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Humberto Vacaflor más allá de los recuerdos del presente

El exilio hizo que su esposa e hijos no tengan un lugar fijo para vivir, algo que quizá le duele de su pasado, aunque al mismo tiempo fortificó lo más importante que tiene: su familia

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-agosto2018) El tiempo es corto pero la experiencia y los cambios bastante grandes, es ahí que Humberto Vacaflor Ganam, nos lleva a un viaje por su memoria, en un recuerdo del presente, como precisamente titula su columna, donde deja su tinta regada para el deleite de miles de lectores.

Considerado periodista “pro imperio” por lado de los actuales gobernantes e “izquierdista o comunista” por los anteriores, en aquellos años 60 hasta los 80.

El hombre de 75 años, es uno de los periodistas más reconocidos de Bolivia, teniendo en sus espaldas premios como el Libertad obtenido el 2016 entregado por la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), por su compromiso en la defensa de la libertad de expresión y la democracia.

“Que bien que llegamos primero, no se debe hacer esperar a las mujeres”, dice Humberto al momento de sacarse el sombrero en referencia a la periodista que estaba por cruzar la puerta.

Pide un refresco, abre su laptop, le da una revisada a su artículo, para posteriormente darle el “clik” y enviarlo a los diferentes medios de comunicación escritos que lo publican en el país.

Es alguien que está al tanto de todos los avances tecnológicos, pero no siempre fue así y en alguna otra oportunidad por el año 1967, le tocaría enviar sus notas a través de un telégrafo, quien con mala cara recibía el mensaje para pasarlo posteriormente a la redacción de Presencia.

Una ligera sonrisa le irrumpe para volver a esos años 60, cuando se la pasaba en el Palacio de Gobierno esperando a las autoridades de turno para hacer sus entrevistas, luego irse al mediodía a comer rápidamente, para volver cerca de las 15.00 al mismo lugar.

Humberto Vacaflor en conversación con Verdad con Tinta.

En ese entonces tenía en sus manos una de las novedades de la era, la reportera o grabadora de cinta. “Era todo un acontecimiento escuchar la voz de los entrevistados”.

Por la noche se iba hasta la redacción de Presencia y tras finalizar su trabajo en la máquina de escribir, empezaba el mejor momento de la jornada…las tertulias.

“Tomábamos singani con los colegas y ahí charlábamos de todo lo que había pasado en la jornada, era muy enriquecedor”.

No había tiempo para la resaca, al día siguiente estaba parado a las 8.00 nuevamente en el Palacio Quemado.

“Fui testigo de muchos cambios en tan poco tiempo”, dice todavía impresionado, mezclando en su mente los recuerdos de aquel pasado no tan lejano de los 60 con el presente del boom de la tecnología digital.

Pero hay algo que no cambiará con el pasar de los años, su tensa relación con los gobiernos de turno, quedando mal parado en cuanto a su seguridad personal, pero bien acomodado en el sillón de la credibilidad.

Estos desencuentros con los gobiernos de turno se debe a su olfato periodístico, que lo llevó a ver más allá de las noticias formales, siendo tomado en cuenta su trabajo por medios internacionales como la BBC de Londres.

De la época de los 60 hasta los 90, recuerda que el mundo estaba dividido en dos grandes corrientes: el capitalismo liderado por Estados Unidos y el comunismo por la Unión Soviética. Y si bien estos dos países no se enfrentaron entre sí, provocaron una serie de muertes con la implantación de dictaduras, como guerrillas.

Los periodistas de la época sabían de los riesgos existentes, como de los cuidados que debían tomar. En Bolivia fueron las dictaduras militares las que se encargaban de la represión y de tildar de comunistas o “rojos” a los periodistas que osaban publicar algo más de la información que ellos divulgaban.

Con la caída de la Unión Soviética en 1991, acabó oficialmente la Guerra Fría en el mundo, pero inició una época de confusión, por lo menos así ocurrió en Bolivia.

Con la implantación de la democracia en el país atrás quedaron las redadas militares, pero los gobiernos de turno, envueltos en sendos casos de corrupción, se dieron mañas para reprimir el periodismo no alineado.

Conforme fueron pasando los años, las técnicas gubernamentales se fueron perfeccionando.

“Es extraño lo que está pasando”, confiesa el periodista, al lamentar que pese al recuerdo cercano de la represión, los gobiernos se sigan aprovechando de su poder, en este caso, presionando con acciones impositivas, cortes de publicidad o de licencias de funcionamiento, hasta que los medios terminan por echar a esos periodistas considerados molestosos.

“¿Guerra contra quién?” se pregunta el periodista después de tomar un sorbo de gaseosa, y es que según analiza, en esta era, ya no hay un capitalismo o un comunismo puro con una línea bien definida como ocurría antes.

A eso se suman las nuevas dificultades para los periodistas ante la expansión de las redes sociales, donde los medios ya no son los únicos que pasan información.

Él ya lo vivió casi todo en la carrera, adaptándose a los tiempos con el uso de las tecnologías para mantener firme su postura mediante sus columnas en las diferentes plataformas y medios de comunicación.

La asignatura pendiente…su retorno a la radio, no lo puede negar, sería reencontrarse con aquel primer amor, al que nunca olvidó, cuya ronca voz pretende volver a sumirse en la intimidad de los hogares bolivianos.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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