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Discusiones abortivas

Opinión.

Desde la primera línea aclaro: esta no es una opinión sobre la legalización del aborto, ello corresponde a gente más preparada y experimentada en las ciencias correspondientes. De lo que sí tratan los siguientes párrafos, es de la inquietud que en mí generan tantos comentarios irrespetuosos y mal argumentados en las redes. Ellos no se dan solo por temas éticos y polémicos como lo es el aborto, sino también por cualquiera de las más banales e insignificantes ideas contrapuestas que se topan en la red.

Si empezamos entendiendo que, por muy hirientes y vulgares que sean los comentarios de una pelea en Facebook, no se logrará imponer ninguna visión propia sobre los demás, estamos dando el primer paso para comprender el ridículo de dichas contiendas. Vamos, ¿que usted no tiene nada mejor por hacer que insultarse a muerte con un usuario cuya foto de perfil es Piolín o un escudo de fútbol?

El 28 de septiembre -Día de la Despenalización del Aborto- logré identificar al menos cuatro tipos de argumentos falaces y sesgados que se utilizaron recurrentemente para defender ambas posturas -a favor y en contra del aborto-; resalto que se encontraban en aquellas discusiones que terminaron en insultos. “Mi religión”, “tal persona dice” y un mix de términos y expresiones mal empleados: son aquellos que escudan las apresuradas opiniones de muchos cibernautas. Por lo general, un solo comentario desencadena un innecesaria y repúgnate pelea.

El primero: “la Biblia dice que…”, “mi dios dicta…”, “eso es pecado”, entre otros. Las creencias religiosas son completamente respetables, pero debatir usándolas como pilar conlleva a argumentos débiles. Estamos hablando de un debate -el aborto- a escala global; en la misma escala, tenemos más de 4.200 religiones, cada una con sus dioses, cielos, infiernos y su propia ley moral. Cada profesante puede defender su posición desde su vereda, pero no hay una creencia que valga más que la otra -puesto que todas se rigen por lo mismo: creencias. No nos olvidemos del porcentaje de la población atea, agnóstica y los creyentes no seguidores de ninguna religión.

Este lunes no han faltado comentarios amenazando con el infierno a quienes defienden el aborto. Los mismo representan la falacia argumentum ad baculum, que es usada cuando se amenaza: “por defender eso, arderás en el infierno”. Se recurre a amenazas en lugar de verdadera argumentación.

Puede que haya quienes afirmen que, porque en Bolivia la mayoría es católica, debemos regirnos por los valores de dicha fe. Sin embargo, esto sería caer en la falacia ad populum, es decir: “porque la mayoría opina igual, tal cosa es correcta” o “porque todos se emborrachan el finde, está bien hacerlo”.

El segundo: “tal persona dice”, “no, es que él dice”, “¡no ves que él dice!”. Este me preocupa particularmente. Parece que muchas personas sufren de flojera aguda a la hora de investigar o estudiar -incluso comprobar- los temas por los que tanta energía gastan tecleando. Dada esa patología, recurren a una especie de gurú ideológico. Con ello me refiero a una persona que sí estudia, conoce e investiga, pero desde una mirada algo parcial. Mirada que los cibernautas comparten, y por tal motivo replican y exageran a fe ciega el discurso del intelectual.

A primeras no parece algo tan malo, pero el problema reside en que, muchas veces, el discurso es fragmentado, sacado de contexto y expuesto. También, el solo hecho de repetir palabras de otros sin cuestionarlas resulta ya preocupante. Las personas que se justifican así, caen en la falacia ad verecundiam, es decir: “esto es así porque tal persona lo dice”.

Tercero: falsos dilemas. La falacia del falso dilema consiste en contraponer dos posiciones mostrándolas como excluyentes y las únicas -blanco y negro-, cuando en el medio hay matices grises y abanicos de distintas opciones. “No se trata solo de legalizar el aborto, la cuestión es: aborto seguro o clandestino”, o “no nacer es mejor que vivir en condiciones deplorables”. En todos esos casos hay opciones intermedias y soluciones que pueden partir de otros medios (condiciones específicas para abortar, adopciones, mejorar los hogares de acogida, priorizar la educación sexual, etc.).

El cuarto: el mal uso de ciertas definiciones. Navegando hace poco por Facebook me encontré con una publicación que trataba de la comunidad LGBTQI, y un comentario que tachaba a los miembros de inmorales. Yo me pregunto ¿qué tiene que ver la moral con el que un hombre quiera a otro hombre? Supongo que esa persona confundió la definición de la moral con su propia mirada de la vida.

Otro caso, una persona que protestaba: “Si estás de acuerdo con el aborto, entonces lo estás con la eutanasia y la pena de muerte, y estás en contra de la vida”. Claramente es una falacia de pendiente resbaladiza, es decir: “si estás de acuerdo con esto, entonces con todo esto otro también”, mencionando entremos radicales que poco tiene que ver con la premisa original. “Porque fumas a diario, algún día llegarás a drogadicto”.

Si hay un quinto caso, es el de aquellos que se dedican a denigrar al “oponente” por su origen, aspecto u ortografía (muy recurrente). Esta también tiene nombre: la falacia ad hominem, aquella en la que se ataca a la persona en lugar de la idea o argumento. “Porque escribes “aser” en lugar de “hacer”, tu opinión no vale”, o “porque eres hombre, no puedes opinar sobre el aborto”.

A manera de conclusión. Creo importante entender que nuestros principios personales no tienen por qué ser impuestos a los demás, cuando estos pueden tener cosmovisiones y valores muy distintos, y ser personas moralmente correctas y funcionales para la sociedad. Cuando queremos basarnos en creencias, no suele haber una que valga más que la otra; ellas mueren y nacen cada día.

¿Queremos opinar informados sobre algo? Está bien buscar una especie de guía, pero aceptar ciegamente todo lo que profesa puede ser un error; donde más podemos aprender es donde están los que piensan distinto.

No hay que ser grandes académicos para opinar en Facebook, pero no apresurarnos con nuestro juicio y no usar definiciones que no conocemos del todo, sin duda reforzará aquello que queremos defender.

Busquemos debatir para aprender, no para ganar. Y, si queremos ganar, al menos nos mostremos capaces y dignos con argumentos sólidos. Los insultos y vulgaridades opacan cualquier atisbo de seguridad y confianza que podamos transmitir; cierran la puerta al conocimiento, que debería ser el objetivo de un debate.

Nota. Conoce lo que dice la ley

El Capítulo II del Titulo VIII del Código Penal Boliviano dicta las condiciones para la penalización o no del aborto, art. 263 al 268.

Fuente: https://www.harvard.edu/

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