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La profe Fátima de Belmonte y el valor de las matemáticas

No hay un teorema que explique la felicidad que siente la profesora al momento de saludar a uno de sus exalumnos por la calle

Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta/junio 2018) “Vengo a las tres de la tarde”, dice el alumno… “sí hasta las diez”, le responde la profesora Fátima… “¿No es hasta las seis?”, vuelve a intervenir el estudiante un poco más ansioso, “ya veremos”, cierra la conversación la educadora.

Aquella casa ubicada en la esquina de las calles Abaroa y Junín, frente a la Tercera Orden Franciscana, es un sitio “clásico” para aquellos que pasaron apuros en el colegio o quienes estuvieron preparándose para alguna olimpiada.

Una de las parejas de educadores más destacadas de Tarija forjó su hogar ahí: el reconocido físico Javier Belmonte y su esposa, la matemática Fátima Torrejón Gallardo, quien es más conocida por el apellido de su marido.

Javier falleció el año 2004, dejando un fuerte legado a la educación en el país.

Fátima ya se jubiló del Magisterio, pero sigue dando clases particularmente en su casa, donde asisten cientos de estudiantes entre colegiales y universitarios, además que es directiva del Centro Boliviano Americano (CBA), del que formó parte desde su fundación.

La profesora Fátima.

Las hojas con los horarios pegados a las ventanas, las mesas con los cuadernos en fila, las sillas ocupadas por estudiantes y al fondo los libros, estando siempre presente el infaltable Álgebra del Baldor que resalta entre los estantes.

Si bien el ambiente cambió de lugar, el espacio sigue siendo el mismo; parece no cambiar con en el tiempo.

“Hay alumnos que ahora me traen a sus nietos para que les ayude”, dice sonriente al ser testigo de diferentes generaciones que pasaron miles de anécdotas al interior de esos salones de piedra y adobe.

Para la profesora, las matemáticas son su pasión. En días previos al Mundial de Fútbol, no puede existir mejor forma de comparar lo que siente por los números.

Según esta explicación, resolver una ecuación puede resultar como meter un gol para el futbolista, ¡es la felicidad máxima!, un problema resuelto.

Cuando se le consulta por qué hay tanto temor entre los estudiantes por las matemáticas, responde que esta situación se dio cuando el mundo científico puso a esta materia en un sitial casi inalcanzable para aquellos que no las estudian.

Surgen diferentes géneros matemáticos con teoremas bien demostrados; sin embargo, aclara que la matemática está al alcance de todos, y solo pasa por comprenderla sin presionarse.

Por eso refiere que al momento de dar clases, la clave está en “no martillar” al alumno, sino de buscar una “armonía en su desarrollo”.

No todos los estudiantes se especializarán en las matemáticas, por ende, cree que debe enseñarse lo básico para su desarrollo integral. En caso de encontrar talentos en los números, ahí aprovecharlos con eventos como las olimpiadas u otros.

Esta filosofía la recuerda especialmente del hermano Manuel Fariñas, a quien tuvo de director en el colegio Hermano Felipe Palazón. “Hay que dejarlos ser lo que Dios les ha encargado ser”, les decía a los docentes.

En base a esta reflexión, Fariñas les decía que no había que presionar a los alumnos a que sean los mejores en matemáticas, física o química, sino enseñarles lo elemental, que ellos destacarían en el área donde tenían las aptitudes necesarias.

“Por eso no le pongo alto precio a la matemática”, acota, al indicar que los números y las ecuaciones, están al alcance de todos. “Es solamente pillarle el juego y no verlo como algo inalcanzable”.

El antiguo salón donde da clases particulares y por donde pasaron cientos de alumnos.

Olimpiadas matemáticas

La matemática era solo una materia más en los colegios hasta los años 80 en el país, pero desde 1987, empezó a tomar más relevancia y a promocionar a los valores que empezaban a mostrar su potencialidad.

Javier y Fátima implementaron desde Tarija primero y a nivel nacional después, las primeras olimpiadas de Física y Matemáticas, eventos que con el pasar de los años, se fueron consolidando.

Estudiantes de colegios como José Manuel Belgrano o Felipe Palazón, empezaron a destacar no solo en el plano nacional, sino en el internacional.

“La profe Fa”, como le dicen con cariño sus alumnos, recuerda una olimpiada de Matemáticas en Salta, Argentina, donde le llamaron la atención por llevar alumnos de tan baja edad, pues apenas llegaban a los 9 años los representantes tarijeños, cuando la mínima era de 12.

Le advirtieron que los ejercicios eran complejos, pero para sorpresa de los organizadores, los bolivianos consiguieron los primeros puestos.

Antonio Dubravcic, Humberto Machicado, Feli del Carpio, sus hijos Javier y Gabriel Belmonte, son parte de los niños que conformaron aquel equipo, hoy todos son destacados profesionales.

Otros nombres que recuerda en aquellas olimpiadas son de Luis Acuña, Moisés Quispe, Rubén y Ximena entre otros, “no recuerdo bien los apellidos”, dice un poco sonrojada.

Revela que incluso uno de sus alumnos hoy es físico nuclear, quien ahora le comparte sus conocimientos. “Con estos eventos que tuvo mucho empuje mi esposo, se logró fortalecer el estudio de estas ramas, que a la larga nos dan grandes profesionales”, dijo con un poco de nostalgia por su compañero de vida, que asegura, fue lo mejor que le pudo pasar.

La profe

Fátima Torrejón Gallardo inició sus estudios en el colegio Santa Ana, recuerda que su amor por las matemáticas surge desde su niñez. “Pegaba en la pared una hoja y empezaba a poner números por todas partes”, cuenta al pausar un poco más la voz para retornar a esos tiempos de antaño, donde entremezclaba las corridas de niñas con esas primeras anotaciones.

Posteriormente estudió en Sucre, pero la enfermedad de su madre, hizo que se trasladara a La Paz, donde ingresó a la Escuela Normal Simón Bolívar.

Fue precisamente cuando estudiaba académicamente que conoció a su compañero de vida, Javier Belmonte. “Era mi catedrático”, dice con una clara sonrisa picaresca. La forma de enseñar y su inteligencia terminaron por conquistarla.

Se establecieron en Tarija, donde tuvieron su familia y de ahí empezó a trabajar en el Liceo Campero, luego en el colegio Manuel Belgrano, posteriormente por ocho años en la biblioteca Oscar Alfaro.

“Que lindos tiempos pasé ahí, era como en mi casa, con niños preguntando, a quienes uno los ayudaba”, recuerda, cuando en ese entonces era directora de Educación, Beatriz Ríos por su paso en la biblioteca Oscar Alfaro, que se encuentra en las instalaciones de la dirección departamental.

“Ahí aprendí física y química”, cuenta. Pasó por los colegios particulares La Salle y Felipe Palazón, además de capacitar en la Escuela Superior de Formación de Maestros Juan Misael Saracho en Canasmoro, de donde finalmente se jubiló.

“Es la carrera más linda del mundo”, finaliza la entrevistada, al decir que no hay detalle más lindo que el caminar por las calles de la ciudad y sentirse querida con los saludos de quienes fueron sus alumnos, convertidos ahora en profesionales.

Mercedes Bluske

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