Aprovechar en lugar de talar. Pando, un paradigma de aprovechamiento sostenible por parte de las comunidades locales de recursos del bosque, que sostienen la economía de la región y mantienen la vida intacta.

La conservación abrió paso a nuevos tipos de negocios sustentables. Los frutos amazónicos ganan nuevos mercados.

Por: Jesús Vargas Villena

Pando no está rodeada de agua, pero es como una isla. Marcos Terán Valenzuela, director ejecutivo de Conservación Amazónica – ACEAA también lo ve de esta manera, considera que este departamento ubicado en el norte del país está rodeado de zonas que son afectadas por la deforestación, tanto en Brasil o Perú en el norte y en los departamentos de Beni y Santa Cruz al sur. Sus bosques amazónicos son vitales para la regulación del clima, como un aire acondicionado global.

La respuesta a esta apreciación está en sus propios bosques. “No había sucumbido a esos patrones que venían del norte, de Brasil principalmente, en el cambio de su suelo”, explica Marcos, un biólogo especialista en conservación.

Pando, una "isla verde" en un mar de deforestación - Imagen: Google Maps

Marcos Terán encabeza Conservación Amazónica, una organización sin fines de lucro que atestigua desde 2011 cómo el aprovechamiento de los bosques ha evitado esta deforestación masiva.

Pando tiene el 93% de su territorio conservado como bosque amazónico. La recolección y transformación de castaña, asaí, majo y palma real, entre otros, son una alternativa económica de aprovechamiento sostenible.

El departamento de Pando ha exportado más de 27,000 toneladas de castaña el año 2024, lo que significa más de 170 millones de dólares en exportaciones, según datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) y del Instituto Nacional de Estadística (INE) proporcionados para este reportaje. Este producto se convierte en el principal soporte de la economía de Pando. La castaña es el segundo producto no tradicional más exportado después de la soya en Bolivia. 

Entre 2011 y 2020, las nueces de Brasil, almendras amazónicas o, como se la conoce mejor, castaña (Bertholletia excelsa) concentraron alrededor del 77 % de las exportaciones totales de frutos de Bolivia, según un informe del IBCE. “Su nombre hace referencia como si fuera proveniente de Brasil, pero el mayor volumen lo tiene Bolivia”, resalta Liliana Lorini Lázaro, directora del programa de Empoderamiento Local de Conservación Amazónica.

Dos mil familias se benefician directamente de la producción de frutos amazónicos, de las que 200 aproximadamente son recolectoras, según describe Eiji Misael Campos Fernández, representante de la Federación Departamental de Asaí y Frutos Amazónicos de Pando (FEDAFAP).

Para Misael la conservación no solo es sinónimo de resistencia en las comunidades amazónicas como refleja la historia, sino también de subsistencia. “La mayoría vivimos del aprovechamiento sostenible”, resalta el productor en un contacto telefónico.

Hablar con Misael es una tarea difícil, no es precisamente el empresario de traje y corbata que está en constantes juntas directivas, pero pasa casi toda la jornada fuera de casa, con encuentros de altura. Él recolecta asaí a más de 20 metros de altura sobre las gigantescas palmeras en la Amazonía boliviana. “En casi todo Pando hay asaí”.

Lhixpark Lima, trepador pandino recolectando Asaí - Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

Bella Flor, Filadelfia, Porvenir, Puerto Rico, Santa Rosa del Abuná, Sena, y hasta la capital Cobija son municipios del departamento de Pando que se benefician de manera directa con la producción de frutos amazónicos.

En realidad, los 15 municipios de Pando se benefician directa e indirectamente de la producción de los frutos de la Amazonía, siendo su principal sostén económico, confirmó la secretaria departamental de Madre Tierra Homalí Flores Bautista. “Seguimos conservando y es parte del gran movimiento económico que viene a ser nuestro departamento”, responde la funcionaria de la Gobernación pandina.

