Claquetarija: Eugenia

Erich Conzelmann

Erich Conzelmann Castellanos

Se la siente como un experimento personal, que al convertirse en una película muta para convertirse en un experimento social, donde el espectador es testigo de un viaje introspectivo, surreal e íntimo, y no está solo como un veedor, con actitud contemplativa, porque los temas que toca la película nos conciernen a todos los que vivimos el aquí y el ahora. Todo esto poniéndose en los zapatos de Eugenia que sin duda representa un drama actual desde la perspectiva femenina. Las circunstancias reveladas dentro de la ficción, dentro del drama, crean una realidad palpable e incómoda, no tanto por las situaciones que atraviesa el personaje, sino por representar casi de una manera documental una cotidianidad innegable que sufrimos todos en nuestra sociedad, es por eso que verse en este espejo gris no resulta halagador, más por el contrario, logra una reflexión. El drama Eugenia es real y lo vive un sin número de mujeres; se la siente más cercana por que la puesta en escena es mayormente en nuestro país.

La propuesta cinematográfica está presentada íntegramente en blanco y negro, realzando el tenor del film y de los sin sabores de la protagonista. Entre otras cosas, invita al espectador a un momento poético y gris.

Andrea Camponovo encarna la revolución de Eugenia y su búsqueda para encontrarse con ella misma, su actuación sin duda es meritoria, al igual que el resto del elenco, pero es ella la que carga en sus hombros todo el peso de la película (prácticamente no hay escena donde no esté).

Hay varios símbolos que ayudan a narrar la historia y hacerla visualmente llamativa, por ejemplo,  ver a Eugenia con un traje de guerrillera, con una peluca negra o portando un fusil. Se la ve alzando un mazo enorme, picando piedras, o con esos lentes que parecen un antifaz que le sirve al mismo tiempo como escondite a vista de todos, o como máscara para enfrentarse al mundo, empoderada y frágil.

Hacer cine en Bolivia es una labor titánica, aún tenemos un largo camino que recorrer, y siempre hay maneras distintas de contar historias, esta es una versión de Martín Boulocq, director y guionista de este eslabón más de la cadena del cine nacional.

“No hay que volver a empezar, hay que continuar no más”.

Nilo Soruco, su vida contada por sus retoños

Nilo Soruco, su vida contada por sus retoños

En un mano a mano con Verdad con Tinta, su hija, Sonia Soruco, cuenta cómo recuerdan a su padre y los episodios que marcaron la vida de la familia.

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-abril/2018) “Si hay algo que él nos ha transmitido, es la fuerza de luchar por la verdad y la justicia”, recuerda Sonia, mientras se acomoda en el sillón del recibidor de la casa que perteneció al cantautor boliviano.

En medio de la construcción de adobe, piso de ladrillo y plafón de caña, es fácil imaginarse a Nilo Rixio Soruco Arancibia (1927-2004+) c de la explotacios, los principios que n hombre de justicia. Un hombre en contra de la explotaciaminando por el lugar, tal vez tomando un té con limón con un queso de cabra del que mandaba su suegra Lolita, o leyendo en aquel mismo sillón en el que transcurre la entrevista.

Su retrato enmarcado en una fotografía de pared, es el único adorno que sobresale en aquel ambiente, pero no es lo único que queda de él en aquella casa.

Él vive en cada una de las paredes y recovecos de la vivienda, pues esa casa representa su historia hecha arquitectura.

Sonia, de ojos marrones y piel tersa, se toma su tiempo entre palabra y palabra como quién no quiere omitir ningún detalle de los recuerdos que alberga en su memoria y en su corazón.

Sonia en la sala de su casa.

Un hombre de justicia. Un hombre en contra de la explotación del hombre por el hombre. Así es como definen a grandes rasgos, los principios que marcaron la vida del tarijeño.

“Venía de una familia muy humilde”, cuenta Sonia mientras acomoda el fleco de pelo que cubre su frente, “pero encontró respuesta a los conceptos que él albergaba, en el Partido Comunista”.

La política, aunque la familia prefiere no entrar en esas arenas, fue parte importante de la vida de Socuro, al igual que la música.

