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Las incongruencias de la historia oficial de la Guerra del Pacífico

Héroes sin rastro alguno, y otros que fueron prácticamente borrados de la historia oficial

Eduardo Abaroa, los Colorados de Bolivia, los guerreros del Topáter, Genoveva Ríos y Juancito Pinto vienen a ser los héroes legalmente reconocidos por la historia boliviana de la Guerra del Pacífico (1879-1883), pero ¿quién la escribió? 

La historia oficial de un país no siempre está tan cercana a la realidad,  y conforme van pasando los años, surgen  nuevos episodios que abren el debate sobre lo que realmente pasó.

En Bolivia, son los gobiernos de turno los encargados por medio del Ministerio de Educación de encomendar a escritores e historiadores esta tarea.

Representación de Lino Morales. Los Tiempos.

Sin embargo, si parte de la misma historia no va con la línea del gobierno de turno o pone en riesgo los intereses de los gobernantes, esta puede tener sus variantes de los hechos verídicos, sin incluir la interpretación de cada uno que la cuenta, siendo más grande el margen de error.

Siguiendo con este curso, las versiones oficiales contadas referentes a la Guerra del Pacífico dan un gran margen a la duda.

Por ejemplo, que la historia de este conflicto bélico hubiese sido oficialmente escrita durante el Gobierno de Narciso Campero Leyes (1813-1896+) y Aniceto Arce Ruiz (1824-1906+), quienes derrocaron  al presidente Hilarión Daza Groselle  (1840-1894+), que en ese entonces comandaba las milicias bolivianas en el conflicto.

Esta historia muestra a Daza como uno de los principales responsables de la pérdida del litoral boliviano.

Primero  indica que Daza festejaba el carnaval, mientras las tropas chilenas invadían territorio nacional.

La historia oficial también indica que Daza negoció secretamente con agentes confidenciales chilenos para apartar a Bolivia de la contienda y dejar al Perú solo; a cambio, el país recibiría compensaciones por la pérdida. Esta versión hace entrever que el entonces presidente desertó en el campamento de Camarones en territorio peruano.

En la historia oficial, no hay batallas ganadas, pero sí gestas heroicas, como la de Abaroa, o casualmente,  la de Narciso Campero Leyes, que sería el presidente nombrado ante el golpe gestado contra Daza.

Una de esas batallas borradas pero no olvidadas, es la de Canchas Blancas, donde un grupo de forajidos tarijeños apoyados de indígenas potosinos derrotaron a las tropas chilenas, por lo menos, eso reflejan las memorias del coronel Ezequiel Apodaca (1831-1888+), como de otros testigos de este enfrentamiento.

Del otro lado de la vereda, donde hay playas y arena, sí en Chile, la versión también es distinta, en la que obviamente, tampoco aparece Canchas Blancas.

Representación batalla de Canchas Blancas. Página 7.

Para la historia oficial chilena, también escrita bajo la lupa de los gobiernos de turno,  esta batalla nunca existió.

Desde el Palacio de la Moneda en Santiago, indicaron el pasado año, que la historia de esta batalla es un “invento” y una “aberración total” surgida desde Bolivia.

Vale la pena hacer unas cuántas apreciaciones que hagan crecer la duda sobre las versiones oficiales, tanto bolivianas como chilenas.

Si Bolivia venció una batalla en este conflicto, ¿por qué no poner a sus combatientes en el mismo pedestal que Eduardo Abaroa?, tomando en cuenta que en Topáter perdieron y no derrotaron al enemigo, aunque hubiesen muestras de heroísmo.

Suena ilógico que los historiadores bolivianos encargados de mandar el material para los libros oficiales, dejasen escapar tremendo detalle a favor de la hidalguía nacional.

Sin embargo, pareciera que la guerra no solo la ganó Chile, sino que los mismos bolivianos conspiraron contra sus  tropas. Eso lo comprueban documentos que fueron encontrados de militares de la época que hasta ahora estaban escondidos.

Es un texto del diario del coronel tarijeño Apodaca, que en años posteriores a la batalla fue ocultado por los mismos militares, está descrita la “traición” al país de los futuros presidentes Aniceto Arce y Narciso Campero, muy ligados a la explotación minera.

“La oligarquía boliviana era parte del complot contra los intereses nacionales, porque estaban velando solo los intereses especialmente de Aniceto Arce, por la mina Lahuachaca; de este  modo,  además a Narciso Campero le interesaba ocultar todo esto para que no se devele la traición y la trama”, indica parte del texto.

Al Gobierno chileno también le convenía ocultar este documento, “porque después de la batalla -de Canchas Blancas- caen documentos importantísimos de Chile en las intenciones que tenía con esta avanzada de entrar a los territorios bolivianos y llegar al triángulo estratégico Paraguay-Brasil-Bolivia. Lo que no querían los chilenos, era que estos documentos develen cuál era su proyección”, indicó el historiador militar Edwin de La Fuente en una anterior entrevista al periódico La Razón.

Así, el documento de Apodaca  prácticamente fue “perseguido” tanto por “los agentes de inteligencia de Chile”, como por la oligarquía minera boliviana, pues revelaba su traición a la causa marítima.

Mitos de la Guerra del Pacífico

A continuación dejamos entrever un análisis realizado por el periodista Ricardo Aguilar Agramont de  La Razón, sobre ciertos mitos existentes en torno a la Guerra del Pacífico que aparecen en los libros oficiales de historia, pero que dan un amplio margen a la duda.