Amazonía en riesgo

El estudio de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) advierte que la Amazonía no está a salvo del impacto de megaproyectos de infraestructura e industrias extractivas como la construcción de carreteras, la instalación de centrales hidroeléctricas y las concesiones de minería o petróleo. “Las actividades agropecuarias (agricultura y cría de animales) y la explotación forestal son elementos que afectan el área con intensidad variable a la Amazonía de los países que conforman la región”.

La Amazonía en riesgo por los incendios forestales. Foto: WWF.

La Amazonía cubre una extensión de 8 470 209 kilómetros cuadrados, siendo el bosque tropical más grande del mundo y una de las de mayor biodiversidad, informa la RAISG. Ocupa entre el 35 y 40% de la extensión de Sudamérica.

9 países abarcan este territorio: Brasil que posee casi el 60%, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Guayana Francesa y Surinam.

Bolivia ocupa el 8,4% de territorio que significa 714 834 kilómetros cuadrados distribuidos entre los departamentos de Pando, Beni, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz. De estos departamentos, Pando es el único que cubre todo su territorio. “Somos un departamento 100% amazónico”, resalta orgullosa y con algunas lágrimas en los ojos Homalí Flores, secretaria de Madre Tierra de la Gobernación pandina.

La Amazonía en el norte boliviano. Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

La Amazonía a nivel continental enfrenta los golpes de las actividades ilegales que la afectan en sus ambientes terrestres y acuáticos, como la minería, la extracción ilegal de madera y la presencia de cultivos ilícitos. Todas estas acciones humanas se reflejan en las dinámicas de deforestación, fuego y pérdida de carbono.

Las principales amenazas en el caso de Bolivia, según este estudio, se refleja en un área extensa de interés mayormente en hidrocarburos, seguido de la minería e hidroeléctricas, sumando a la deforestación por la ocupación de tierras y ganadería. “En el 15% del territorio la amenaza es de media a muy alta”.

Bolivia se convirtió en el segundo país con mayor pérdida de bosque nativo en el mundo. En 2024, el país perdió 10 millones de hectáreas de bosque y el 83 % de esa destrucción (1,5 millones de hectáreas) es primario, especialmente por los incendios forestales, cita el informe global del Laboratorio GLAD de la Universidad de Maryland y Global Forest Watch (GFW) del World Resources Institute (WRI) de Estados Unidos.

Bolivia es el segundo país con mayor pérdida de bosque nativo. Foto archivo de Verdad con Tinta.

Terán reconoce que el aparato de la agroindustria es un motor regional, con implicación local. “Hay un juego de intereses de tierras y poderes que están viendo eso como el fin, más que la producción”, advierte.

Las amenazas se traducen en el contrabando de madera, especialmente en zonas limítrofes, la agroindustria que se expande en departamentos vecinos, la minería ilegal en el norte que contamina los ríos y el tráfico de tierras, este último que incluso se favorece con las propias políticas estatales. Bolivia es un Estado, cuyo marco normativo favorece la deforestación.

El artículo 169 de la Constitución Política del Estado y la Ley 3545 del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) imponen presión en la conversión de la tierra a uso agropecuario para cumplir la función económica social (FES). El antiguo slogan: “la tierra es para quien la trabaja” marca una tendencia en las políticas públicas en contra de la conservación de los bosques.   

Con tanta amenaza alrededor, ¿cómo es que el bosque de Pando todavía se encuentra en estado de conservación?

Liliana Lorini de Conservación Amazónica tiene la respuesta. “Porque existen actores locales que aprovechan estos recursos y mantienen el bosque todavía en pie”.

Históricamente hay una vinculación entre el bosque y las comunidades en la Amazonía con un modelo productivo que va desde el aprovechamiento de la siringa, pasa por la castaña y llega hasta el asaí o la palma real en la actualidad. “La cosa es aprender, vincularse al modelo productivo y saber qué es lo que ha estado pasando”, acota Liliana.

Terán relata que existe la aspiración de transformar el uso del suelo a ganadería porque se cree que la ganadería mejora los ingresos y cambia la percepción social, siendo que el aprovechamiento del bosque, desde su conocimiento, genera «muchos más” ingresos.

