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Bolivia y un apartheid social a las personas con discapacidad

Una ministra que no conoce para qué es un perro guía, ciudades donde no se respetan las normas de tránsito, buses que lo rechazan y supermercados o restaurantes exclusivos que le cierran las puertas, la realidad que vivió en este país

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-julio/2018) Los bolivianos nos consideramos buenos anfitriones y por ende, muy buenas personas, abiertos a todo tipo de visitantes, pero hay situaciones dentro de la regularidad nuestra que son pasadas por alto, cuando en otros sitios, son faltas graves a los derechos humanos.

“Los tarijeños somos los mejores anfitriones”, dice un hombre orgulloso en su vagoneta, la cual estaciona en un paso para silla de ruedas. Gran contradicción. Para él es algo normal.

El hecho de tratar bien a una persona no solo se condice a invitarla a la casa o compartir un trago. Va más allá.

Para conocer la realidad, a veces es necesario recurrir a la mirada de quien viene de afuera.

Esa mirada nos la da Richard Mateos Rodríguez, un invidente español, que ve más que cualquier ciudadano de este país. Al menos eso pudo demostrárnoslo.

Richard, de 41 años, es un historiador de profesión al que la vida lo convirtió en periodista, o por lo menos, este mundo terrenal lo requería para esa labor.

Creció en las Islas Canarias en España, un sitio con problemas de inmigración, donde empezó su andamiaje en el periodismo en una radio comunitaria situada en un barrio marginal, del que recuerda, había grandes problemas con las drogas.

“Ahí empecé a hacer radio en un programa de apoyo a los inmigrantes que llegan a España, luego, participé en una caravana de conservación de derechos humanos en la frontera con África”, relata recordando que ese proyecto nació con un cura de la Iglesia Católica y tras la muerte del mismo, continuó por los jóvenes que lo conformaban.

Richard recorrió varios países escribiendo crónicas sobre su experiencia

En ese contexto, recibió una propuesta para hacer un documental audiovisual, que terminó por denominarlo Amurallados. El mismo refleja la realidad de la frontera entre España y África, la puerta a Europa, contada por una persona con una discapacidad física.

“Amurallados sigue a un viajero acompañado de su perra guía, que busca comprender el funcionamiento de la frontera Sur España-Marruecos. Frente a un periodismo que busca impactar, amurallados trata de humanizar a través de la conversación con los distintos”, dice la presentación de este trabajo audiovisual que está disponible en la red Youtube.

Cansado de la frontera y con ganas de seguir explorando, Richard decidió seguir su camino por Latinoamérica. “Tenía amigos y familiares por mis abuelos en Latinoamérica”, cuenta.

Primero llegó a Chile, luego pasó por la Argentina, donde participó del Festival Internacional de Cine Político y de ahí, llegó su encuentro con Bolivia, un destino que le cambiaría la vida por completo.

Su primera parada en este país fue Santa Cruz de la Sierra, la ciudad más desarrollada, por lo menos en economía y población, pero con serias falencias según pudo notar nuestro entrevistado.

El impacto de Santa Cruz fue tal, que le motivó a quedarse en el país para escribir y hacer un libro documental sobre la realidad de Bolivia en cuanto a este sector.

Su primer choque fue en un supermercado, Hipermaxi, cuando lo echaron por ingresar con Mali, su perro guía, quien lo había acompañado desde España.

Los perros guías son adiestrados para orientar a las personas ciegas o con deficiencia visual grave.​

El perro guía es el único reconocido legalmente, lo que le permite, según protocolos internacionales de derechos humanos, tener privilegios no reconocidos entre el resto de los animales como, por ejemplo, la aceptación obligatoria en el transporte público u otros espacios.

Pero en Bolivia se desconoce totalmente la funcionalidad del perro guía, y no se lo diferencia de cualquier otro can, situación por la que fue echado de este centro comercial.

“Fui a comprar, y fue donde me botaron”, recuerda de aquel suceso ocurrido hace tres años.

“Se juntaron muchas cosas, animalismo con discapacidad, el defensor del pueblo vino y la cadena tuvo que pedir disculpas, pero decía que era un problema de contaminación del pelo del animal de no sé qué”, cuenta.

Sin embargo, Richard les explicó que en España él fue con su perro guía a carnicerías y hospitales, y nunca le dijeron nada similar.

