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Humberto Vacaflor, su carrera entre la guerrilla y la revolución tecnológica

La evolución tecnológica, la globalización y otros fenómenos que cambiaron la forma de hacer periodismo desde los tiempos de la guerrilla, hasta la actualidad  

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske Moscoso y Jesús Vargas Villena

“El periodismo se adueñó de mí en realidad”, dice risueño Humberto Vacaflor Ganam, mientras se sienta relajado, con una gaseosa de por medio, para tener una extensa conversación en la que se removerán los claroscuros de su trayectoria como periodista, en tiempos tan complejos de la historia boliviana, como la guerrilla y las dictaduras.

La profesión, como muchas otras cosas buenas en su vida, llegó sin que él la buscara. De hecho, el joven Humberto llegó a la ciudad de La Paz desde su Tupiza natal, persiguiendo el sueño de convertirse en geólogo, pero que finalmente lo encausó hacia el periodismo.

Su primer experiencia frente al micrófono fue a sus 15 o 16 años, cuando en una radio de Tupiza le pidieron que grabara unas frases. “Mi voz ya había cambiado”, agrega con su peculiar tono grave, lleno de cuerpo y cierta ronquedad.

Aunque en aquel momento no le dio mucha importancia a esa experiencia, el destino quiso que en La Paz volviera a los estudios de grabación.

El instituto tecnológico en el que estudiaba geología tenía un programa en el que hablaban sobre los temas de la institución y Vacaflor fue el candidato perfecto para formar parte del ciclo, gracias a su agradable voz.“El programa era difundido en radio Nueva América”, agrega, “y me pidieron a mí que leyera la información”.

Posteriormente el programa pasó a radio Altiplano, donde finalmente llegó su primer oferta laboral en el mundo del periodismo. “Empecé como locutor y a los pocos meses me pasaron a reportero”, cuenta nostálgico, recordando sus primeros pasos.

El periodista habló sobre el cambio tecnológico en el periodismo.

Sus estudios de geología se vieron truncados dado que el instituto donde estudiaba se vio obligado a cerrar por razones políticas, durante la dictadura de René Barrientos Ortuño (1919-1969+), en 1965.

“Ese año empecé a trabajar en Presencia”, cuenta sobre su ingreso al medio de prensa escrita que terminó por cimentarlo en el periodismo.

En Presencia vivió los años de la guerrilla, en los que su vida cambió significativamente en lo personal como en lo profesional.

En 1967, año en el que estalló la guerrilla en Bolivia, Vacaflor ya llevaba dos años trabajando en aquel medio de prensa escrita que pertenecía a la Iglesia católica. Aquel mismo año Presencia lanzó la noticia de una emboscada en la que habían muerto soldados en Ñancahuazu, cerca de Camiri.

“Aquella noche en la redacción decidieron que había que mandar a alguien a la zona”.

Teniendo en cuenta todos los riesgos y la situación personal de cada miembro de la redacción, se decidió que el corresponsal debía ser una persona soltera. Las opciones eran limitadas. Los periodistas Humberto Vacaflor y José Luis Alcazar eran los únicos que no tenían compromisos ni familia. Finalmente, Vacaflor fue elegido por unanimidad.

“Siempre digo que quizás me eligieron porque yo era el más soltero de los dos”, agrega lanzando una ronca carcajada.

Tras un viaje en los aviones a hélice que marcaban la época, con múltiples paradas de ciudad en ciudad, e intercalando entre aeronaves comerciales y militares, Vacaflor llegó a Camiri los primeros días de abril, en medio de un clima fogoso, tanto en temperatura como ánimos.

Vacaflor tardó más en aterrizar, que en sentarse a escribir al compás del sonido metálico de las teclas de la máquina de escribir.

En tiempos de la guerrilla hacer periodismo no era una labor fácil, la información tardaba en llegar por parte de las fuentes y el periodista, tras elaborar la nota, debía hacerla telegrafíar para que llegara hasta la sala de redacción en la ciudad de La Paz, donde finalmente sería diagramada e impresa.

Los telégrafos de Camiri, un lugar poco visitado hasta aquel entonces, estaban acostumbrados a escribir mensajes simples como: “Ya llegué, estoy bien”, razón por la cual los extensos textos de corresponsalía de Vacaflor pulieron sus habilidades para la codificación en morse. Pasaron de enviar mensajes de cuatro palabras, a elaborados textos de una plana.