Pando se sostiene, pero las amenazas persisten.

Conservación: la fábrica mundial de agua

Popularmente se conoce a la Amazonía como la fábrica mundial del agua, pero ¿realmente es así? La científica Luciana Gatti del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales del Brasil (INPE) en el documental Somos Guardianes de Netflix detalla que la Amazonía es la “fábrica de lluvia” porque nivela el clima en el continente y el mundo.

¿Cómo se explica esto?. Como en la película Charly y la fábrica de chocolate, el territorio amazónico está rodeado de magia con ríos, arroyos, cascadas, pantanos, lagunas y quebradas en diferentes parajes e incluso con ríos volantes o voladores en los cielos.

Los ríos voladores en la Amazonía. Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

“Lo que ocurre es que la humedad del océano Atlántico se levanta y se combina con la humedad que se genera en la Amazonía”, explica Jordi Surkin Beneria sobre la definición de los ríos volantes. Jordi agrega que esta mezcla de la humedad del Atlántico y de la Amazonía choca con los Andes y gira hacia Bolivia. “Eso es lo que nos trae la lluvia y lo que regula el clima”, acota.

Jordi es director de Conservación de World Wildlife Fund (WWF), una organización internacional que trabaja desde 1960 en la protección de lugares y especies amenazadas por el desarrollo humano. Esta organización tiene presencia en Bolivia desde 1970.

En el caso de Bolivia, los bosques amazónicos en Pando son claves en la oxigenación del aire. La conectividad climática que tiene Pando es vital”, apunta Marcos Terán. El director de Conservación Amazónica considera que este departamento es como “un parche de bosque importantísimo” que regula el clima.

“Si perdemos Pando, vamos a perder casi toda la humedad que se genera y llega desde Brasil por los ríos voladores que chocan con Los Andes y bajan hacia el sur del país”. ¿Cuánto está vinculada la realidad climática del país?. Terán lamenta que las personas no se den cuenta de esa situación.

Fotos: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

Recuerda que los años más secos son aquellos en los que se registra mayor deforestación en la Amazonía, especialmente en el norte de Brasil.

Los estudios realizados por el proyecto Large Biosphere Atmosphere (LBA) indica que en un día se evaporan en promedio 3,6 litros por metro cuadrado. Utilizando una superficie de 5,5 millones de kilómetros cuadrados en regiones forestales, se estima que cada día se envían a la atmósfera 20 trillones de litros de agua, es decir, más que la humedad vertida por el océano Atlántico en el río Amazonas.

“Así, al revés de los pulmones del mundo se ha hablado de la selva tropical como el aire acondicionado global gracias al mantenimiento de la humedad y la temperatura regional, además de la contribución a la absorción y conservación del carbono en vastos bosques”, dice el estudio.

El LBA es el mayor programa científico internacional dedicado al estudio de la Amazonía, liderado por Brasil, el cual comenzó en 1998.

Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

Así son considerados los frutos de la Amazonía, cuyo aprovechamiento sostenible, transforma a los comunarios pandinos en celosos guardianes de la selva.

No hay una definición científica que valide los superalimentos como tales, pero son considerados aquellos productos ricos en vitaminas, minerales, antioxidantes, fibra o grasas saludables que son promocionados por sus altos beneficios en la salud, según define la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos (AND por sus siglas en inglés).

Manuel Lima Bismark, un productor de 60 años es uno de los guardianes de la Amazonía e impulsor de la economía circular en el departamento de Pando.

“Tenemos castaña, asaí, palma real, majo”, enumera Manuel a los frutos amazónicos que son procesados en esa región, mismos que se convierten en helados – “¡cremas!”, grita desde atrás su esposa Shirley – frappés, jugos o batidos multivitamínicos. “Estos frutos son de alto valor nutricional, solamente te hacen bien a tu salud y a tu organismo”, relata el productor desde su trinchera… su hogar.