“Al final, me dijeron: ‘si te dejamos entrar, luego cualquier boliviano entrará con su perro’”, recordó.

Sobre el particular, agregó que no era una cuestión de entrar o no con animales, sino de derechos humanos.

Este no fue el único impacto que recibió en esa ciudad, pues si bien tenía su perro guía, que es preparado para respetar semáforos, cruzar líneas peatonales o guiarlo por las veredas, el mismo no fue entrenado para un escenario como este, donde el tráfico y la urbe en sí eran un caos.

“Hostia… en vez de hacer revista de crónicas, pensé en ese momento que haría una revista de guerras, porque era muy loco cuando caminé por ahí”. Pasaron tres años desde aquella vez, hubo mejoras…pocas.

Durante su estadía en el sur de Bolivia.

Su plan era estar cuatro meses como mochilero en cada país con el fin de escribir crónicas, pero la realidad boliviana lo invitó a escribir un libro.

El segundo gran choque se dio cuando decidió trasladarse a la sede de Gobierno, La Paz.

Uno de los grandes implementos de La Paz como ciudad es el moderno sistema de transporte público, PumaKatari, pero la experiencia del periodista español no fue de las mejores.

“Lo del PumaKatari fue muy surrealista”, asegura.

Incluso, al ser informados por un grupo de activistas cruceños de la historia de Richard Mateos, la misma Gerencia del PumaKatari a su llegada a La Paz, lo invitó a participar de un paseo como bienvenida, promocionando así la inclusión social.

“Mira…subí todo muy bien, imagínate como fue, las azafatas alucinante… hice un recorrido, y por la tarde ya fui como cualquier pasajero por mi cuenta, pero ahí me botaron”, dice riéndose atónito todavía por lo ocurrido.

El argumento del chofer de turno fue que Mali no tenía bozal. Cuando Richard les explicó que era un perro guía, el conductor dijo que “no había espacio”.

“¡Coño! En la mañana me recibe bien y en la tarde no me dejaron subir”, dice.

Pasado este suceso, lo denunció ante la opinión pública y, en este caso, la reacción de la Gerencia del PumaKatari no fue la esperada.

La respuesta fue a la defensiva, indicando que no estaba acreditado, pero luego él mostró todos los papeles necesarios.

El Gobierno Municipal de La Paz promulgó posteriormente una ley que obligaba al transporte público a permitir el acceso a cualquier vehículo a los perros guías.

La norma salió después de este lamentable suceso, pero nadie lo reconoció, menos desde la Gerencia del PumaKatari.

En base a estos dos hechos puntuales, Richard comenzó a recolectar historias de diferentes personas con algún tipo de discapacidad y constató que cada una, había vivido casos de discriminación.

Es así que participó de las manifestaciones en La Paz de las personas con discapacidad, donde tuvo un tercer hecho que lo dejó marcado.

Cuando se dieron las negociaciones entre el sector protestante con el Gobierno Nacional, la entonces ministra de Salud, Ariana Campero Nava, al ver a Mali le preguntó a Richard si no mordía.

“De un ciudadano común se puede esperar, pero de un ministro de Estado y más si es del área de salud, es inaceptable”, dijo casi perturbado.

La realidad es que las normas y los protocolos internacionales de derechos humanos son casi desconocidos en Bolivia, tanto por sus instituciones, autoridades como la ciudadanía en general, siendo desde su perspectiva, “un apartheid” para las personas con discapacidades físicas.

Tarija

La capital sureña forma parte de su recorrido y las primeras impresiones fueron buenas, pero también existen notorias falencias.

“Es una ciudad amigable y el ritmo es más tranquilo”, dijo en primera instancia al tomar un sorbo de un buen café, mientras corría un viento caliente que anunciaba un próximo surazo.

Richard se sienta junto a Mali en una de las sillas del restaurante Xoxo en la plaza principal y destaca con una ligera sonrisa, que el no echarlo por el perro, es un buen indicio de la capital tarijeña.

“En Tarija hasta ahora no me botaron de ningún restaurante o sitio público por Mali, eso es algo muy bueno a comparación de otras ciudades”.

No todo lo que encontró en Bolivia fue malo, pues en este país, conoció al amor de su vida, Fabiola Gutiérrez, una cruceña que se convirtió en parte de la agenda que va colectando historias y anécdotas en este viaje de vida que recorren juntos.

