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Un Oasis entre cuatro paredes

Insólitamente, en pleno Siglo XXI, un calabozo es una de las soluciones para la rehabilitación de aquellos que tengan “mal comportamiento” en este recinto. Al parecer, algo falla en el sistema penitenciario 

U“Recuerdo que cuando tenía 5 años mi mamá me llevó a Santa Cruz y me dejó en la casa de mi madrina, fue ahí la primera vez que robé a alguien, ella tenía una tienda y esperé que se durmiera, luego entré y saqué unos cien tiros (juego pirotécnico) y comencé a reventarlo en la terraza, cuando ella se levantó boté el cuetillo y me fui a esconder sin que se dé cuenta”.

Este es el testimonio de “Chacho” (nombre ficticio),  que se encuentra recluido  dentro del centro de reclusión

Al observar su rostro, se puede  notar algunas cicatrices de golpes, cortaduras y arañazos; su corte de cabello es totalmente disparejo, cada vez que suena la puerta, él se para rápidamente y observa quién está ingresando, es como ver a un niño esperando que su mamá lo recoja.

El Centro de Rehabilitación para Menores Infractores Oasis, está ubicado en la calle Bolívar esquina Ramón Rojas en pleno centro de la ciudad, a simple vista parece  una casa más del antiguo vecindario de El Molino.

La fachada que presenta es algo rústica, en el techo aún se visibilizan las tejas que caracterizan al barrio El Molino, la puerta de ingreso es de madera,  misma que  muestra su desgaste y  años de uso.

Al momento de ingresar, puede sentirse temor y nostalgia mientras presentas el carnet de identidad, los policías encargados comienzan a mirarte de pies a cabeza, luego te ingresan a una habitación ubicada a la mano izquierda de la puerta de ingreso, ahí te revisan, en algunos casos te controlan hasta las zapatillas, pero en otras situaciones simplemente entras y sales.

Una vez pasada la inspección, ingresas  por la puerta de rejas donde la única seguridad que encuentras es un candado marca Lion.

El candado solo está puesto  y por cierto,  a dicha puerta le hace falta un mantenimiento. Los encargados de cuidar el centro de reclusión Oasis, son 4 efectivos que mayormente están  con la mirada atenta al teléfono celular.

El exterior del centro.

Adentro se encuentra la cancha y a diferentes familias visitando a los internos, las rejas de las ventanas de cada habitación están decoradas con ropas recién lavadas, cuando los jóvenes se dan cuenta que alguien ha ingresado levantan sus miradas para ver si es algún conocido.

Las miradas se cruzan de un lado para el otro, algunos sonríen en medio de sus visitas, disfrutando de algún bocadillo que la familia trajo, otros por el contrario, solo miran la felicidad de sus amigos mientras se apoyan en alguna de las paredes esperando que alguien pueda visitarlos, se nota en sus ojos la necesidad de que alguna persona venga a verlos.

  • Fugas

Una de las características del centro de rehabilitación Oasis son los incontables casos de fuga que se han registrado durante los años de funcionamiento.

Lo curioso es que la mayoría  de los escapes fueron por el techo.

“El 27 de noviembre de 2014 se fugó un adolescente por segunda vez del lugar y el 18 de abril de 2015 se reportó que era la octava vez que huía un muchacho. En ambas ocasiones lo hicieron por el techo”, reflejaban las noticias de las crónicas policiales locales.

Otra publicación del 5 de marzo del 2017 decía: “Un menor infractor (…) intentó darse a la fuga ayer en la mañana, el hecho fue impedido por los vecinos de la zona, quienes alertaron a la seguridad del centro, que junto a los grupos Delta y PAC, capturaron en el techo de la institución al adolescente que fue aprehendido y llevado a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc)”.

“Una vez me metí en el bote de basura, un amigo me dio la mano, me ubiqué al fondo del basurero y él me cubrió con la basura, pero los ‘tombos’ (policías) sintieron mi respirar, vaciaron el bote… me pillaron, ese día me metieron al calabozo (celda de castigo) donde estuve castigado por varios días”, recordó.