Manuel Lima, uno de los defensores del medioambiente en la Amazonía. Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

Manuel heredó su respeto a la naturaleza desde los 17 años, cuando trabajaba en Brasil junto a Chico Méndez, un activista ambiental brasileño asesinado en 1988. “Como toda mi vida, hice lo que él hacía; paliar goma, recolectar castaña, convivir con la selva y respetarla”.  Es tal el legado de Chico Méndez que uno de los tres discos más exitosos de la banda mexicana Maná se llama Cuando los ángeles lloran, cuya letra de la canción del título es en homenaje al activista brasileño.

“A Chico Méndez lo mataron, era un defensor y un ángel de toda la Amazonía”, dice una de las estrofas de la canción del grupo mexicano. 

Manuel radica en la comunidad de Trinchera, en el municipio de Porvenir de la provincia Nicolás Suárez de Pando, en plena Amazonía. Se dice que el nombre de la comunidad hace referencia a la Guerra del Acre ocurrida entre 1899 y 1903, la cual enfrentó a Bolivia y Brasil. “Ahí se atrincheraron los bolivianos para esperar a los brasileños”, dice la leyenda de este lugar ubicado en la frontera con Brasil.

Los frutos de las palmeras amazónicas son recolectados y procesados en plantas despulpadoras comunitarias, ubicadas estratégicamente al pie de los bosques y lideradas por mujeres. En estas plantas, se procesa la pulpa con los mayores estándares de calidad, y le da el valor agregado para convertirse en productos que son distribuidos al interior del país y también exportados al exterior.

Como Manuel, la familia de Misael está sumida en el negocio productivo de los frutos amazónicos. “La mayoría vivimos del aprovechamiento sostenible del bosque”.

Misael de 39 años relata que se han formado asociaciones donde han establecido el uso de la tierra en propiedades comunitarias campesinas, consolidando un aprovechamiento sostenible.

El productor cuenta que la formación de propiedades comunitarias ha establecido organizaciones “bien consolidadas”, lo que evitó la adquisición de terrenos para otros usos y especialmente, dio pie a la conservación. “Es difícil que compren una parcela a una propiedad colectiva a diferencia de una individual”.  

Él desde las 7 de la mañana está internado en el bosque para trepar a sus altos techos verdes. A veces suele salir junto a sus hijos que le ayudan en el trabajo de recolección, ellos miran desde abajo como el papá, después de colocarse el arnés, estilo Spiderman va trepando la palmera, haciéndose cada vez más pequeño a la vista, pero más grande en la admiración.  

Lixpark Lima, hijo de Manuel y trepador pandino con el fruto de asaí. Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

Más de 100 familias productoras están asociadas en 12 organizaciones en el departamento de Pando. El atardecer pandino aparece con una mezcla mágica de colores, único de la Amazonía. “La población ha aprendido a trepar”, destaca Liliana Lorini, al referir que mediante la creación de áreas protegidas como la reserva nacional de vida silvestre Manuripi, se puede aprovechar el bosque, pero sin dejar de lado la conservación del mismo.

Por ahora, los frutos de la Amazonía descansan en buenas manos.

Conservación: la fábrica mundial de agua

Los frutos amazónicos cosechados y recolectados en Pando son: el asaí, la castaña, el cacao, el copoazú, el majo y la palma real.

Asociación Forestal Integral de Productores Agropecuarios de la Comunidad Jericó (AFIPA), Asociación Integral de Cosechadores, Productores y Transformadores de Frutos del Abuná (ASICOPTA), Asociación Integral de Productores y Transformadores de Frutos Amazónicos de Pando (AFAI PANDO), Asociación Integral de Productores y Transformadores de Cultivos Amazónicos (AIPROTCA), Asociación Integral Extractivista de Frutos Amazónicos Reserva Maruripi (ASINEFARM), Sociedad de Exportación de Familias Extractivistas del Norte de Bolivia (SEFENBO), Evid’a, Asociación Indígena Muije de Recolectoras y Semillas de Oro son algunas de las asociaciones productivas que aparecen entre los departamentos de Beni y Pando que se van sumergiendo como una opción saludable en los mercados bolivianos.

