cebritas cooperan en eventos escolares y campañas sobre educación vial. También llevan su alegría a diferentes eventos ciudadanos.

 

 

 

 

 

 

Semana Santa en el area rural

Semana Santa en el area rural

La fortaleza de la fe en la extrema pobreza 

 

En las ciudades,  las preocupaciones materiales alejan a las personas de la fe; mientras que en el área rural,  con situaciones de extrema pobreza, se celebra la vida, siendo más fuerte la religiosidad.

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta/14 de abril/2017) “Es fuerte, es fuerte  lo que ves, tienes que ir un poco preparado, porque ves la realidad de la gente y te sacude”, describió lo que siente el padre Marcelo Barrena,  respecto a la realidad de las comunidades del municipio de San Lorenzo en la provincia Méndez, una de las más pobres del departamento.

 

Barrena es misionero de la Misión Gran Río, pero lo que ve en la zona alta de Tarija es impactante en comparación de todo lo que le tocó conocer a lo largo de su carrera misional; sin embargo, lo que más le impresiona es la fuerza de la gente que vive en esa zona con una “fe impresionante”.

 

Camarón y León Cancha, son parte de las comunidades que viven situaciones de extrema pobreza, uno va a esos lugares y “se queda pasmado”, dijo el padre, quien no deja de mostrar su admiración por esas personas, cuando las condiciones en las que viven podrían darles las herramientas para no seguir la religión.

“Vos decís, tienen todo para renegar de Dios,  para negar a Dios, uno podría decir en esos lugares, dónde está Dios y, sin embargo, es donde más fe encuentras”.

“Es una contradicción entre lo que viven y la fe que profesan. Una persona  diría esto no está bien, pero no es así, porque lo poco que reciben lo valoran agradeciendo a lo alto”, explicó el misionero.

Lo que pudo percibir el religioso, es que las personas que viven en estas zonas de extrema pobreza, toman mayor valor a la naturaleza por encima de cualquier bien material, agradeciendo a Dios por las lluvias, por la vida o por la familia.

“Eso me causa mucha impresión, pero al mismo tiempo mucho deseo de trabajar”, dice entusiasmado el padre.

La situación económica en el departamento es crítica y eso puede palparse al caminar por sus montes o comunidades del área rural. “Hay gente que no la está pasando  bien”, confirma el religioso respecto a la realidad de la provincia Méndez.

Sin embargo, esta cruda realidad no es un argumento para alejar a sus pobladores de la religión, algo que sí ocurre en la ciudad, donde la mayoría de los ciudadanos se acuerda de Dios cuando necesita dinero o en alguna fecha festiva.

“La gente celebra la vida”, destaca el misionero sobre los creyentes en esta región.

Como dando la razón a las palabras del padre, una mujer se le acerca para reclamarle el por qué la iglesia estuvo cerrada en los días anteriores. “¿Puedo ir a orar ahora?”, le pregunta, “¡Claro que sí!” le responde a lo que ella agrega, “¿pero está abierta la iglesia no?”, generando una sonrisa en el religioso que le contesta afirmativamente.

Para los misioneros, la fe que se vive en las áreas rurales de Bolivia es muy fuerte a comparación de lo que puede notarse en las ciudades.