Según recuerda la segunda de sus hijas, su ingreso a la militancia fue casi azaroso, fruto de los designios del destino. “En una reunión de la Central Obrera tomó la palabra y empezó a exponer sus ideas respecto a los salarios y demás… Al salir de ese congreso Oscar Alfaro (1921-1963+) se acercó a mi papá y lo invitó a militar”, dice Sonia mientras pinponea entre el pasado con el presente, dentro de su mente.

El profesor de profesión, no se imaginó que tras esas breves palabras, nacería una amistad y una unión tan profunda como la de hermanos, con el poeta Oscar Alfaro, con quien lejos de la militancia, compartía una innegable pasión por el arte.

“Él le leía los poemas, y a mi papi automáticamente en su cabeza, ya le salía la música”, recuerda Sonia, mientras cuenta que entre los documentos que pertenecieron a su padre, tienen 100 poemas de Oscar Alfaro a los que Nilo Soruco les puso la música.

EL DATO

Compuso su primera cueca titulada A Orillas del Guadalquivir, a los 13 años.

Respecto a su personalidad, su familia lo recuerda como una persona alegre, optimista, amante de la vida, incluso, en las situaciones más adversas, y querendón de los suyos.

“Cuando mi mamá nos reñía, él nos veía con aquella mirada profunda que tenía y de repente, nos guiñaba el ojo en medio de la tirada de orejas, para que nos consolemos”, cuenta la mujer.

También lo recuerdan como una persona muy lectora, culta y conocedora.

“No necesitábamos una enciclopedia para hacer la tarea, porque él sabía de todo”.

Nilo Soruco en un desfile con los niños de la escuela de música.

Recuerdos de la dictadura

Sin embargo, unos años después, su padre ya no estaría siempre para ayudarlas con las tareas o para contenerlas con su mirada tras las travesuras que hacían las tres hermanas, pues la militancia lo convirtió en un perseguido político, que se debatía entre la cárcel, el paredón de fusilamiento y el exilio.

“Comenzaron los problemas desde joven. Desde que se casó siempre era perseguido”, dice Sonia, quien pese a la corta edad que tenía en aquel entonces, aún recuerda el miedo que invadía su cuerpo cada vez que entraban hombres armados a su casa para llevarse a su padre.

Cuando salía con su mochila para ir al colegio, veía a los custodios de su casa armados hasta los dientes con metralletas.

“Tenían orden de liquidar a mi papi”, dice respecto al periodo en el que gobernó el militar Hugo Bánzer Suárez (1926-2002+) en los 70 y una situación similar ocurrió en el periodo de Luis García Meza Tejada en 1980.

Ella y sus hermanas seguían siendo niñas.

Violeta, la menor de las hermanas, no pasaba los 6 años, Sonia tenía aproximadamente 11 y Zemlya, la mayor, apenas llegaba a los 13, cuando tuvieron que ir junto a su madre, al centro de detención de la Dirección de Operaciones Políticas -DOP-, ubicado en la plaza Murillo, para interceder por la vida de su padre.

“Al ingresar, la detuvieron a mi mami desde las 9 hasta las 11 de la noche”, agrega Sonia, mientras pone en palabras aquel el miedo que sintió junto a sus hermanas en el centro en el que las tuvieron sentadas en una sala, sin comida ni agua, mientras su madre luchaba por la libertad de su padre.

María Victoria Olga Verdún Cossío, esposa de Nilo Soruco, había ingresado a la DOP para averiguar la situación en la que estaba su esposo y mediar por su liberación. En aquel lugar la metieron en una sala, y no la dejaban salir para ver a sus hijas, alegando que debía esperar a que llegara una autoridad para presentar su caso.

“Hemos pasado muchas cosas feas”, dice mientras vuelve de un viaje mental por el pasado, pero asegura que en medio de la adversidad, su madre fue un pilar fundamental para superar todos los obstáculos.

Según el relato de la madre a sus hijas, en ese intenso tiempo que pasaba, ingresaban soldados con cuchillos u otros objetos, en un juego macabro para hacerle entrever que podría ser víctima de una tortura física.

Nilo con su leal y entrañable camarada que lo cuidaba, Floyd Ortega. Su nombre en la clandestinidad: Bigotes.

“Mis hijas están solas, por favor ¿puedo salir a verlas? No había respuesta alguna.

Finalmente, llegó el jefe de la división el coronel Loayza, recuerda, a quien le expuso de la forma más sincera el caso de su esposo.

“Él es comunista, pero no es violento, no es malo”, le dijo sollozando.

