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Reportajes

Hogares que impulsan vidas

No hay un hilo sanguíneo entre los presentes, pero hay complicidad y sobretodo amor

¡Bienvenidos! Hortencia abre las puertas de su casa y disparados salen los niños al encuentro para ver quiénes son los visitantes. Es un domingo cercano al mediodía, cuando la familia se prepara para el almuerzo.

Por ser domingo, el almuerzo es especial. “¡Pique a lo macho!”, grita uno de los chicos. La madre de familia, Hortencia, espera a los invitados con gelatina, listos para conversar de lo que será una mañana inolvidable, por lo menos para los periodistas de Verdad con Tinta.

Seis son los integrantes de esta familia, ocho sumando a la madre y a la infaltable tía. Esta es una de las casas de Aldeas Infantiles S.O.S a la que tuvo acceso el equipo de prensa de Verdad con Tinta.

Tras la presentación formal, el tema que sale de la charla,  es sobre el reciente viaje de uno de los niños de la casa para una competencia nacional en La Paz. El niño por primera vez viajó en avión, lo que fue todo un acontecimiento en la casa.

“Fuimos todos a despedirlo y a pedirle que nos mande fotos”, dice emocionada una de sus hermanas.

Contaban entre risas los periplos del viaje de su pequeño hermano, que dejó el pecho inflado de orgullo a todos en el hogar.

Las hermanas más grandes de la familia, entre risas iban cortando la cebolla, y es que las anécdotas eran más fuertes que el efecto de esta verdura que generalmente en este tipo de actividades, nos saca lágrimas.

La casa se encuentra debidamente ordenada, pese a la importante cantidad de niños que la habitan. “Ellos saben que deben ayudar para que podamos vivir bien, lo mismo ocurre cuando deben hacer las tareas del colegio”, dice la madre con una mirada fija a los ojitos traviesos, que terminaban de confirmar aquello.

Hortencia junto a dos de sus hijas.

Los sillones están adornados con pequeños aguayos, que le dan un toque particular al domicilio, también pueden verse pegados cuadros de los dibujos realizados en el colegio.

Físicamente, no todos se parecen, pero emocionalmente, tienen un lazo inquebrantable.

Después  de compartir la gelatina, llega la hora de conocer la intimidad de la casa, con los mejores guías que son los niños.

Esta vez, los chicos son los primeros, mostrando rápidamente su arsenal de autos y camiones, aquellos que les hace viajar por diferentes lugares utilizando la imaginación cuasi como Peter Pan.

Al pasar al cuarto de las chicas, se nota el toque femenino, con pequeñas flores de cartulina armadas sobre la pared. Los espejos, las pequeñas muñecas en la cama con el pelo bien peinado hacia atrás.

El tono de cada cuarto se entremezcla con la personalidad de sus habitantes.

Los niños aprovechan de su tiempo libre para compartir entre ellos, especialmente para jugar usando su mejor juguete: la imaginación.

La pelota de fútbol es infaltable, más aún por la cantidad de espacio verde con la que se cuenta en el lugar.

“Trato de inculcarles todo lo que me enseñaron las hermanas”, cuenta Hortencia, la madre que años atrás fue una niña que creció en el hogar Moisés Navajas de la ciudad de Tarija.

“Las hermanas eran muy estrictas, pero te educaban bien”, dice Hortencia con nostalgia por las “mamás”,  que tuvo con quienes estuvo en contacto hasta hace poco, una de ellas ahora vive en España.

La vida de Hortencia no fue nada fácil, pero esa experiencia le enseñó a educar a sus hijos fuertes. Tiene un hijo biológico, quien vive con ellos en la casa y apoya en todas las actividades. Él se adaptó a sus hermanos y trata de apoyarlos en las diferentes tareas del colegio.

Dos de los niños compartiendo juegos en su habitación.

“Ellas  están encargadas de acompañar las labores al interior de una familia específica de la Aldea”, dice Mónica Sánchez Fernández, la responsable del área de comunicación de Aldeas Infantiles S.O.S, con referencia a la labor de las tías.“Las mamás SOS son las cuidadoras responsables de los niños”, acota Mónica.

Ella como otras madres de Aldeas inició como «tía».

“Las tías vienen a ser  aspirantes a mamás SOS que están en formación, ellas las suplen  cuando sacan vacaciones o días de descanso y asisten a talleres presenciales de formación en la escuela de madres”.

Hortencia con el recuerdo muy presente, empieza a lagrimear, asegura que el lazo existente con los niños es tan fuerte como el de las madres biológicas, algo que ella misma lo pudo comprobar.

Los momentos más difíciles son los de la separación. En su anterior paso como madre SOS, recuerda con tristeza el momento en el que tuvo que despedirse de una de sus hijas. “Fue muy duro, pero son las reglas que deben cumplirse”.

En Tarija son 14 familias SOS en la zona de Alto Senac, y además hay 2 familias SOS que viven en barrios de la ciudad.

Los niños pueden estar en estos hogares, dependiendo el proyecto de vida de cada uno, posteriormente, en base a los conocimientos y valores adquiridos, ellos deben formar su destino.

“Unos ya son profesionales, otros ya tienen familia, siempre nos mantenemos en contacto”, cuenta sobre los hijos que emprendieron su propio camino.

Mirándolos ahora a ellos, que todavía están jugando a los camiones o arreglando sus muñecas, ocurrirá lo mismo, llegará el momento de la separación, pero Hortencia ya está preparada para eso, aunque las lágrimas serán inevitables.

Lo positivo, es que están rindiendo en sus colegios y muestran que en el futuro podrán valerse por sí mismos, algo que se logra por el calor de hogar recibido.

En Aldeas Infantiles de Tarija son 14 familias SOS en la zona de Alto Senac, y además hay 2 familias SOS que viven en barrios de la ciudad, con el fin de que su vivencia familiar sea aún más natural.

Llegó la hora del almuerzo y por ende, la visita se termina. Los niños se aferran a los visitantes, haciéndolos sentir como en casa.

El plato tiene mucho picante, pero como un vaso de agua fría, se pasa rápidamente con las risas de los presentes.

Las manos alzadas todavía se ven a lo lejos, mientras uno camina hacia la puerta. Un experiencia única, un momento en familia que se queda grabado en la mente para siempre.

Jesus Vargas Villena
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