“En este mes hubo tres fugas repentinas, se continúan con las investigaciones de estos hechos, se busca dar con los culpables y con los cómplices”, declaró el psicólogo del centro, Miguel Santiesteban.  Una de las últimas fugas se registró en el feriado del 15 de abril.

“Un joven que se encontraba en el centro Oasis se ha fugado, aún se investiga cómo logró escapar; sin embargo, se conoce que el mismo alrededor de las 10:00 se encontraba en el patio jugando fútbol y en un instante desapareció”, indica otra publicación de los medios locales, de las tantas que se encuentran.

Cuando eran las 9.30, el joven buscó una banca y una silla, las que utilizó para  obtener altura y aferrarse al poste que está ubicado en una esquina de la cancha, una vez  arriba, comenzó a caminar,  a saltar por los techados de las casas vecinas hasta llegar al quinto inmueble, donde brincó a la acera rumbo a su libertad, aquella que duraría solo dos días.

“Efectivos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) recapturaron a un joven de 19 años, alias Camba, quien se dio a la fuga del centro de rehabilitación Oasis(…), ha informado el responsable departamental de relaciones públicas de la Policía Boliviana, José Yaniquez”, publicaban el 17 de abril los medios escritos de Tarija.

Las miradas se pierden, los jóvenes en su interior quieren ver todo, menos este oasis, del que sueñan salir, donde la rehabilitación aún queda lejana, en un sistema penitenciario decadente, por lo que puede constarse, no solo ahí adentro, sino en las mismas calles, cuando estas personas salen más violentas…

En el mundillo político exterior y en época de elecciones, uno de los temas más sonados es de la seguridad, pero cuando llega el momento de hablar de estos pequeños “oasis”, poco o nada responden, prefieren mirarlos como su nombre lo refleja, como una simple fantasía.

  • Lo que ocurre al interior de Oasis

Un punto olvidado de la sociedad en pleno centro de la ciudad de Tarija

Existen diferentes historias que contar en el “Oasis de ladrillo”,  el Chacho indicó que  “a veces  tienes pleito con algunos “llokallas” (chicos), pero trato de que todos sean mis “friends” (amigos), una vez me “puntiaron” (apuñalaron) con una lapicera, pero después, todo “tranqui”, me acuerdo que a uno de aquí le bajaron las tripas (hicieron una herida) por un pleito, eso salió en las noticias”, revela. 

“Se presume que  los objetos son lanzados desde la calle hacia adentro en horas de la noche”.

Miguel Santiesteban

“Un joven de 18 años se encontraba tomando un baño solo, situación que fue aprovechada por el atacante para darle varias puñaladas en el abdomen. Minutos después, un funcionario policial, que custodia el recinto, socorrió a la víctima y la trasladó a emergencias del hospital San Juan de Dios”, indicaban las noticias, incluso en los portales nacionales.

En el centro Oasis puede encontrar marihuana,  teléfonos celulares y cuchillos, que reclusos obtienen de alguna manera.

 “Se presume que  los objetos son lanzados desde la calle hacia adentro en horas de la noche”, analiza el psicólogo del centro penitenciario Oasis, Miguel Santiesteban.

Los reclusos buscan la hora exacta para consumir la sustancia sin que los policías se den cuenta.

“En un operativo de inspección sorpresa al centro de menores infractores Oasis, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) encontró pipetas, encendedores y marihuana que eran utilizadas al interior de este centro reclusorio para jóvenes”, indicaban las noticias en los medios impresos locales.

El lugar se convierte en un escenario deportivo, donde los jóvenes utilizan su pequeña cancha para disfrutar un partido de fútbol. Entre risas y gritos el juego da inicio.

Hay días específicos donde reciben capacitaciones de carpintería, serigrafía, gastronomía entre otros, como también aquellos que estudian y trabajan fuera del Oasis.

  • Instalaciones

“Las instalaciones tienen 10 habitaciones para 20 personas, pero en la actualidad se cuenta con 35 internos, causando incomodidad, ya que tienen que compartir  desde 3 a 4”.