Al parecer, esa vez, sus palabras tuvieron resultado.

La mujer salió de ese tétrico lugar, cerca de la medianoche, despertando la tranquilidad de sus hijas que seguían ahí afuera esperándola.

Al día siguiente, cuando fueron a llevarle pan, leche y otros alimentos a don Nilo, se enteraron que temprano por la mañana se lo habían llevado.

Pensaron lo peor…”lo mandaron a fusilar”, pasaba implícitamente por sus mentes.

“Se lo llevaron al Panóptico”, les dijo un soldado con cierta complicidad.

El Panóptico era el apodo que tenía por ese entonces, la cárcel de San Pedro de la ciudad de La Paz.

En eso, les vino un gran alivio. Al ir a San Pedro, se enteraron que ya no estaba más en el país.

Luego de vivir un sinfín de torturas y momentos amargos; Nilo Socuro fue exiliado, librándose del fusilamiento.

Para sus hijas, mucho tuvo que ver María Victoria, con aquella exposición sincera del caso que le hizo al jefe militar.

Tras la dictadura, Nilo se dedicó a dar clases en la escuela de música de su Tarija natal, aunque nunca abandonó la lucha sindical.

María Victoria, la mujer al costado de Nilo Soruco

Dios creó al hombre y a la mujer para que fuesen compañeros. Y eso fue María Victoria Olga. No se trata de la mujer tras el éxito del poeta, ni de la mujer delante de él. Se trata de quien estuvo a su lado, en las buenas y en las malas, para llevar su hogar a la par.

Y aunque trataban de llevarlo así, a la par, en múltiples ocasiones, ella fue quien tuvo que hacerse cargo de la manutención de la familia, pues Soruco, se encontraba exiliado o apresado.

“Mi mamá trabajaba en las noches de maestra y en el día tejía a crochet para ayudarse”, recuerda Sonia, haciendo hincapié en el rol fundamental que desempeñó su madre, no solo en la educación como en la manutención de ellas, sino como compañera de su padre.

Su matrimonio en Ircalaya, en febrero 1954 con María Victoria Olga Verdún.

“Si no fuera por mi madre, mi padre no hubiera podido luchar por sus ideales, cantar ni nada”.

Aunque su padre luchaba por todo un pueblo, su madre lideraba la batalla por la familia, pues no solo tenía a cargo a sus tres hijas, sino que cargaba a cuestas la deuda con en el banco, la que habían contraído para comprar el terreno de la que fue y es la casa de la familia Soruco, ubicada en la calle Ballivián, casi esquina Corrado.

“Junto con la familia Justiniano, que también era de profesores, decidieron comprar a medias esta parte”, dice mientras contempla las paredes de adobe, que hacen a la fachada de la casa, la que fue arreglada hace poco, para evitar que se siga deteriorando.

Pero la dicha de la casa propia duró solo unos meses, pues a los pocos meses de comprarla, Nilo fue encarcelado por la dictadura de Hugo Bánzer Suarez en 1971 y el peso de aquel compromiso quedó sobre los hombros de Olga.

Para sus hijas, el legado de su padre no radica en sus canciones, ni en la casa, ni en el éxito, radica en cada una de las enseñanzas y experiencias que calaron su alma. Su legado es la generosidad, la sencillez como el perdón, para vivir sin rencor ni resentimiento.

“Todo eso nos ha hizo mujeres fuertes, firmes, amantes de la vida y del ser humano”.

 

Zemlya, Sonia y Violeta, junto a su madre Olga Verdún.

 

Voces del verano VII

Marco Antonio Montellano Gutierrez

Nelson Pandorga

7.

               Se despide cerca de las 11 de la noche. Temprano para ser verano. Camina desde la Catedral hacia la Plaza buscando taxi. Dobla a la izquierda en la Gral. Trigo, alcanza la Ingavi. En el trayecto tratan de asustarlo gritando desde dos diferentes balcones. Cuando levanta la cabeza apenas alcanza a escuchar las risas desaparecer en la semioscuridad añeja de esos aposentos de paredes gruesas y techos altos. Vaya casualidad, piensa, hoy he sido por dos ocasiones la víctima boba del aburrimiento crónico social, tan tradicional como las pocas casas coloniales que aún conserva el centro de la ciudad. No ha terminado de morir la Plaza ni sus personajes, aunque aparezcan cada vez más perplejos. Como un mantel tejido ha crecido la ciudad. Hay en su urdiembre hilo amarillo a croché mezclado con bayeta y aguja; con lana blanca y palillo, con máquina de coser, cuero y aguayo. Los pasatiempos colectivos de moda son el bolo y el pasanaku… algunos nostálgicos no se resignan a olvidar al  karaoke. Bisutería, chisme y vanidad. En la intimidad lo más apreciado sigue siendo reírse de los demás y coger.

