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Neonatología, un oasis en el desierto del San Juan de Dios

La sala de Cuidados Intensivos de Neonatología, es la mejor equipada del país

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-mayo/2018) Son las cuatro de la tarde y la brisa fresca de otoño empieza a correr por la ciudad. Pese al gélido viento, en el la sala de cuidados intensivos para recién nacidos la temperatura se mantiene cálida y estable. La realidad allí adentro, es muy diferente.

Entre de zondas, catéteres, tubos de oxígeno y alarmas, nueve bebés luchan por su vida. Con sus escasas semanas, ya descubrieron que llegaron a un mundo en el que la lucha es una constante.

Leo y Maite son dos de los nueve bebés que se encuentran en incubadora en terapia intensiva. Allí son monitoreados constantemente para llevar el control de sus signos vitales, pero principalmente de la saturación de oxígeno, porque el exceso de este elemento, y la prematuridad, son las principales factores que pueden provocar retinopatía, dejándolos ciegos.

El dato

La retinopatía del prematuro provoca el crecimiento de vasos sanguíneos anormales en la retina, la capa de tejido nervioso del ojo que nos permite ver. Este crecimiento puede provocar que la retina se desprenda de la parte posterior del ojo, lo cual puede producir ceguera.

 

Con mandil blanco, tez morena y una cabellera nevada que denota su experiencia, el jefe de la sala de neonatología, Juan Manuel Jijena Durán, muestra con orgullo los equipos del área que está a su mando desde hace 39 años, y a la que define como: “mi casa”.

Sin embargo, es consciente de que su hogar aún necesita equipos que garanticen la calidad de vida de los pequeños pacientes.

“Un oftalmoscopio indirecto, un láser y un oftalmólogo capacitado”, dice con su característica voz pausada el doctor Jijena, respecto a los equipos que aún necesitan en el servicio de neonatología, para hacer el diagnóstico más el tratamiento para el desprendimiento de retina en los prematuros.

Aclara que “nunca” sintieron la necesidad de hacer el requerimiento, porque el oftalmólogo Gustavo Aguirre Urquizu, de forma gratuita, usando sus propios equipos, monitorea y opera los ojos de los bebés que lo necesitan.

El médico Juan Jijena en la sala de cuidados intensivos de neonatología, a la que define como su casa.

Aguirre y Jijena operaron en el año 2017 a tres bebés con retinopatía. Sin embargo, desde que empezaron a trabajar juntos, operaron a unos 30 aproximadamente.

“Hace 18 años que hacemos este trabajo”, dice Jijena dibujando una sonrisa en su rostro; aunque es consciente de que el hospital debe abastecerse con los equipos más temprano que tarde, para garantizar la continuidad del tratamiento con el pasar de los años.

“El doctor Aguirre no siempre estará”, dice casi como un susurro.

El problema no es hacer que los bebés sobrevivan, pues la sala está equipada para atender los casos más extremos.

El verdadero desafío es garantizar la calidad de vida futura de los prematuros, evitando que sean una carga para sus familias, que en la mayoría de los casos son humildes, y para el Estado, que deberá prestar las atenciones correspondientes. “Para eso necesitamos los equipos”, enfatiza el médico.

De los 3099 pequeños que nacieron en 2017, 99 fueron prematuros. En la mayoría de los casos, el nacimiento antes de término se debe a que las madres son menores de edad y su cuerpo no es lo suficientemente maduro como para completar la gestación, lo cual evidencia otro problema.

“Las bolsas se rompen o hay que adelantar el parto, porque hay complicaciones”, explica el médico al respecto.

19 partos en menores de 14 años y 678 en jóvenes entre 15 y 19 años fueron atendidos en 2017. En 2016, fueron 20 y 720, respectivamente.

“Este es Leo”, dice el médico mientras se para al lado de la incubadora en la que se encuentra el más pequeño de todos, no en edad, pero en peso, pues nació con solo 720 gramos.

Mientras suena la alarma de oxígeno, el médico continúa con la explicación. “La saturación de oxígeno debe mantenerse entre 90 y 95, en este caso, porque le puede dañar la retina”.

De pronto, una de las 12 enfermeras que se encuentra de turno, se acerca al pequeño para controlar que la saturación sea la correcta, y desactivar la alarma.

“Ellas están las 24 horas; son 12 enfermeras por turno. Están altamente capacitadas, son ‘capísimas’”, asegura.

En la sala de cuidados intensivos, la vida y la muerte se acuestan en la misma cama, pero el personal pone su esfuerzo para garantizar no solo su supervivencia, sino su calidad de vida.

Quedará a las autoridades competentes brindar las herramientas necesarias, para que el trabajo pueda tener continuidad, y dar frutos.

 

 

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

1 Comment

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  1. Avatar

    Mirtha

    mayo 18, 2018 at 11:27 pm

    JUAN ,SIEMPRE LUCHANDO POE LOS QUE MÁS TE NECESITAN ,ES UNA GARANTÍA PARA NEONATATOLOGIA .JESUS ES LA MUESTRA DE TU DEDICACIÓN .❤️

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