Las frutas recolectadas en la Amazonía pandina son trasladadas por angostos senderos en motocicletas que suplen a los camiones en este tipo de terrenos. Las despulpadoras se encuentran distribuidas en el mismo bosque, entre los departamentos de Beni y Pando.

“En estos puntitos rojos”, muestra Liliana un mapa del Observatorio de Frutos Amazónicos y Cambio Climático (OFACC) que tiene ubicados mejor que Google Maps los sitios donde se encuentran las plantas despulpadoras, en lugares que no tienen caminos visibles desde el satélite. “Ellos están en medio del bosque”, resalta al referir que estos centros están alejados de lugares poblados como la ciudad de Cobija.

Mujeres trabajando en una de las plantas despulpadoras en la región amazónica. Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

La pulpa es como una pasta, “como vemos en el supermercado”. La pulpa de estos frutos puede servir para la realización de alimentos, bebidas, productos nutricionales y en la cosmética, entre otros.

Liliana Lorini especifica que, para hacer un kilogramo de pulpa, al 18% de sólidos totales se necesitan entre 3 a 4 kilos de fruto. Lorini que conoce a detalle el proceso productivo en la región resalta que el año 2024 se tuvo la mayor producción de pulpa de asaí con un aproximado de 170 toneladas. Haciendo una estimación, se han utilizado 680 toneladas de fruto para la producción de la pulpa.

El departamento de Pando es el lugar donde se recolecta el fruto, pero los beneficiados del pelado en el caso de la castaña no solo son comunidades pandinas, sino que es trasladada a Riberalta en Beni. “Y ahí es donde están las grandes beneficiadoras; las empresas que limpian la cáscara, que la remueven y que clasifican el tamaño de la almendra entre grande o de exportación pequeña… hay varios términos ahí. Entonces, son ellos los que exportan”.

Es decir, el proceso no solo es de recolección, de ahí surge toda una cadena productiva. “La castaña cae como el coco. Dentro del bosque le hacen este corte”, muestra la especialista un fruto de castaña para ejemplificar el proceso que debe pasar.

“Entonces, si ves los datos de comercialización a nivel nacional, vas a notar que Beni aparece como el mayor productor de castaña, pero es porque ahí se realiza el beneficiado y exportación”, acota.

Como refiere Liliana, Beni representó el 76 % de la exportación nacional en castaña, por ejemplo, por encima del 22% que representa Pando, según datos de 2024 de la Cancillería de Bolivia.

Sin embargo, la producción es interna, es en Pando donde se recolecta, “es ahí donde se aprovecha”.

En Pando es natural el consumo de productos derivados de los frutos amazónicos. En la fotografía vemos al presidente de la FEDAFAP, Misael Campos junto a su familia Foto: ©ConservaciónAmazónica-ACEAA.

Al ingreso del aeropuerto Capitán Aníbal Arab Fadul de la ciudad de Cobija, las pequeñas casetas te reciben con el aroma y sabor amazónico. Los chocolates con sabor de asaí, copoazú o nuez son ofrecidos al visitante. “Son sabores exóticos”, dice la vendedora.

Ya en Cobija, donde cualquier día sobrepasa los 30° o 35°, un jugo frío de coco vendido en pequeños carritos no cae nada mal al cuerpo. Un taller de trabajo de periodistas toma color cuando una de las anfitrionas ingresa con una torta fresca de asaí.

Café con un toque de nuez

Al ingreso del aeropuerto Capitán Aníbal Arab Fadul de la ciudad de Cobija, las pequeñas casetas te reciben con el aroma y sabor amazónico. Los chocolates con sabor de asaí, copoazú o nuez son ofrecidos al visitante. “Son sabores exóticos”, dice la vendedora.

Ya en Cobija, donde cualquier día sobrepasa los 30° o 35°, un jugo frío de coco vendido en pequeños carritos no cae nada mal al cuerpo. Un taller de trabajo de periodistas toma color cuando una de las anfitrionas ingresa con una torta fresca de asaí.