 “Ya no sé francamente qué voy a hacer con la cagada de hijos que Dios me ha dado”. “Antes la Condorito llegaba con la revista erótica Pingüino”. “Esperen, esperen, no hagan dos conversaciones, todos nos tenemos que enterar”. “Qué putas, tu abuelo se acostaba a la siesta y yo me choriaba el camión pechando, con toditos los llocallas del barrio”. “No te llevas bien con la bicicleta, papito, ya no eres chango”. “Dice que son unas indecentes, que la una le chupada la teta a la otra en el parquecito, delante de todo el mundo”. “Tengo ganas de farrear de nuevo che, en mi examen me ha ido bien”.

Entre príncipe y mendigo / Con las maquinarias de la anarquía / En el corto verano de la alegría / Todo mi corazón sangra de espuma / en días en los que se desparrama / Como una canción feliz la vida / y empiezo a visitarme / A lo que murió en mí y es ahora / Túmulo y memoria que se borran.

               – ¿Qué haces, viejito parroquiano?

               -Nada… nunca hago nada. Vos más bien, contá. ¿Cuál fue la vergüenza del acto?

               -Varias, pero sobresale el monólogo del Bicentenario. Se subió Toto Cow a caminar en círculos erráticos y veloces, como quien ya no puede esperar más a que desocupen el baño, copa de tinto en la mano. Y a vociferar, mirando al empíreo desde una tarima instalada en plena Loma de San Juan: ‘¡Uriondo… Méndez… Avilés…!’”.

               – ‘Luis Parra, Herramienta, Mocha Berta’… le hubiese yo aumentado.

               -Acto seguido desorejó a capela las cuecas más famosas. Les cambiaba la letra a su antojo el petiso carajo.

               – Espero que no haya sido tan sinvergüenza de cantar la que dice “Tarija me ha visto crecer”.

“La Arrrdiente”, la camioneta rebelde del Cumpa Mico

“La Arrrdiente”, la camioneta rebelde del Cumpa Mico

Usucapión: Es el único vehículo en proceso de usucapión en Tarija y quizá de todo el país

Jesus Vargas Villena

Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-abril/2018) Las camionetas de la línea F Series de la marca estadounidense Ford, empezaron a ser lanzadas al mercado internacional con la finalización de la Segunda Guerra Mundial en los años 40.   Estos vehículos fueron construidos en la misma planta en donde Ford producía los bombarderos B-24, tomando un cierto temple guerrero, por su resistencia y su dureza.

No es un vehículo cualquiera, para él, tiene un simbolismo. En ella está la máxima representación de sus anhelos, de su sentir y de su pensamiento.

Es su compañera de vida, pues lleva con ella 37 años, siendo la principal testigo de sus revoluciones.

“Es la expresión de lo que ansío: la independencia, la soberanía plena sobre nuestros recursos”, dice Bernardo Edmundo Ávila Moreno de 68 años, más conocido en Tarija como el Cumpa Mico.

Él viste para la ocasión una camisa de color rojo, debidamente elegida para combinar con el color de su camioneta, aunque, esta luce algo más opaca por el desgaste de los años.

“Tarija independiente”, dice un bordado en su camisa, que también combina con los textos pintados en el vehículo.

“La Arrrdiente”, es el nombre con el que se le bautizó hace unos 11 años aproximadamente, cuando fue incendiada por un grupo de extraños.

La ardiente, capturada por el lente de Verdad con Tinta.

“Vi esa noche que la quemaban a la camioneta y grité al cumpa”, relata una de las vecinas de la calle Dámaso Aguirre, quien tiene un negocio funerario al frente de la casa de Edmundo Ávila.

El cumpa con los vecinos, usaron baldes y mangueras logrando sofocar el incendio, mientras que la mujer recuerda con una irónica risa, cuando llegaron los bomberos en un taxi. “Cómo iban a apagar el fuego sin nada”, dice la mujer, recordando aquella intensa noche.

