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Roxana Romero: “Quería dedicar mi vida a contribuir para mejorar la calidad de vida en mi país”

La joven trabajó en la implementación de políticas públicas y fomento al desarrollo productivo en Tarija, como una medida para erradicar la pobreza

Tiene 35 años y desde muy joven su objetivo de vida estaba claro: cambiar la realidad de las personas.

Quienes la conocen saben que es una persona alegre, positiva y solidaria, pero para ella, la mejor forma de describirla es como una “chapaca de pura cepa”.

“Amo Tarija”, continúa, “y si estoy fuera es para capacitarme y luego volver con más ganas para aportar a mi tierra”, asegura desde el frío invierno de Leith, en Escocia.

Roxana dejó su terruño en múltiples ocasiones, pero siempre con el fin de capacitarse, y siempre pensando en volver.

Fue así como el 2013 volvió a Tarija luego de “varios” años de estudio en Escocia y Francia, para sumarse al equipo de la Secretaría de Desarrollo Productivo de la Alcaldía, para desde la agricultura, cambiar la vida de los tarijeños que se dedican a esta práctica, especialmente en el área rural.

“Cuando era niña, al ver tanta pobreza en Bolivia, sabía que quería dedicar mi vida a contribuir para mejorar la calidad de vida de la gente de mi país, especialmente de Tarija”, dice respecto a su interés por lo social. Sin embargo, no siempre tuvo en claro que su aporte vendría desde la productividad.

“Estudié Política, Relaciones Internacionales y Economía en la universidad y luego hice una maestría en Economía y Sociedad, Acción Pública y Acción Social”, explica sobre su formación profesional, pero asegura que pronto se dio cuenta que aunque esto la acercaba a su objetivo de vida, ella sentía que se quedaba inmersa en el campo de la teoría. Aquello la impulsó a regresar a Bolivia hace siete años, para desarrollar su potencial en la práctica.

A lo largo de los cinco años que permaneció en Tarija, su trabajo se centró en fortalecer a los productores tanto del área urbana como de las zonas rurales. Capacitaciones, talleres y ferias, fueron parte de su día a día los 365 días del año.

“Roquito”, como le dicen sus amigos y todo el que la conoce en su terruño, trabajó arduamente para generar oportunidades y dignificar el trabajo de los agricultores tarijeños, así como en desarrollar programas de apoyo para jóvenes del campo con el objetivo de evitar la migración campo-ciudad.

La joven recuerda que hicieron un programa de transformación, donde las familias campesinas aprendían a convertir su propia materia prima para agregarle valor e incrementar sus ingresos. “Una vez que ellos aprendían a producir transformados, los invitábamos a participar en el programa Incubadora de Empresas”, continúa,  “el ganador del primer capital semilla de la incubadora fue un emprendimiento rural”, relata emocionada.

Este tipo de iniciativas fomenta no solo el trabajo en las áreas rurales, sino que contribuyen a lograr un desarrollo  territorial con identidad, potenciando los productos y sabores de la región, algo que enorgullece a Roxana y que en esta región es palpable gracias a la marca Tarija Aromas y Sabores.

En el primer mundo, aunque las cosas suelen ser diferentes, Roxana explica que la soberanía alimentaria, pobreza, conexión con la naturaleza y el cambio climático, son problemáticas universales, abordadas de diferente manera.

Así, mientras en Tarija se desarrollan talleres de conservación de alimentos como una alternativa para generar valor agregado a la producción y para que los agricultores puedan conservar alimentos en caso de que exista un desastre natural, en Leith organizan capacitaciones para evitar el desperdicio de los mismos.

“Es una estrategia similar la que se implementa, pero en entornos diferentes y para abordar problemas sociales muy diferentes”, agrega Romero.

“En la organización donde trabajo actualmente incentivamos el consumo de productos locales y la agricultura urbana, debido a que la mayoría de los alimentos que se consumen aquí son importados”, dice a modo de explicar que su consumo conlleva altas emisiones de dióxido de carbono. Por ese motivo, decidieron promover la agricultura urbana como una alternativa para promover una alimentación saludable, inclusiva, sostenible y de re-conexión con la naturaleza.

Para Roxana, la agricultura urbana es posible en cualquier parte del mundo y trae múltiple beneficios para el medio ambiente.

Lo único que se necesita es un espacio de tierra, semillas y buena voluntad. De hecho en Bolivia, Fundación Alternativa tiene un proyecto en Youtube que se llama “Cooltivemos” que brinda todas las pautas para empezar.

La joven espera volver pronto a su tierra para continuar sembrando más oportunidades que cambien la vida de la gente y que ayuden al medio ambiente. Mientras tanto, es feliz sembrando para enseñar agricultura urbana en la lejana Leith.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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