La vida en la pequeña ciudad tranquila. “Con olor a siesta”, según describe. Y aunque el ritmo continuaba siendo pausado para muchos, el ambiente empezaba a alborotarse por los acontecimientos que iniciaban a formar parte de la historia de Bolivia. Secuestros, espionaje, censura y acusaciones.

Conseguir imgágenes que respaldaran los textos, algo vital para el ejercicio del periodismo, también era difícil en aquella era analógica de la información.

Humberto Vacaflor en Camiri en 1967, de corresponsal de la guerrilla a la BBC de Londres. http://gumucio.blogspot.com

“Era un drama eso de la fotografía”, continúa, “en mi primera expulsión de Camiri yo me llevaba el rollo fotográfico en el que constaba que el Ejército tenía tres prisioneros”. Vacaflor había sido expulsado de la zona de conflicto a solo semanas de haber llegado, puesto que los militares lo acusaban de haber develado información clave, que favorecía a los guerrilleros; pero con él se llevaba un material valioso que evidenciaba la tortura de prisioneros.

“Viajé con el rollo en el bolsillo hasta Santa Cruz, para ahí entregárselo a un corresponsal que revelaría sólo el negativo”. La importancia del contenido fotográfico necesitaba de una logística que garantizara su llegada a destino, por lo que aquel material sería entregado posteriormente a un sacerdote que se encargaría de llevarlo a La Paz, para entregarlo en Presencia. Pese a los esfuerzos, el sobre se perdió y los negativos nunca llegaron.

“Yo había mandado la nota hablando de los prisioneros y las torturas, pero las fotos nunca llegaron”, recuerda Vacaflor, mientras explica que aquel episodio dio paso a que los militares tildara al medio de mentiroso.

“Así era el periodismo en aquel entonces, era terrible”, asegura, e inmediatamente hace un contraste con el periodismo en la actualidad, donde con un poco de señal de internet, aquellas fotos podrían haber dado vueltas el mundo en cuestión de minutos con un solo ‘click’.

“El primer cambio que me shockeo fue el tecnológico”, dice respecto a la forma de ejercer el periodismo antes y después de la Guerra Fría”.

Las computadoras y el internet ya eran realidades palpables que poco a poco dejaban la utopía a través de la revolución que se empezaba a gestar con especial premura en Europa, donde Vacaflor residía por esos años, ya que tuvo que salir exiliado durante la dictadura de René Barrientos.

A Humberto le resultaba increíble pasar de la máquina eléctrica, a tener una pantalla gigante sobre el escritorio, en la que además se almacenaba la información.

“Es mucho abuso que en tu propia generación estés viviendo tantos cambios”, dice entre risas. “Es increíble que en tu propia vida pases de mandar mensajes en clave morse, a enviar información desde tu celular”, agrega resaltando el acelerado avance de la tecnología en los últimos 50 años, y de cómo la forma de hacer periodismo también cambió al compas de esos avances.

“Creo que es el más acelerado avance en la historia de la humanidad”, dice al respecto. “Es una maravilla”.

Sin embargo, reconoce que con los nuevos avances, surgieron nuevos problemas. Las noticias falsas, el interminable caudal de información que sale a la luz cada segundo y otros factores, también incidieron en la forma en que se hace periodismo y en replantearse conceptos como el de primicia.

“Hoy hay gente que lanza cosas por las redes y uno no sabe si es verdad o no, ni el origen de los datos”, explica el experimentado periodista. “Eso es un problema”.

El ritmo en la cobertura y en las salas de redacción también cambiaron significativamente. Las largas noches de tertulia en la redacción de La Paz, acompañadas de algún trago de singani para entrar en calor, quedaron atrás.

“Esa dinámica nos enriquecía, porque todos hablábamos de la información que nos pasaban nuestras fuentes y la debatíamos”, agrega, “todos estábamos muy bien informados”.

El día empezaba a las 8 de la mañana en la sala de prensa del Palacio Presidencial, en la que habían un par de máquinas de escribir. Recién empezaba el auge de las grabadoras y porteriormente las caseteras, que no solo permitían a los periodistas grabar sus entrevistas como respaldo, sino que hicieron posible el implementar noticias en radio en las que las propias fuentes daban la información.

“El locutor hacía una introducción y luego salía el ministro o la autoridad que fuera complementando. Más o menos como es ahora”, cuenta sobre lo que fue una novedad para la época.

Así es como recuerda Humberto al periodismo en el país y como percibe los cambios más significativos en el periodismo. El desafío en la actualidad es poder hacer que el sinfín de medios que se crean gracias a las nuevas herramientas tecnológicas sobrevivan y sean rentables.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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