Reunión de periodistas en Cobija con tortas de asaí.

La capital pandina explota los sabores amazónicos, pero estos también se van posicionando en el mercado nacional.

Mirando al sur, a casi 1600 kilómetros de distancia, al otro extremo del país, las rutas del café se van expandiendo con atractivos locales en la ciudad de Tarija que tienen una oferta gastronómica que empieza a incluir a los frutos amazónicos en su menú.

“Todavía no está en el menú, pero es una de nuestras nuevas propuestas”, dice Alexander Claure Gaite, un carismático mozo de Café Belén al ofrecer un vaso de jugo de asaí, acompañado de una torta de nuez. “Que lo disfrute”, agrega al dejar el vaso con aquel jugo de color rojizo de sabor exótico en la mesa.

Jugo de asaí con una torta de nuez, la nueva propuesta del menú de café Belén en la ciudad de Tarija.

Belén es uno de los cafés más atractivos de la ciudad de Tarija, cuyo menú, según afirma una de sus propietarias, Belén Borda Peñarrieta, se basa en productos nacionales.

Belén, como chef internacional, estudió y trabajó en restaurantes de Asia, Oceanía y Europa, pero su experiencia le reveló que en Bolivia se encuentra aún esa pureza que cuesta hallarla en otros países donde la comida es más industrializada.

“Las frutas todavía huelen a frutas”, dice, pues en otros países, esta situación es difícil de vivirla o más bien, sentirla.

En esa línea, Liliana detalla que Brasil por ejemplo, tiene sistemas productivos de asaí, pero basados en una especie distinta que es la Euterpe oleraceae que no es una palmera de un solo tallo, sino con “varios” en sistemas de cultivo. Es decir, que las palmeras son cultivadas. En cambio, en Bolivia “tenemos el asaí silvestre, ahí en Pando, que es de un solo tallo y que puede aprovecharse en bosque”.

Con la experiencia que se tiene de la castaña, se requiere que esta especie esté en pie en el bosque y que sea aprovechada en su estado silvestre. “Eso sí, de manera natural”.

Belén Borda destaca que en su menú también se aprovechan otros productos amazónicos como la castaña o la nuez, pero que, por la actual inestabilidad del dólar, el lanzamiento de algunos platos en el menú ha demorado más de lo previsto.

Con “la receta de la abuela”, Ocaso en Tarija ofrece una torta de nuez.

Casi al frente, se encuentra Ocaso, un café familiar donde aparece tímidamente en el menú la torta de nuez. No es uno de sus productos más populares, “pero es una receta de mi abuela”, cuenta uno de los propietarios, Javier Caso.

“Con el llenado de la tarjeta se lleva un helado de asaí gratis”, dice una de las meseras de Nektar Lovers, un pequeño café terraza de Tarija, ubicado en el centro histórico de esta ciudad, el cual empieza a llenarse de locales de este tipo por el flujo turístico.

Los frutos amazónicos se abren paso lentamente en los mercados nacionales y empiezan a formar parte de los menús en los cafés gourmets.

Si bien científicamente no hay la denominación de “superalimentos”, la nutricionista argentina Emilia Lavin resalta productos como la nuez. “No nos llegan otras frutas amazónicas, pero la nuez sí la destaco en las dietas”, dice la especialista que recomienda este tipo de alimento por sus valores nutricionales a sus clientes en la ciudad de Salta, una de las más pintorescas del norte argentino.

La denominación de superalimentos no solo va por su valor nutricional, sino por lo que engloban; un camino abierto por superhumanos que conservan en su estado puro el bosque amazónico.

Pando se convierte en un importante motor, no solo económico, sino de subsistencia.

Esta es una investigación de:

Investigación periodística

Jesús Vargas Villena

Apoyo editorial

Mercedes Bluske Moscoso

Reporteo

Gabriela Pérez

Diseño, producción web e infografías

Glenda Flores

En coordinación con

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