Richard, Junto a Mali, de nueve años, y su compañera de vida Fabiola, se sienta a charlar con el equipo de Verdad con Tinta en un encuentro donde se sincera, dando sus percepciones de un país que tiene brechas gigantes por acortar.

Si bien en Tarija notó un movimiento más tranquilo, también comprobó que hay pocos pasos para sillas de ruedas, hay puestos de venta en las veredas y los semáforos no son respetados, especialmente los de peatones, un gran problema para Mali.

El hombre de pelo negro con algunas canas que florecen, habla pausado, tranquilo y sereno como si fuese un tarijeño, pero con su característico acento español.

Él es invidente desde bebé, cuando al nacer prematuro, fue puesto en la incubadora, cuya cantidad de oxígeno en exceso le quemó los cristalinos del ojo.

Volviendo a Tarija, cuenta que a su arribo, desde la Secretaría de la Mujer de la Alcaldía, le invitaron a participar a una serie de eventos y le brindaron todas las atenciones, pero de pronto, se vio en medio de programas televisivos, como si hubiese sido traído a esta ciudad por la gestión municipal para hacer algún programa a favor de las personas con discapacidad, cuando no era así.

Pese a las aclaraciones que realizaba en las mismas entrevistas en estas revistas televisivas, los periodistas seguían mencionando a la gestión de la Alcaldía, algo insólito para él.

Se encontró con una ciudad bastante politizada y de a poco, el tono amigable de la misma, fue cambiando.

Por ejemplo, el activista y periodista español, calificó como un acto “patético” que las bolsas en las que entregan los productos de la canasta alimentaria, tengan la imagen gigantesca del gobernador. Hechos como este le siguieron marcando una realidad dinamitada para el sector en todo el país.

Richard nos mostró en unos minutos, lo que millones de bolivianos todavía no podemos ver.

Inseparables: Richard y Mali.

Mali la perra guía  

Otra situación que a Richard le pareció grotesca en el país, es la experiencia vivida con las empresas de viajes interdepartamentales, en cuyas flotas no quieren permitir que ingrese Mali, su guía de cuatro patas.

“Por más que existen leyes, los propietarios no quieren venderte el pasaje”, dice al encontrar contradicciones, pues al interior de estos buses se incumplen a diario una tras otra las normas de tránsito, comenzando por subir pasajeros a los pasillos.

Una situación similar vivió con las aerolíneas nacionales, pero logró hablar después con administrativos de Boliviana de Aviación BOA, quienes le dieron el visto bueno para que la perra viaje con él a sus pies, como debe ser.

Estas situaciones se dan por la ignorancia que ronda en todo el país, debido a que no existen perros guías.

“Hay compañeros ciegos que circulan con perros que no han sido entrenados, pero que el animal por instinto, te acaba guiando”, comentó.

Este no es el caso de Mali, que vendría a portar el título profesional en conocimiento, por decirlo así.

Estos animales tienen un entrenamiento científico y al culminar el mismo, el nuevo dueño también debe someterse a un proceso de adestramiento.

“Es un entrenamiento de dos años en el que se somete al perro, que desde cachorrito es sometido a la primera prueba de socialización con el ser humano”, explica.

Son como unas 10 a 11 pruebas científicas realizadas en dos meses, posteriormente el animal es llevado con una familia experimental, con la que convive por lo menos un año, aprendiendo órdenes básicas.

Tras el primer proceso de socialización, el perro es separado de la familia voluntaria, para volver al centro de adiestramiento e iniciar la segunda fase.

En estos centros, existen circuitos internos cerrados que simulan una ciudad con postes, vallas publicitarias, en donde los adiestradores pasan con autos a toda velocidad.

La siguiente fase es el entrenamiento en la ciudad, primero por las calles alrededor del centro de entrenamiento, luego por avenidas, buses y trenes.

La última fase inicia con la entrega al propietario, quien también es capacitado por un mes, recibiendo todas las técnicas de orientación.

Todo un proceso de aprendizaje que continúa hasta el último día de vida del can. Centros de entrenamiento de este tipo no existen en Bolivia, por eso Mali es única por ahora en el país.

Mientras transcurre la entrevista, Mali se echa y escucha en silencio, solo se levanta cuando su dueño lo hace, complementándose tan bien, como si fueran uno.

 

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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