Este incendio ocurrió días después de que desmantelaran su canal de televisión. “Rompieron los equipos y se llevaron todo”. Él reconoce que el canal no estaba legalmente establecido, pero no era motivo para el destrozo de los equipos.

El cumpa relaciona ese destrozo en el canal con el incendio a su camioneta. “Llevé la camioneta para exponerla en la plaza principal, pero extrañamente, ningún medio de comunicación quiso cubrir ese hecho”, se lamenta todavía.

La vecina refiere que el sobrenombre de La Ardiente viene de ahí, pero ante la pregunta del periodista, el cumpa corrige y dice que en realidad es “La Arrrdiente”, porque este nombre lleva algo suyo… “todos saben que me encantan las buenas mozas, entonces, cuando veo una linda mujer digo arrr…”, y mira profundamente con sus ojos celestes al contar la razón del nombre. “Es un término de tarijeño muy querendón”, aclara.

Antes, tenía en la parte del frente un coqueto mensaje: “Veni vidita”.

La camioneta la heredó de un amigo, pero al tratar de sacar los papeles, se dio cuenta que este no era el verdadero dueño.

Buscó al propietario real, pero nunca lo encontró, porque el hombre que aparecía en la documentación de la Alcaldía como supuesto dueño, había registrado una camioneta producida en Brasil, mientras que esta es de fabricación argentina.

El cumpa Mico junto al vehículo.

Con el incendio, se perdió el número de chasis, por lo que tampoco pudo nacionalizarla.

“Casi todos los accesorios no son originales, tiene motor Toyota y otros elementos”, reconoce entre risas, al agregar que incluso, le pusieron candados a las puertas, siendo casi imposible abrirlas sin las llaves.

“Antes se entraban  parejitas a hacer sus cosas a la camioneta, como siempre la deja afuera y sus asientos son anchos”, cuenta un poco sonrojada la vecina.

Por este motivo, el cumpa tuvo que hacer ajustes en las puertas, como en el capote, porque también le robaron la batería.

Al no encontrar al propietario por años y con el fin de legalizarla de una buena vez, inició el proceso de usucapión.

Es el único vehículo en el departamento que tiene un proceso así, generalmente son terrenos o viviendas, e incluso, el caso es inusual en todo el país.

“Sé que de salir positivo el proceso, tendré que ponerme al día en los impuestos, pero también me evitaré las multas de tránsito”, cuenta, mientras lleva pintada improvisadamente la placa Tja-001.

La Arrrdiente, también fue apedreada en el barrio San Roque, cerca de la oficina central del Movimiento Al Socialismo (MAS).

“Me acusan de separatista y otras cosas, porque en mi camioneta dice Tarija independiente, La república de Tarija, pero en realidad, me considero boliviano, aunque primero soy tarijeño, por lo que voy a pelear siempre por una verdadera autonomía por el bien de todo nuestro pueblo”, refirió.

La camioneta primero fue de color blanco, luego la pintó de rosado para apoyar en la campaña del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Gonzalo Sánchez de Lozada en 1992, “como buen movimientista”, después chamuscada por el incendio y posteriormente, colorada por Tarija.

Poco a poco, la va llenando con pintura blanca, nombre de personajes representativos de Tarija en el vehículo: Nilo Soruco, Oscar Alfaro, Abdon Ribera, Leonel Clavel, Víctor Paz, Eduardo Farfán, Esther Marisol, Yalo Cuélla, Negro Palma, Chulupa Pizarro, Freddy Serrudo, son algunos de los nombres que se ven.

“Recién le pintaron Motete”, acota, en homenaje al político Oscar Zamora Medinacelli (1934-2017+), indicando que hay gente que le va poniendo su propio aporte, que no solo es él quien pinta los nombres o frases.

 

Así, la Arrrdiente se convirtió en un ícono de Tarija, que al hacer su bullicioso paso por las calles de la ciudad, atrapa todas las miradas.

“De esta bicicleta también hay que escribir algo”, dice entre sonrisas al subirse a una antigua bici que le regaló su amigo “Tolay”….