La Comisión de Desarrollo Humano de la Asamblea Departamental de Tarija, constató en un informe del año 2017 sobre las precarias condiciones en que los internos se restituyen.

Aquel informe de la Asamblea refiere que  de los 41 adolescentes cobijados, 17 duermen en el piso.

”Hicimos una visita oficial al hogar Oasis, en el que se encuentran recluidos menores con problemas delictivos y hemos podido evidenciar con mucha preocupación grandes falencias, porque no existen las acciones y condiciones para que un ser humano pueda convivir en este centro”, referían en el informe.

  • Seguridad

El techo del lugar está cubierto por  mallas de protección, que al parecer son  alambres que ni siquiera están electrificados, no cuenta con cámaras de seguridad y los efectivos policiales no son suficientes para  resguardar el lugar,  si es que en algún momento los jóvenes se amotinan, como ya ocurrió.

“Uno de los menores habría amenazado de muerte a la cocinera de ese centro, lo que fue informado a los policías Huallpa y Apata, quienes intentaron ingresar al agresor a una celda de aislamiento, pero el interno fue defendido por sus compañeros, que agredieron a los efectivos y pretendieron escapar del lugar”, indicaban las agencias de noticias respecto a otro intento de fuga.

El administrador del centro Oasis, Herlán Vallejos, informó que  cuentan con cuatro guardias de seguridad para vigilar a todos los internos y además hacer el control de quienes ingresan o salen de este recinto.

“Se tiene mucha precaución al momento de hacer ingresar alimentos, pero también se tiene el dato de la necesidad de instalar cámaras de seguridad”, admitió.

El reloj marca las 18:00 horas y el guardia comienza a gritar ¡hora! Las visitas empiezan a despedirse, entre abrazos, besos y lágrimas, prometiéndole retornar la semana que viene y traerles aquello que les encargaron.

Chacho se despide, con una mirada tan tierna que, sin decir nada, espera que vuelvan a visitarle.

Algunos solo miran la puerta, otros se aferran a las rejas quedándose ilusionados de  haber recibido una visita, otros comienzan a sacarse la polera y al ponerla en sus hombros, se dirigen hacia el comedor para ver si alguno comparte lo que trajeron o para hablar de la chica más  linda que vieron en la tarde de visitas.

Te diriges a la puerta de salida y es allí en donde se encuentra un policía sentado en su escritorio, quien espera para devolverte tu documento de identidad.

Das cinco pasos más y ves a un guardia que te abre la puerta para que puedas salir del lugar. De esta manera, termina la tarde de visitas en el “Oasis de Tarija”.

La tarde está soleada, el viento sopla una brisa suave y serena. Las personas comienzan a salir, la mayoría se dirige a la tienda que está cerca para recoger sus llaves y teléfonos celulares, ya que está totalmente prohibido ingresar al reclusorio con estos objetos, pero con la condicionante de comprar algo de por medio.

“El Oasis es como el colegio y la grande -la cárcel de Morros Blancos- es como la universidad”, dijo Chacho mientras se encontraba sentado en el patio de visitas, con una voz gruesa y la mirada hacia la puerta de salida, recordó que este año es de su libertad,  esperando  que uno de estos días, alguien de su familia lo venga a visitar.N

  • El  código “coba”

 El coba es el código por el que se comunican los jóvenes de las diferentes pandillas como también los que se encuentran dentro del centro Oasis.

“Usando estas palabras la gente no puede entendernos y aparte esto suena ‘bigotes’ (bueno)”, revela el Chacho. 

El reportaje fue realizado por los estudiantes de la materia Investigación Periodística  de la Universidad Privada Domingo Savio a cargo del docente, Daniel Rodríguez.

Los estudiantes que realizaron este reportaje son: Alexander Claure Daniela Subia y Eunice Velarde. Todos los trabajos fueron supervisados por el equipo de trabajo de Verdad con Tinta.

Redacción Central
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