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Trabajo infantil, la legalización de lo ilegal en Bolivia

Bolivia es el único país en el mundo en el que los niños pueden trabajar a partir de los 10 años, estando avalado el trabajo infantil a través de una ley

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-abril/2018) Con la cara sucia, un balde de agua limpia y un limpiavidrios, cientos de niños en el territorio nacional salen de sus casas por voluntad propia, o por imposición de sus padres para ganarse el pan de cada día.

Sea vendiendo chicles, limpiando vidrios o lustrando zapatos, el principal motivo por el que se encuentran en la calle trabajando, es la pobreza.

Así, el trabajo infantil se constituye como un “mal necesario”, para paliar la extrema pobreza en la que vive el 17% de la población boliviana, y la pobreza de la que es víctima el 38,6% de los habitantes. El peso de la pobreza, cual mochilas, lo cargan los niños en sus hombros.

Paradójicamente, la misma ley que vela por su derecho a la salud, a la educación y a una familia, es la misma que, violando tratados internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño, garantiza también el que puedan trabajar desde los 10 años.

Si, se trata de la Ley 548, Código Niño, Niña y Adolescente, modificada en el año 2014 y aprobada por el vicepresidente Álvaro García Linera.

Niños trabajadores en las avenidas de la ciudad de Tarija.

“Todas las personas tenemos ciertos derechos y obligaciones. Realizar actividades laborales en la calle, no constituye una prohibición, no atenta los derechos de ninguna otra persona”, explica Ramiro Pérez Jurado, quien es jefe técnico de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, dependiente de la Alcaldía.

Pérez refiere que mientras este trabajo no transgreda los derechos de las demás personas, pueden hacerlo.

Y es así, pues hay toda una  normativa que lo respalda.  “Excepcionalmente, las Defensorías de la Niñez y la Adolescencia, podrán autorizar la actividad laboral por cuenta propia realizada por niñas, niños o adolescentes de 10 a 14 años, y la actividad laboral, por cuenta ajena de adolescentes de 12  14 años, siempre que esta no menoscabe su derecho a la educación, no sea peligrosa, insalubre, atentatoria a su dignidad o desarrollo integral, o se encuentre expresamente prohibido por la ley”, versa el artículo 129 de la mencionada ley.

El panorama es más complejo que la ley. “¿Qué podemos hacer si esos niños trabajan porque sus familias están en situación de calle, o porque sus padres son alcohólicos o drogadictos?”, se cuestiona Ramiro Pérez, quien desde su cargo, vive de cerca la realidad de los pequeños.

Aunque es verdad que aquellos niños estarían mejor si asistieran a la escuela o estuvieran bajo el cuidado de su familia, la pobreza y las situaciones familiares adversas, los pusieron en la calle, y aquella es su única forma de garantizar que tendrán un pan para comer.

Generalmente, de ellos dependen saciar el hambre de hermanos más pequeños.

Para Pérez, las situaciones de calle mejoraron en Tarija. “Antes era común ver a niños durmiendo en los cajeros, ahora ya no se da esa situación”, asegura.

De acuerdo a los registros de la institución que se encuentra a su cargo, en el 2016 había 30 niños que vivían en la calle en la ciudad, sin una familia ni una casa a la que volver.

Actualmente hay sólo 5 niños, con los que están trabajando para paliar la situación.

Pero el mayor de los problemas, es que Tarija no cuenta con un centro para albergar a los niños en situación de calle que necesitan rehabilitación o que afrontan problemas psicosociales.

“En Tarija no hay ni uno para niños”, continúa el abogado de profesión.  “Oasis es para jóvenes, aunque a veces reciben a niños, pero no son aptos para trabajar con ellos porque requiere de otra metodología”.

Cientos de niños en el territorio nacional se encuentran en las calles, no por placer, sino por necesidad.

Pese a los obstáculos, este año dos niños fueron trasladados a centros de otras ciudades para recibir la ayuda y cuidados correspondientes.

Según datos de la Defensoría de la Niñez, en Tarija, los niños empiezan a trabajar aproximadamente a los 12 años. La mayoría ingresa al mundo laboral con el consentimiento de sus padres.

Entre los principales oficios desempeñados por los menores están el de lustrabotas, vendedores de dulces, limpia parabrisas y limpia tumbas.

Otros ayudan en los negocios familiares, ya sea en restaurantes o en la venta.

“Otros niños que están es situación de riesgo, son los  que si bien realizan actividades en la calle en el transcurso del día, en la noche regresan a su domicilio”. En Tarija actualmente existe registro de 25 o 26 niños que se encuentran en esta situación.

Tal es el caso de Ángel, un joven de 22 años que realiza recorridos turísticos por el cementerio de la ciudad de  Sucre desde sus 12 años.

Ángel Sánchez, de voz ronca y una memoria sorprendente, pasa gran parte de su día en el cementerio, para pagar sus estudios universitarios y, en el pasado, ese dinero servía para ayudar a su familia.

Aunque es mayor de edad, en algún momento fue parte de aquel grupo de niños que trabaja por el día, estudia por la tarde y regresa a su hogar familiar por las noches.

Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la infancia o Unicef, más de 3.000 niños trabajan en la minería en Bolivia.

El trabajo de las instituciones

La Defensoría, gracias al trabajo de un equipo multidisciplinario compuesto por una psicóloga, una trabajadora social y un abogado, hace un relevamiento de los niños que trabajan en los mercados como en las calles de la ciudad, para hacer un seguimiento a su situación, garantizando que sean sometidos a controles médicos, evaluaciones psicológicas, o en lo posible, sean reinsertados escolarmente.

Este equipo se encarga de verificar la fuente laboral de los pequeños y se cerciora de que el trabajo sea realizado con el consentimiento de los menores.

En caso de que los niños asistan a clases, los profesionales corroboran su asistencia con la unidad educativa y hacen un seguimiento para ayudar a la continuidad de sus estudios.

Aunque según Pérez, la mayoría de los niños en situación de calle no son tarijeños, sino que llegaron de otras provincias o departamentos con sus familias, pero el problema sigue siendo el mismo.

 Los niños del socavón

 Estudios de la fundación Humanium realizados en el país, reflejan que en Bolivia 850.000 niños son trabajadores activos. “La mitad de ellos lo hace en las peores condiciones de trabajo infantil”, asegura la publicación.

Entre los trabajos infantiles que afrontan peores condiciones en el país, según organismos internacionales, se encuentra la minería.

Los niños realizan las tareas de cargadores, excavadores o de colocar explosivos, hasta  por 10 horas al día ininterrumpidamente.

En la que fue la mina de oro más importante del planeta, reina la pobreza entre los niños que sacrifican su infancia por uno cuantos pesos al día.

Entre los trabajos infantiles que afrontan peores condiciones en el país, según organismos internacionales, se encuentra la minería.

 

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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