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Realidades: #Quédateencasa… con tu agresor

En algunos hogares sobrevive otro virus, uno más fuerte y violento…

La noticia de la cuarentena total fue devastadora para ella, incluso preferiría estar contagiada de ese virus del que todos hablan, allá lejos, en algún hospital, alejada de casa, donde se encuentra él y donde compartirá más tiempo… ¡todo el día!

La cuarentena total inició el domingo 22 de marzo en todo el país en cumplimiento al decreto presidencial 4200, con medidas que se endurecieron en la siguiente semana.

Él está con arresto domiciliario y ella deberá cumplir la pena con su agresor las 24 horas, no habrá momentos para salir a una plaza, al trabajo o cualquier lugar lejano de esa prisión de tres piezas en el barrio San Bernardo. Lo que más le duele, que sus hijos también deberán compartir la pena.

No fue una, fueron varias. La última le dejó un recuerdo marcado en el ojo derecho. No hay policías para hacer la vigilancia como establecía la orden del juez, pues la mayoría de los oficiales están abocados a realizar los controles de cumplimiento de la cuarentena.

Su historia es una más en las engorrosas cifras de violencia intrafamiliar en Bolivia que representa el 40% de los hogares en todo el territorio nacional, según constatan los informes del Ministerio de Gobierno.

Antes de iniciar la cuarentena, Bolivia intentaba salir del virus de la violencia de género, al ser considerado el país donde se registran más asesinatos a mujeres en Sudamérica, según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe.

De vuelta en el barrio San Bernardo de Tarija, ella tiene la vista nublada, un golpe en el rostro la volvió a perturbar, la situación es casi incontrolable, una denuncia puede derivar en su muerte, por lo menos eso le dice él en las amenazas.

A nivel nacional, el promedio de hechos de violencia familiar es de uno por cada 107 familias entre 2018-2019; en Tarija es de un caso por cada 54 familias, siendo el departamento más violento, según datos verificados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Los datos del INE son más alarmantes, pues develan que en el país 75 de cada 100 mujeres casadas vivieron alguna situación de violencia.

74,7% de las mujeres casadas o en unión libre, vivieron alguna situación de violencia a lo largo de su relación, mientras que en los últimos 12 meses previos a la Encuesta de Prevalencia y Características de la Violencia contra las Mujeres del INE, 44 de cada 100 mujeres de 15 años o más de edad, casadas o unidas, manifestaron agresiones por parte de su pareja.

Los datos son por demás alarmantes, si se toma en cuenta la actual cuarentena que viven cientos de mujeres.

“A lo largo de su relación sentimental, 69,3% de mujeres sufrió algún incidente de violencia psicológica, 50,3% soportó violencia física, 34,0% violencia sexual y 31,3% violencia económica”, indica la encuesta.

Por área de residencia, en el área urbana 71,3% de las mujeres de 15 años o más casadas o en unión libre, sufrieron algún incidente de violencia por su pareja a lo largo de su vida.

El riesgo para la mujer en esta etapa de encierro, aumenta el doble en el campo, si se toman en cuenta los datos del INE. “En el área rural este porcentaje llega a 82,5%”.

Uno de los casos más recientes en el área rural ocurrió en el municipio de Padcaya, capital de la provincia Arce del departamento de Tarija.

La historia de Rosa Donaire Romero, es una de las que refleja los cientos de víctimas existentes en el campo, donde menos del 10% se anima a formalizar una denuncia, el principal motivo: el temor.

Este caso es un ejemplo de por qué, en el área rural, son casi nulas las denuncias.

Rosa es una ama de casa que estuvo al borde de la muerte. La mujer denunció que fue víctima de agresiones por su expareja, en un fuerte ataque ocurrido  el pasado 12 de agosto de 2019.

“Temo por mi vida, y por el destino de mis  dos hijos, en caso de que las amenazas por parte de mi exesposo y su familia se cumplan. Las autoridades esperan que me maten, para recién hacer justicia, si algo me pasa las hago culpables”, declaró la mujer a los periodistas tarijeños en referencia a los jueces, fiscales y policías.

La mujer fue agredida en más de una oportunidad, pero el hombre recibió medidas sustitutivas a la detención preventiva, es decir, arresto domiciliario. En época de cuarentena, no se supo más de ella.

