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Piraí Vaca, relatos de euforia, tristezas y religión

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-julio/2017) En un mano a mano con el concertista de guitarra consagrado de Bolivia, conversamos sobre sus pensamientos más íntimos. Tristezas. Alegrías. Religión. Energías. En esta entrevista de Verdad con Tinta con la colaboración de Radio Luis de Fuentes, repasamos todos estos aspectos vistos desde la perspectiva del músico cruceño, Piraí Vaca.

De carne y hueso. Con sencillez y humanidad. Vaca habló sobre uno de los momentos más críticos a lo largo de su carrera profesional y de su vida personal.

Tristeza

“A lo largo de todo lo que he hecho, siempre he sido consciente de que el mayor obstáculo he sido yo mismo”, dice el artista, respecto a los últimos dos meses de su vida, a los que describe como los más difíciles de su existencia.

La agonía y muerte de su madre, sumando a un torrente de estrés y nerviosismo acumulado de los últimos años, hicieron que Piraí Vaca tocara fondo, física y emocionalmente.

“Usted es muy fuerte de corazón y mente, y esa es su mayor debilidad”, fue el análisis que hizo el especialista que lo ayudó a superar su más profundo bache. Como en las grandes paradojas de la vida, la medicina es parte de la enfermedad

Desde su vocabulario música, cada persona vibra a una determinada frecuencia, y esa frecuencia es la que crea una realidad como parte de un todo.

En su caso la frecuencia , al igual que su realidad, fue caótica.

La suma de todos los factores le generaron como resultado una afección a la mano derecha. Una afección neurológica. “Eso fue lo que definitivamente me disparó por completo”, dice Piraí a modo de dar pie a la más significativa anécdota de este tiempo de su vida.

El 1 de julio empezó su gira en Santa Cruz, cuando atravesaba el peor momento de su problema en la mano. “Yo no sabía cómo poner la mano para tocar… y mi madre agonizando”, dice con voz calma e intensa al mismo tiempo, generando un silencio entre frase y frase, como si las palabras le dolieran.

La perfección de una técnica, fruto de 30 años de trabajo, se veía afectada por algo tan simple como el cuerpo. Un cuerpo colapsado. Y un alma quebrada.

Sin embargo, pese a sus males físicos y a sus preocupaciones, su sentimiento de responsabilidad hacia su trabajo y hacia su público, hicieron que iniciara la gira.

“No terminaba de saber qué sucedía, qué me pasaba, pero ahí estaba. Por la noche, obviamente, como reflejo de mi desequilibrio emocional, el sonido fue una desgracia”, dice bajando la mirada, recordando el concierto de aquel 1 de julio en su Santa Cruz natal.

Ante la desesperación, a medio concierto, Piraí intentó bajar de un salto desde el escenario, hasta donde se encontraba la consola de sonido. El aterrizaje fue accidentado.

“No sé que pasó pero me caí estrepitosamente al piso”, continúa Piraí, quien cuenta que el teatro entero saltó del susto intentando ayudarlo a ponerse de pie.

Pese a la incomodidad de la situación, el artista volvió al escenario tras el incidente. El comentario después del concierto era que después de la caída, subió y tocó mejor. «Aquí sucede la magia», continua explicando el concertista, «el haberme caído en ese momento me hizo comprender en una milésima de segundo, que realmente estaba deshecho físicamente y emocionalmente».

Desde su perspectiva, las caídas o accidentes no son simplemente lo que pensamos, puede parecer algo casual, pero en otros niveles de la realidad no lo son. Son manifestaciones que están basadas en lo que nos está pasando a nosotros.

“Ahí me di cuenta que es posible no estar preparado. Ahí me di cuenta que es posible sentir algo físico, que es posible no tocar bien”.

Abrir un espacio a nuevas posibilidades. Desarmar su estructura. La imperfección. Todo esto hizo que se relajara y toque mejor aquella noche, y las siguientes.

El artista cerró su gira por Bolivia en la ciudad de Tarija el pasado 22 de julio, en un concierto gratuito en el teatro de la Casa de la Cultura.

Religión

Plantearse las cosas de una nueva forma, plantearse la posibilidad de un error, lo ayudaron a estar en paz con él y con su música.

Aunque la religión como institución no lo acompaña de ninguna manera, sus creencias las adquirió de la música. En otras palabras, la música es su religión.

«Seríamos realmente arrogantes e ignorantes si pensáramos que todo se reduce a lo que nuestros 5 sentidos pueden aprehender o asimilar», continúa explicando Vaca, «más allá de nuestros sentidos hay todo in mundo invisible que sin necesidad de misticismos, es visible para los animales y para nosotros no».

Para Piraí, la música le concede acceso al mundo intangible, a otros estadios de conciencia en los que puede experimentar un estado de gracia. “Por eso cuando digo que la música me enseña no es algo poético, sino literal”.

La música es la puerta que lo transporta a un mundo de energías, espíritus o como quieran llamarlo, un mundo que no está necesariamente vinculado con la religión. Un estado al que los creyentes pueden llamar Dios, Mahoma o Alá, según el profeta al que sigan.

Ese estado espiritual, de lo invisible, es el que lo ayuda a mantener la armonía, no sólo con lo tangible, sino también con lo intangible.

Euforia

Felicidad. Alegría. Euforia. La vida esta llena de momentos marcados por esos sentimientos. La vida de Piraí Vaca no es la excepción.

“Puedo perder a mi madre, a mi amada, a mi hija, a mi adre, pero por suerte siempre hay algo en la vida que te puede llamar la atención, que te puede servir para poder seguir adelante, es la reflexión que hace al respecto. Pero para él, el mejor momento es aquel que está por venir.

Sin embargo, en abril pasó tres semanas en Alemania junto a su hija. Tres semanas que abrieron nuevos sentimientos.

“Por primera ves en mi vida, experimenté esto que les estoy contando que siempre me pasa con la música, pero a través del amor. Me resultó totalmente increíble a mí mismo”, dice respecto a esta nueva etapa de la relación con su hija de 10 años.

Según el artista, aquel sentimiento de armonía, de mirar más allá de él mismo, sólo se le había manifestado a través de la música, pero en abril, pudo experimentar aquel estadio de conexión con su hija.

Luego de separarse de ella, asegura que durante 48 horas experimentó un éxtasis que no conocía.

El vuelo de regreso de Alemania a Bolivia fue revelador de sentimiento e incluso inspirador. Fruto de aquella inspiración, Vaca confiesa que en avión se dispuso a sacar papel y lápiz para escribir el siguiente verso: “De mi madre el amor, de mi amada la felicidad y de Casiopea, inmensidad”.

En la escuela de la vida, aquel día aprendió el significado de las relaciones y el significado que tiene cada una de ellas en su vida.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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