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Escuela de voluntarios: Jóvenes comunes, que quieren hacer del mundo un lugar diferente

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”, Eduardo Galeano.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske Moscoso

(Verdadcontinta-mayo/2018) Cada año son más las personas que se suman al voluntariado como parte de su vida cotidiana, ya sea en la iglesia, con algún grupo de amigos, o a través de una organización no gubernamental, millones de jóvenes alrededor del mundo comparten su tiempo con desconocidos, para mejorar la vida en su comunidad o simplemente, dejar su grano de arena en pos del bienestar social.

Tarija no es la excepción. En la ciudad, esta actividad se ha transformado en una de las máximas expresiones de la participación ciudadana y responsabilidad social, atrayendo cada vez a personas más jóvenes, y guiados por el interés de mejorar las condiciones actuales de los contextos en los que desarrollan su trabajo.

“Llevo dos años haciendo voluntariado”, cuenta María Jesús Guzmán Angulo, una joven tarijeña que trabajó con instituciones como la Sociedad Protectora de Animales, la Liga de Lucha Contra el Cáncer y Visión Mundial.

Para ella, nada se compara con las experiencias que vivió a lo largo de estos dos años, en los que pudo conocer de cerca diferentes realidades adversas  y , de alguna forma, ella fue parte de la solución.

“Viví cosas que de otra forma no habría vivido a mi edad”, dice mientras baja la miranda con una sonrisa de satisfacción, pues se considera una afortunada.

María Jesús Guzmán Angulo, joven voluntaria.

Esta herramienta de transformación personal, tiene también un gran poder de transformación social, haciendo que el modelo social evolucione de lo pasivo a lo activo, a través de la participación ciudadana.

Así, la ciudadanía es un agente de cambio, que generalmente, ocupa un rol que el Estado no puede satisfacer ni siquiera en los países más desarrollados.

Por su parte, Rafael Fabián Gareca Lema,  es un voluntario de 20 años que desarrolló un proyecto que consiste, en pocas palabras, en crear una escuela de voluntarios.

“El voluntariado a trazado los sueños que tengo hoy en día, y me gustaría que lo haga para otras personas”, asegura el joven de ojos marrones y frondosas cejas, que empezó a involucrarse activamente en el voluntariado a sus 15 años.

Contrario a la vida de cualquier adolescente, el fútbol y el colegio dejaron de ser sus únicas prioridades hace cinco años, para cargar consigo una mochila más pesada que la de los útiles escolares.

Rafael empezó a cargar la mochila de la realidad, en la que veía situaciones que no le gustaban y quería hacer algo para ayudar a transformarlas.

Era una mochila pesada, pero pronto descubriría que sus acciones podían reducir aquel peso.

“Yo divido mi vida en dos mitades, una es la parte académica y la otra es poner en práctica todo eso para ayudar a las personas a través del voluntariado”, dice mientras desvía la mirada, como quien mira al horizonte, dejando ver sus infinitas pestañas negras.

Gracias al voluntariado y a sus excelentes notas, Rafael pudo ganar  becas que le abrieron los ojos.

Una de estas becas fue  la Winter Institute, a través de la cual Rafael pudo asistir durante cinco semanas a los lugares más representativos de Estados Unidos. Allí, gracias a la ayuda de sus mentores, Rafael empezó a desarrollar un proyecto que consiste en la formación de líderes sociales, basado en las enseñanzas que tuvo en el país anglosajón.

20 becarios ya fueron seleccionados para ser parte de este programa de formación de líderes. Los jóvenes beneficiarios asistirán todos los sábados a cursos y talleres sobre liderazgo, política y democracia, innovación y emprendimientos y finalmente, cultura y migración.

Rafael se formó como líder y voluntario gracias al programa American Leaders del Centro Boliviano Americano.

Los seleccionados son universitarios y jóvenes del área rural, quienes tendrán una parte teórica, además de participar activamente en su formación como voluntarios, involucrándose con diferentes organizaciones que los ayudarán en su formación como líderes sociales.

La denominada escuela de voluntarios, promete plantar la semilla de lo que significará el comienzo de un cambio social en la ciudad.

Rafael espera que estos pequeños esfuerzos se acumulen y, en consecuencia, cambien la vida de las personas.

 

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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