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Eliana Majluf y el valor de lo “Caserito”

La innovadora propuesta plantea snacks saludables para el recreo de los niños, con productos alternativos y la garantía de lo ‘hecho en casa’.

La tarde es lluviosa, pero el cálido ambiente de su hogar, que en las largas jornadas de cocina también se transforma es su fábrica, es el escenario perfecto para una tertulia culinaria.

“Siempre me gustó cocinar y probar cosas nuevas”, dice como preámbulo  para introducir a Caserito, el emprendimiento que en sus pocas semanas de vida logró hacerse popular entre los padres que buscan alimentar a sus pequeños de forma saludable.

Eliana cuenta que siempre le llamó la atención la nutrición, pero por miedo decidió estudiar ingeniería financiera, pues los números eran su segunda pasión. Sin embargo, la joven mujer de 24 años nunca dejó de capacitarse por cuenta propia en el cautivante mundo de la nutrición. Su esbelta silueta tal vez sea el mejor parámetro para comprobar que sus recetas son exitosas en la práctica.

“Me encanta”, dice resumiendo en dos palabras su sentir respecto a la cocina y la comida saludable.

“Me gusta sustituir las harinas y azúcares refinados por ingredientes más saludables, como la harina de avena, por ejemplo”, dice sobre la visión sana que tiene sobre la comida. “Puedes comer rico, pero alimentándote bien”, agrega.

Sus hermanos, sus padres y, por supuesto, su esposo, fueron siempre quienes la alentaron a probar recetas nuevas y a poner en práctica todo su conocimiento en la cocina.

Algunos de los productos preparados por Eliana.

Eliana es la menor de tres hermanos, por lo que siempre tuvo una relación especial con sus pequeños sobrinos. Motivada por su amor por la nutrición y por los más pequeños de sus casa, cuando sus sobrinos se quedaban a dormir en su casa ella se ocupaba de prepararles ricas meriendas para llevar al colegio, pero siempre velando porque incluyeran alimentos que les aporten vitaminas y energía, pues la alimentación es un factor importante para el desarrollo físico e intelectual.

“Muchas veces no había qué mandarles y terminábamos comprando cualquier cosa; medias lunas, galletas y cosas que no aportaban nada a su alimentación”, dice respecto a las primeras experiencias escolares con sus sobrinos.

“Así empecé a prepararle yo los recreos”, continúa, “pero fue todo un proceso, porque es muy fácil acostumbrarte a comer mal”.

Aquella experiencia familiar la llevó a pensar que la mayoría de los padres, inmersos en la rutina diaria, no tienen el tiempo para pensar y preparar algo nutritivo para sus hijos. Así surgió la posibilidad de emprender un negocio orientado a eso: simplificar la vida a los padres, haciendo aquel trabajo por ellos.

La decisión le tomó varios meses, pero finalmente en enero, a pocas semanas de empezar las clases, decidió vencer sus temores y poner en marcha aquella singular idea que rondaba su mente desde hace tanto.

“Le pusimos Caserito, porque es la palabra que mejor resume todo lo que hacemos”, dice respecto al nombre. Y definitivamente la elección fue un acierto, pues todos los alimentos son hechos en su casa, con ingredientes frescos y de alta calidad, tal y como los prepararía cada padre o madre.

Las masas son preparadas con sustitutos de la harina, como la avena, y todo es preparado por la joven; inclusive los panes que utiliza.

La reacción del público tarijeño fue positiva. En sólo tres semanas, pasó de atender 10 niños a tener más de 100 pedidos diarios. “No esperaba que tenga este boom”, dice asegurando que la aceptación superó sus expectativas.

“Yo mando el menú de la semana el viernes, para que los padres lo revisen”, comenta. De esta forma, si algún niño tiene alergia o intolerancia a algún alimento, Eliana puede sustituirlo y tomar sus precauciones.

Una de las ventajas de Caserito, es que recibes la merienda de tu hijo en casa y en algunos casos, en la puerta del colegio, haciendo que la tarea de los padres se simplifique realmente.

El menú mensual tiene un costo de Bs. 110. Incluye meriendas y bebidas.

“Me ayuda toda mi familia”, dice Eliana con emoción y orgullo, pues al margen de que son una familia muy unida, la joven necesita manos extra para dar abasto a todo el trabajo que tiene ante el crecimiento voraz de su pequeña empresa.

“Esta es mi fábrica de bolsas”, dice entre risas señalando la mesa del living de su casa, pues todo es hecho a mano por ella y por su familia; inclusive el empaquetado.

Caserito se erige como un emprendimiento que revaloriza lo ‘home made’, con ese toque de amor y de conciencia saludable que los padres quieren brindar a sus hijos, pero que muchas veces no tienen tiempo para hacerlo.

“Si los niños acostumbran su paladar a alimentos saludables, es más fácil que lo conviertan en un hábito de grandes”, dice a modo de dar cierre a la conversación.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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