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En el Tintero

Para Teresa, “maestra de vida”

Opinión.

1.- Hay una fórmula de la física que dice que la velocidad es igual a la distancia dividida entre el tiempo que lleva recorrerla.

Para Teresa Plans Campero viuda de Salomón, ir y volver a cualquier lugar en cinco minutos era imposible. Siempre se encontraba con personas que la saludaban con cariño y querían conversar con ella. Siempre. Velocidad es igual a distancia dividida en el tiempo, menos en Tarija.

Teté, como le decía su familia, falleció el 14 de agosto. Una generación comienza a faltar a esa cita que son las calles de Tarija, la del siglo XX. Cuesta narrar a esa generación sin épica, pero Teresa siempre tuvo como valor la sencillez.

Por eso era tan querida. Es difícil rendir homenaje a las personas sencillas. Por ejemplo, a maestros y maestras como ella, que vivieron haciendo un poco más felices, más escuchados y más tolerantes a todos los que la conocieron. Un siglo también está hecho de esas personas, por suerte.

2.- Tenía a la palabra “maestra” combinada en todas las palabras que la definían.

maestra-abuela, maestra-madre, maestra-vecina, maestra-amiga. Hace pocos días ha dejado esta tierra para elevarse y cuidar de nosotros desde su recuerdo, sus enseñanzas, su dignidad y su manera comprometida con la otredad desde muy jovencita.

El recorrido, entonces, es igual a la velocidad por el tiempo. En el recorrido de vida de Teresa Plans, se multiplica su andar veloz con un tiempo difícil para las mujeres de paso determinado. Nació en 1930, hija de un catalán y una tarijeña; a sus 10 años quedó huérfana de mamá.

El desamparo materno la convirtió en una mujer llena de sensibilidad para estar con y por el otro. Se ocupó y ayudó a sus hermanas menores, primos, sobrinos y nietos. Con esa fuerza sacó adelante a sus dos hijos, después de enviudar muy joven. 

Tenía 14 años cuando se fue a La Paz y comenzó a trabajar haciendo cigarrillos, armando lámparas, bolsas de papel o siendo auxiliar en un consultorio odontológico, hasta que decidió empezar a estudiar magisterio en 1947, en la Normal Católica de La Paz, y luego en la de Cochabamba (en esos años, la institución se mudó de una ciudad a otra). Como el Estado no reconocía su título, estudió un año más en la Normal Estatal Simón Bolívar.

Con compromiso y una mística de la que siempre hablan sus alumnos, trabajó 20 años como maestra. También fue parte de la lucha sindical de su gremio, elegida para formar parte de la directiva de su federación.

Su vida de docente comenzó en la prestigiosa escuela María Laura Justiniano en 1951. Luego fue directora de la escuela José Manuel Ávila y, a mediados de los años 70, supervisora de Educación para Adultos. Terminó su carrera como supervisora de la Dirección Distrital de Educación de Tarija en 1982.

Viajaba a las provincias más alejadas del departamento supervisando centros donde adultos que no habían podido acceder a la escuela regular, se formaban en oficios, se alfabetizaban y terminaban el colegio.

Eran épocas en las que todavía el analfabetismo cundía por doquier en nuestro país. Teresa Plans tenía claro que no es lo mismo enseñar a una persona que trabaja todo el día, que a una que no, y siempre hablaba con los maestros sobre la importancia del contexto del educando.

Fue una de las fundadoras -y socia hasta sus últimos días- del Club del Libro Alberto “Rodo” Pantoja de Tarija. Un grupo de mujeres que devora libros y que se preocupó, durante 40 años, de contagiar su pasión.

Teresa era una lectora muy diversa e inteligente. Todas las mañanas, esta pasión se juntaba con su religiosidad. Leía un hermoso libro rojo, pequeño, de oraciones que parecían poesías.

3.- Tiempo es igual a la distancia recorrida multiplicada por la velocidad.

Uno podría decir que su tiempo ha terminado, pero su ausencia y recuerdo será parte de nuestros recorridos.

Pasó sus últimos días cuidada por su hija, Griselda Salomón, y esperando encontrarse, en el cielo en el que tanto creía, con su esposo Jorge Salomón y con su hijo Carlos Salomón, con el que se abrazó por última vez hace 11 años.

Teresa vivía con la medida justa entre la severidad y la dulzura. Esa debe ser la medida de la verdad. Era de las abuelas que te llevan a aprender a nadar, a la peluquería, te enseñan a sumar y a leer.

De las amigas para siempre. De las hermanas que te salvan. De las maestras que realmente ven a sus alumnos. De las religiosas que tienen fe, que rezan todas las mañanas por todo el mundo. Su legado de amor está vivo en su familia, alumnos y amigos. En su amada ciudad.

Aún hoy la imaginamos arreglándose el hermoso pelo y después, con una mano con un reloj delgado y negro, tomando la nuestra para que la acompañemos por las calles de Tarija.

Teté, ha sido un lujo caminar de tu mano por la vida. ¡Gracias por tanto!

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