 

Estef: sonido, letra e imagen, en una apuesta por la industria musical

Estef: sonido, letra e imagen, en una apuesta por la industria musical

Fiel a su estilo, a su esencia y a sus raíces, Estefanía Ocampo Moreno, apuesta por vivir de la música, rompiendo con los estereotipos que circundan al rubro

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske Moscoso

(Verdadcontinta-abril/2018) “No recuerdo una etapa de mi vida donde no haya habido música”, dice Estefanía mientras ceba un mate para compartir a lo largo de la conversación.

Aún en los vagos recuerdos que tiene de su primera infancia, Estef, como le dicen sus amigos, puede visualizar la guitarra y la quena, sintiendo los acordes que la acompañaron en su niñez. Gracias a su padre, el folklore siempre lo llevó como un profundo baño de identidad.

Su camino en la música fue una evolución constante, en la que probó desde el punk hasta el folklore. “Mi primera banda de música fue de punk”, dice entra risas mientras acomoda la bombilla del mate. Bandas como Blink 182 y Alanis Morissette influyeron en aquella etapa de su vida.

Sin embargo, como buena hija de los 90, el pop estuvo presente en su vida desde muy temprana edad. “Entre mis artistas de todos los días, estaba Shakira”, recuerda sobre sus largas tardes.

En esa evolución musical, Estef descubrió que a través de la música quería proyectar sus raíces, lo autóctono de su pueblo y, porque no, aquellos sonidos de su infancia, traducidos en tardes de sábado en las que su padre tocaba El Cóndor Pasa.

Estef en entrevista con verdad con Tinta

Sus creencias, gustos e identidad, se transformaron en la combinación perfecta entre el folklore y la música popular, dando paso a lo más íntimo de su ser: ella en su máxima expresión, a través del folk-pop. “Me gusta incluir notas de zampoña, charango o quena”, explica.

Tras descubrir su identidad musical, el desafío es el de siempre: vivir de sus acordes. Vivir de la música.

En un país en el que la industria musical es prácticamente inexistente, hacer de esta una profesión, es una lucha cuesta arriba para los artistas que buscan trascender.

Tras surcar obstáculos personales que la alejaron de la música, marcados por una profunda depresión, tras un accidente en el que se rompió la pierna, las puertas se abrieron nuevamente este 2018, encontrando detrás del dintel a una Estefanía más fuerte, más madura y con las metas más claras que nunca.

“Conocí a una persona en Cochabamba que es todo un personaje en el mundo del sonido”. Tras su última presentación en el escenario de la Fexpo Tarija 2018, el muchacho no dudó en acercarse a la cantante y proponerle grabar sus dos primeros temas en la Llajta.

“No es muy fácil grabar un disco, el principal motivo es el tema económico”, asegura la artista, respecto a los desafíos de la empresa musical nacional.

En el país, la producción de un disco masterizado, ronda los mil dólares por canción. Pero con esta nueva oportunidad, la cantante puede grabar por lo menos, sus dos primeros temas.

Otro obstáculo, es que pocas personas consideran la música un trabajo. “Muchos te llaman para que toques, pero piensan que les harás de favor, o porque vas a ir a guitarrear”, dice respecto a los retos que afronta día a día, para lograr vivir de su arte.

Pese a todo, hoy por hoy la música no solo su actividad principal, sino que es a lo único que se dedica, esperando que los sacrificios realizados en el presente, se conviertan en una empresa en torno al futuro.

“Decidí dejar todos los proyectos de lado, porque si no le dedicas todo tu tiempo a esto, te quedas siendo un guitarrero”.

Para ella, este es un proyecto que a la larga, se tiene que volver rentable. “Es complicado dejar todo de lado, porque tienes que vivir el día a día y mantenerte igual”.

Estef en el escenario, su lugar favorito.

Estructurar temas, componer, escribir y ensayar, son actividades que forman parte de su día a día, al igual que la lectura. “Una vez alguien me dijo: ‘algún día vas a tener muchas cosas para decir y pocas palabras para expresarme, si quieres hacerlo bien, tienes que leer mucho’”, dice a modo de explicar su amor por los libros como el por qué estos forman una parte tan importante de su rutina.

La administradora de empresas de profesión y música de vocación como de corazón, promete sorprender con su música este 2018, y Verdad con Tinta promete seguir sus pasos para hacerse eco de sus logros.

Su estilo personal: Folk, pop y un pedacito de sus tesoros

Estefanía es logró crear un estilo personal en el escenario, no solo en cuanto a su género musical se refiere, sino también a través de su vestimenta, que fusiona lo autóctono con lo moderno y, siempre, con un toque personal que tenga algún significado íntimo para ella.