Los casos son múltiples, otro ejemplo es el ocurrido en la comunidad de La Grampa en el municipio de Yacuiba, cuando una niña de apenas cinco años fue víctima en enero de 2020 de abuso sexual por parte del dueño de casa.

La madre llegó a tiempo y evitó que el hombre viole a su hija, quien posteriormente formalizó la denuncia en la Policía. Pero tras la audiencia de medidas cautelares, el juez determinó dar al agresor arresto domiciliario por ser un mayor de edad: 72 años.

En otras palabras, el hombre volvió a convivir en el mismo sitio junto a su víctima. Irónico, indignante, pero sobretodo: real.

Casos de robos, atracos u homicidios, redujeron considerablemente en el país desde el inicio de la cuarentena,  pero no así las agresiones intrafamiliares.

El Instituto de Investigaciones Forenses (Idif) registró 152 hechos de violencia familiar en 10 días de la cuarentena, entre el 22 y el 31 de marzo.

Sin embargo, estas frías cifras no vienen a ser un reflejo de la realidad, según una de las trabajadoras sociales de Aldeas Infantiles, que prefirió mantener en reserva su nombre, indicó que son menos denuncias de las que debieran tenerse por el temor existente, al tener al agresor al lado controlándolas, quien generalmente está siendo beneficiado por la justicia.

“Entonces vuelven a casa con sed de venganza, mucho más violentos”, advierte la trabajadora social.   

Solo en Cochabamba se registraron en un día 7 denuncias de violencia intrafamiliar en la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV).

En este tiempo de cuarentena ya suman tres feminicidios, con dos casos en Santa Cruz y uno en la ciudad de El Alto, La Paz.

 “Hemos recibido muchas denuncias sobre violencia machista y violencia doméstica durante estos días de cuarentena, quiero ser muy clara en este punto, vamos a caer con todo el peso de la ley”, advirtió la presidente Jeanine Áñez Chávez, sobre el particular.

Las noticias no son alentadoras, por eso, ella prefiere evitar el mínimo roce, satisfacerle en sus necesidades básicas, que tenga un buen plato de comida y su bebida de la tarde, pero a veces, eso no es suficiente.

Sobre el caso particular de Tarija, la secretaria municipal de la Mujer, Marysabel Romero Lea Plaza, indicó a Verdad con Tinta que el número de denuncias de violencia intrafamiliar en esta capital redujeron considerablemente.

“Hay días como este que no recibimos ni una sola denuncia”, resalta la secretaria municipal sobre el periodo de cuarentena.

Uno de los casos más llamativos a los que se hizo seguimiento esta dependencia,  fue de una violación a una menor de edad, en cuya audiencia, el juez determinó la detención preventiva del imputado.

La joven secretaria reconoce que al momento de tomar conocimiento de que iniciaba un periodo de cuarentena, hubo preocupación en los trabajadores sociales de esta dependencia municipal.

“Había el temor de que los índices de violencia intrafamiliar se dispararan”, admite Romero.

Refirió que en ese sentido prepararon un plan estratégico para contrarrestar los índices de violencia. Uno de los puntos asumidos es que ni las defensorías ni los servicios legales integrales de la mujer (SLIM), frenaran, dando atención en estas oficinas las 24 horas, aunque claro, con menor cantidad de personal.

Fueron habilitados números de emergencia como el 6640900 de la FELCV para atención de denuncias, o el 116 de la Policía tarijeña.  A nivel nacional, el número gratuito de la Policía para denunciar violencia intrafamiliar es: 800140348.

También iniciaron campañas de concientización en sus páginas en las redes sociales como Facebook, para que las víctimas no se callen y denuncien. “No están solas”, recalca la secretaria municipal al periodista.

Volvemos a la casa del barro San Bernardo, pese a la información, ella teme por su vida, pero cree que un llamado puede ponerla en mayor riesgo, por eso desiste y prefiere aguantar, aunque aquel que tiene al lado, sea aún más peligroso que el mismo virus del que todos se esconden.

Ella en realidad no es una, si que es la historia ficticia que conglomera a 10 reales, en la misma se sintetiza el horror de estas mujeres de las que tomó contacto Verdad con Tinta.

La violencia machista sigue como un virus al que la cuarentena no está pudiendo extinguir.

Redacción Central
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  1. Avatar

    Carmiña

    abril 5, 2020 at 2:26 am

    Dolorosa realidad

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