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Gloria Ardaya Salinas: “El gobierno gobierna para sus partidarios, pero no para el país en su conjunto”

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(VerdadconTinta-agosto2017) La socióloga sobreviviente de la masacre de la calle Harrington, compartió con Verdad con Tinta su visión sobre la forma de hacer política en el país, y la ausencia de un verdadero debate político.

Hablar pausado, voz cálida y fortaleza de mente y espíritu, son características que fácilmente se le pueden atribuir a Gloria Ardaya Salinas. A 36 años de su captura, tortura y exilio; con una visión más compleja y madura de la realidad, expone su visión sobre la política boliviana durante su breve visita a Tarija.

“La gente ya sólo confía en sí misma”, dice tras varios minutos de conversación, en los que su pausado hablar transmite paz, pese a la complejidad de los temas que aborda.

La Bolivia de hoy y la de los años setenta u ochenta, son tan parecidas en algunas cosas y tan disímiles en algunas. Lo sabe ella, que vivió en ambos tiempo. Los actores sociales son distintos, pero las políticas públicas se dejan llevar por la misma inercia de antes. Quiere que la nuevas generaciones lo sepan.

A diferencia de hoy, hace 30 o 40 años, según explica, cuando alguien tenía un problema acudía de forma inmediata a su sindicato, partido u organización, porque todos ellos pensaban en el bien de Bolivia. “Ahora, esas pequeñas organización sólo piensan en su interés particular, no en lo que le conviene a Bolivia”.

Sin embargo, esta particularidad va más allá de las pequeñas organizaciones. A gran escala sucede lo mismo, en los distintos niveles del poder.

“El Gobierno gobierna para sus partidarios”, continua Ardaya,  “pero no para el país en su conjunto. Ni para las regiones”.

De esta forma, la política actual se basa en el partidismo, sin que las autoridades tomen conciencia de que más allá de ser de oficialismo u oposición, hay algo superior a los partidos y que agrupa a todos los ciudadanos en su conjunto. Todos son bolivianos. Todos tienen, o deberían tener, los mismos derechos.

“Eso es lo que debería pensar un buen gobierno”. Sin embargo, para Gloria Ardaya Salinas, esto no sucede en la práctica. Todo gira en torno al partidismo, si una determinada ciudad vota en contra del Gobierno, éste de una manera u otra, simula que la región opositora no existe, no es parte de Bolivia.

Algo similar se deja ver en los Gobiernos departamentales o en los municipios. La política por encima del ciudadano.

Gloria Ardaya, aunque activa en la vida política del país a través de charlas y sus libros, no milita en ningún partido político.

Un “debate” de descalificación

Otro déficit que ha vivido la política nacional en los últimos 10 años, es la ausencia de un verdadero debate político. “Ha habido un debate ideológico antes que político” agrega con la misma voz pausada.

Para la socióloga, este debate se basa en la descalificación de las personas, de los políticos y de los grupos sociales. Neoliberalista, agente de la CIA, derechista, anti- indigenista, son algunas de las “etiquetas” utilizadas para descalificar a los interlocutores y así cortar el debate.

Un ejemplo de la descalificación a la que se refiere Ardaya, es el caso del  vicepresidente Alvaro García Linera, quien calificó como “ambientalistas coloniales” a quienes se oponen a la carretera que se pretende construir en el territorio del TIPNIS.

“Esto se ha agudizado más porque en el país se ha tratado de enterrar al sistema de partidos políticos”, dijo Ardaya, quien además insistió en que una democracia sin partidos, no es una democracia de calidad.

Al desacreditar a los interlocutores, es imposible continuar con un debate verdadero y vital, como por ejemplo la matriz productiva del país, la cual se sigue basando en la explotación de recursos naturales. “Siempre estamos a coyunturas intrascendentes sin mirar el mediano y  el largo plazo para el país y sobretodo, sin mirar lo que queremos”.

Esta realidad se caracteriza por la presencia de un Estado, pero con la ausencia de los ciudadanos, en medio de un adormecimiento colectivo, el ciudadano no sabe lo que quiere para el país.

“Estamos viviendo en un estado donde por el exceso de recursos económicos el Estado tiene una presencia muy fuerte en contra de la sociedad”.

En la carrera por descalificar personas y ganar fuerzas, para Ardaya, las organizaciones sociales han sido compradas o sobornadas para no haya un espíritu crítico desde la sociedad. “Tenemos un estado muy fuerte que está aplastando a la sociedad”, concluyó.

De esta forma, los ciudadanos, entendidos como personas que exigen derechos, se convierten en meros consumidores, gente que cambia sus principios por un cargo o una prebenda, según la visión de la socióloga.

El final de un ciclo en la política se aproxima, dependerá de los ciudadanos el despertar, exigir derechos y planificar el cauce que tomará el país en el futuro.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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