Como pocas artistas, se mantuvo fiel a sus raíces y se alejó de los estereotipos que generalmente impone el mundo de la música como un requisito sine qua non, para triunfar. Para ella, todo debe tener un sentido, ya sea consciente o inconscientemente.

“La correa que uso cuando toco, es un viejo fajín que usaba mi papá cuando hacía música folklórica en Alemania”, cuenta sobre algunas de las piezas más simbólicas de su vestuario, en las que siempre intenta agregar algo “folk”.

Faldas largas, blusas sueltas pero modernas y sombreros, son prendas con las que fácilmente se la reconoce en el escenario. “Amo los sombreros”, asegura. El escenario de la ‘Expo’ no fue diferente.

Patricia Moreno el día de su boda.

“Arriba tengo una foto de mi mamá que usó un sombrero potosino en su boda, y yo quería usar uno igual para tocar esa noche”, explica Estefanía, quien asegura que su madre, quien falleció hace algunos años, sus hermanas y su padre, son su familia como sus tesoros.

Tanto es así, que lleva tatuado en la piel, como un círculo infinito, el nombre de cada uno de ellos alrededor de su antebrazo derecho.

Aunque el paradero de la prenda original era desconocido, Estef pudo contactarse con un hombre que hace los sombreros y se hizo uno a medida, para llevar un pedacito de su madre en aquel sublime momento que viviría en el escenario.

El Dato.

Diabla, la firma de moda tarijeña, suele asesorar a Estefanía en el vestuario que utiliza para sus shows más importantes. Los coloridos y artesanales collares de Diabla se convirtieron en un ícono de la alta moda boliviana, y en una pieza clave en el vestuario de Estefanía para mostrar sus raíces.

Estef en el escenario, con el sombrero potosino, que es una recreación del que llevó su madre en su boda.“Yo te llevo dentro, hasta la raíz”, es una de las canciones de Natalia Lafourcade que forma parte del repertorio de Estefanía; y es así como lleva a su madre en su día a día. Siempre presente.

 

La vida es linda…la belleza del alma ante la crueldad del hombre

La vida es linda…la belleza del alma ante la crueldad del hombre

Como en la película del italiano Roberto Benigni: La vita è bella de 1997, donde el personaje saca lo mejor de sí, en los momentos más críticos, despertando sonrisas en su niño, así, 20 años atrás, Nilo Soruco en una situación similar, cambiaba el destino de miles de personas.

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-abril/2018) “Al optimismo de mi cantar encarcelado”, así la califica a la cueca La vida es linda, el autor tarijeño Nilo Soruco Arancibia (1927-2004+), cuya letra surgió en una etapa compleja, en aquellos difíciles años 70.

Al escucharla a fondo, sale una sonrisa y quizás una coqueta lágrima, pero de felicidad, pues con una letra tan sencilla, nos da un vuelco completo a nuestra perspectiva de vida.

¿Pero cómo surge esta canción? El lugar donde fue escrita es el menos pensado para una letra tan optimista o esperanzadora, es todo lo contrario… es un sitio cerrado, pequeño y frívolo, donde los únicos sonidos que se sienten no son de los acordes de una guitarra, sino de gente que es torturada.

El lugar es una cárcel, la de San Pedro en la ciudad de La Paz, son los años 70 y está Bolivia a la cabeza del entonces coronel Hugo Bánzer Suárez (1926-2001+), quien subió por un golpe de Estado.

El autor Nilo Soruco Arancibia, en ese entonces, era dirigente sindical de los profesores y además, miembro activo del Partido Comunista (PC), ambas etiquetas podían haberse convertido en su boleto a la muerte.

El contexto no es de los mejores y es precisamente, que un grupo de paramilitares, arresta a Nilo, aduciendo el delito sedición. Primero fue llevado a las oficinas de la Dirección de Orden Político (DOP), cerca de la plaza Murillo.

El Cantautor Nolo Soruco Arancibia.

Ahí, el profesor y músico fue torturado con el fin de que “cante”, los nombres de los integrantes del Partido Comunista, de los dirigentes sindicales y que diga los planes que tenían.

Soruco no soltó una sola palabra, lo que generó que le torturen aún más, hasta desmayarlo de dolor.