Otro mito es la existencia histórica de los niños héroes Juancito Pinto y Genoveva Ríos.

  • Carnaval

La versión se originó en Chile desde el principio de la guerra con una campaña de desprestigio de Bolivia. El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackena divulgó el mito.

La versión chilena es secundada por bolivianos ligados a la facción de Narciso Campero, quien fue parte del  golpe de Estado contra el presidente Hilarión Daza, cuando este se encontraba en el campo de batalla en Perú.

Esta versión fue escrita por los intelectuales bolivianos posteriores a la guerra. Gabriel René Moreno del Rivero (1836-1908+), que es uno de ellos, reproduce la misma: Guardando el presidente de Bolivia –Daza- en los bolsillos de su disfraz la noticia por tres días, reservó su sorpresa para después de los carnavales”.

Este relato fue adoptado por la historiografía liberal del positivismo encabezada por Alcides Arguedas Díaz (1879-1946+)  y con la venia del líder de esa doctrina política, Eliodoro Camacho (1831-1899+).

Camacho, fue quien precisamente sublevó a los militares en el campamento de Camarones contra Daza,  para que no sigan marchando al encuentro con el Ejército peruano con el fin de confrontar a los chilenos que ya habían ingresado a Pisagua.

El mito quiso ser desmentido por el historiador Fernando Cajías en la película de Antonio Eguino: Amargo Mar.

En este film,  dice el historiador Pablo Michel, se “mitifica e idealiza” a Daza al mostrarlo como desamparado frente a la oligarquía boliviana que le hacía la guerra. Parece ser que de un mito se pasa a otra mitificación…

Sin la intención de hacer una defensa del general Daza, subrayando también sus errores, existen estudios que desmienten, de manera documentada, la posibilidad de que se haya callado la noticia de la invasión.

El libro más importante de este tenor es Daza no ocultó la noticia de la invasión chilena (1982) de Luis Antezana, aunque siete años antes Enrique Vidaurre ya presentaría pruebas en su libro El presidente Daza.

La versión chilena tuvo eco en Bolivia por la sencilla razón de que los “camperistas” —en pos de matizar sus errores— querían desprestigiar al militar derrocado para justificarse en el poder.

Incluso existen cartas encontradas de militares bolivianos de la época, indicando el envío de espías a Chile antes de la guerra, haciendo entrever que era tema sabido.  

  • Salitre

Otro mito es que la guerra se inició por el impuesto al salitre que impuso Daza a la Compañía de Salitres de capitales ingleses y chilenos. Esto no fue sino un pretexto para la invasión, nunca una causa.

Tanto Perú como Bolivia sabían que había un “designio geopolítico de Chile”, desde hacía décadas, de “dominación en el Pacífico”, por lo que era inevitable que Chile busque un pretexto.

No obstante, Daza “no tiene perdón”, porque sabía que movía un “avispero” con el impuesto y daba el pretexto que Chile esperaba.

Chile y Perú afirman hoy que Bolivia provocó la guerra. “Eso es totalmente falso”, dice Carlos Mesa Gisbert, recordando que Cobija había sido azotada por un tsunami y había una sequía en Bolivia que produjo una hambruna general, siendo el motivo del impuesto.

Chile protestó y Bolivia “soberanamente” rescindió el contrato. “Los chilenos debían haber respondido jurídicamente, pero una invasión armada no tiene ninguna correspondencia, por lo que es inequívoco que Chile inicia la guerra para defender capitales ingleses y chilenos”.

El politólogo y estudioso de la historia bélica boliviana Jorge Abastoflor coincide. Además, dice, el salitre boliviano no le interesaba a Chile, sino el del territorio peruano, que en relación de cantidad al de Bolivia era de cinco a uno.

Otra prueba “es que la guerra terminó en Lima y no así en La Paz”, argumenta.

  • Héroes

Otro mito es la existencia histórica de los niños héroes Juancito Pinto y Genoveva Ríos.

Ambos están en el imaginario de Gastón Velasco (1905-2002+), que dedicó su vida entera a tratar de “interesar a los bolivianos sobre el tema del Pacífico; se fue exiliado con su padre a Antofagasta y quedó impresionado por la vista del mar”, dice Mariano Baptista Gumucio, quien además confiesa nunca haber encontrado documentos sobre la existencia de ninguno. “La labor de Velasco fue muy buena, seguramente respondió a la necesidad de buscar héroes”.

Mesa destaca que ambos forman parte de la construcción de un “imaginario nacional” que permite destacar actitudes más allá de los personajes como tales, si bien no ha revisado con detenimiento esos episodios como para afirmar o negar la existencia de esos hechos, lo que “no forman parte de lo relevante de la historia grande de la guerra”.

Abastoflor rescata la creación del mito como positivo, pues de alguna manera refleja una realidad: “que el ejército boliviano peleó hasta su último hombre”. Pablo Michel, en cambio, señala que la existencia de Ríos es histórica, no así la de Pinto.

Hubo estudios que quisieron cuestionar el papel de Eduardo Abaroa -no hay concierto en la manera correcta de escribir su apellido- de quien se dijo que no defendió la patria, sino sus intereses particulares.

Mesa considera que esa versión es falsa y que está documentado que tuvo un rol heroico.

En este mismo sentido, Michel apunta que Abaroa, antes de ir a combatir incluso se casó con su concubina para arreglar su herencia en caso de muerte, lo que prueba que se preparaba para dar batalla hasta el final.

Redacción Central
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