En una ocasión, le sacaron las uñas de los dedos y posteriormente, le pusieron una guitarra en sus manos. “¡Ahora toca!”, le ordenaron los militares, que pareciera que gozaban del dolor ajeno.

Al no lograrle sacar palabra alguna con el dolor físico, utilizaron nuevas técnicas, torturar a sus allegados. Fue su hermano menor José Soruco, su “yunta” en las luchas sindicales, a quien apresaron y torturaron en el cuarto de al lado.

“Querían que al escuchar los gritos de su hermano, pueda decir los nombres de sus camaradas”, cuenta su hija, Sonia Soruco Verdún, al agregar que ni así, ni sufriendo en lo más hondo de su alma, iba a renunciar a sus principios.

Es en este contexto, entre la vida, la tortura y la muerte, que surge quizás una de las canciones más dulces del folklore nacional.

Nilo con su hermano menor José.

Inspiración

En medio de este aterrador momento, es que surge la pregunta de cómo escribe la letra de la canción.

La musa que inspiró esta letra tiene nombre y es Virginia Cadima, una joven de unos 18 a 19 años, que se encontraba locamente enamorada de su pareja, quien de un momento a otro, le dijo algo que la terminó por destrozar emocionalmente.

“Me voy lejos, la relación no puede seguir”, fueron las palabras de su novio, que la quebraron en ese momento.

Ella con este golpe, había tomado la decisión extrema de suicidarse.

Virginia, era la mejor amiga de Zemlya Soruco, hija de Nilo.

La decisión estaba tomada y su amiga desesperada.

Los allegados de la joven enamorada, trataban de no dejarla sola, para que no se suicide. El problema de la muchacha, llegó a los oídos de Nilo, en una visita que le realizó su hija en la cárcel de San Pedro.

“¡No puede ser! ¡No puede ser!”, le dijo Nilo, “dile que no haga eso, que tiene todo por delante, ella es joven, la vida es linda, decile que le voy a componer una cueca para ella, pero que no se mate”, le dijo a su hija.

Ella trató de evitar lo peor, mientras en la oscura celda, en medio de los gritos de quienes eran torturados y sin saber si él estaría vivo al día siguiente, compuso la cueca.

“Amar es vivir, odiar es morir, la vida es linda muchacha no llores, volverá el amor”, dice uno de los estribillos de la cueca que no solo lograría salvarle la vida a Virginia, sino alegrar a miles de personas que escucharían en diferentes versiones esta canción a lo largo de los años, incluso después de su muerte.

Con el pasar del tiempo, Nilo fue exiliado en 1973, y se salvó del fusilamiento, gracias a una valiente acción de su esposa, María Olga Victoria Verdún Cossío, quien se animó a contarle personalmente su caso al coronel Loayza, entonces a cargo de la DOP.

Virgina pudo ver la cueca compuesta exclusivamente para ella y sin duda alguna, le sacó una sonrisa, pero especialmente, le cambió la visión de vida que tenía, al entender que una letra de este tipo, había sido escrita por alguien que sufrió tres veces más que ella.

Posteriormente, pudo comprender que el amor de pareja va y viene. El joven que la había dejado, al parecer se había enlistado en la guerrilla y no la había abandonado por otra mujer como ella se imaginaba.

Lo poco que se sabe, es que Virginia vive actualmente en la ciudad de Potosí, con una familia establecida.

La canción fue y es cantada por diferentes artistas; mientras que el legado de Nilo Soruco no morirá jamás, pues la vida, sí, la vida es linda…

La cueca en la actualidad…

Ya sin Nilo en este mundo terrenal, puede verse en una de las versiones de esta canción realizada por la intérprete tarijeña Esther Marisol, en su videoclip promocional efectuado por la productora Chapakao, la representación de esta historia, en la que aparece Varinia Gumiel Soruco, su nieta, como una de las actrices, escenificando la visita de su tía Zemlya en la cárcel de San Pedro.

En otra versión del año 2016, aparecen representantes del folklore boliviano y argentino en un videoclip que en sus primeros meses superó los 30 mil visitantes. Artistas locales como David Chalup, Hugo de la Fuente, entre otros hacen una interpretación diferente de esta cueca, pero con la misma esencia.

La canción fue interpretada a lo largo de los años por reconocidos intérpretes y grupos como Los Canarios del Chaco, Los Cantores del Valle, Esther Marisol, Cecilio Mealla, entre otros de