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El ecosistema emprendedor, la pandemia y el Estado ausente

Pese al impacto de la pandemia en la economía, esta ha creado las condiciones ideales para potenciar el ecosistema emprendedor que se desprende de la tecnología

Los impactos de la COVID-19 en la economía aún son difíciles de predecir y calcular. Sectores como la hotelería y turismo, dos de los rubros más dinamizadores de la economía, han sufrido pérdidas que rondan los tres billones dólares a nivel mundial.

Pero en la otra vera de la crisis, empresas tecnológicas como los servicios de entrega o delivery, han repuntado no solo aumentando sus ingresos, sino ampliando su potencial de expansión gracias al cambio en los patrones de consumo y en la acelerada demanda.

Ruptura Bolivia, una organización que nace en medio de la pandemia con el fin de intercambiar preguntas, ideas y proyectos del emprendedor y empresario boliviano, pretende responder creativamente a los desafíos de una transformación digital apresurada.

Así, esta organización realizó un diagnóstico sobre el ecosistema emprendedor boliviano, para elaborar una guía que dibuje los desafíos para surcar  el escenario post-pandémico.

En este escenario, cuando hablamos del ecosistema emprendedor, nos referimos a aquellos emprendimientos dinámicos o  con base en la innovación y tecnología; con proyección de crecimiento, generación de empleo  y atracción de talento.

Gonzalo Castellanos Ramallo, economista y master en gestión de la innovación y  el emprendimiento de la Universidad de Mánchester, es uno de los miembros fundadores de Ruptura.

Su trabajo, tanto como su formación profesional, se han centrado en los últimos seis años en el área del emprendimiento e innovación, siendo su aporte fundamental en este ámbito en el país, donde ha pasado de ser un emprendedor, a un impulsor de este ecosistema.

“Cuando empezamos a hablar de estos temas hace unos cinco o seis años, era realmente incipiente en Bolivia; no habían los instrumentos de apoyo  ni el conocimiento de las metodologías”, asegura Castellanos, quien apoyando a los entes gubernamentales tarijeños y nacionales, ha sido gestor  y  facilitador  de las incubadoras como de las aceleradoras de empresas que hoy empiezan a proliferar  en la región.

Para Castellanos, el ecosistema emprendedor viene creciendo de manera sostenida desde hace siete u ocho años, aunque de forma “muy lenta”. Desde su lectura, este letargo en su crecimiento se debe, entre otras cosas, a la “gran” ausencia del Estado.

A diferencia de países vecinos como Argentina, Perú y Chile, Bolivia no solo no tiene una instancia gubernamental que incentive el emprendimiento, sino que hasta hace poco, carecía de financiamientos destinados para dicho fin.

“En todos los países se han generado instituciones como las Agencias de Innovación y Emprendimiento. Podemos hablar de Startup  en Chile; Impulse, en Colombia o Innóvate Perú”.

Establecer una empresa S.R.L en el país demora cerca de 40 días y tiene un costo que oscila entre los 2000 y 3000 dólares.

Bolivia es de los pocos países de la región en los que el Estado aún no ha puesto los ojos en la implementación de una instancia de estas características, siendo un factor no menor a la hora de hablar del desarrollo del ecosistema emprendedor boliviano.

Fruto de aquello, el país se encuentra en el puesto 58 a nivel mundial dentro del Índice de Condiciones Sistémicas para el Emprendimiento Dinámico, y en el lugar 13 en Latinoamérica, superando únicamente a Venezuela o Guatemala, países que están en los puestos 14 y 15 del ranking respectivamente.

Pese a la ausencia del Estado, el crecimiento orgánico ha sido constante y ha tenido avances que, aunque lentos, han sido significativos.

“Eso lo podemos ver en la cantidad de actores en el ecosistema”, afirma Gonzalo, quien expone que hace siete u ocho años no había ni una sola incubadora de empresas en Bolivia, mientras que ahora el país ya acumula una decena, más un ramillete de aceleradoras  que se han asentado en el territorio nacional.

Aún así, crear empresas en Bolivia es burocrático y caro. Establecer una empresa S.R.L en el país demora cerca de 40 días y tiene un costo que oscila entre los 2000 y 3000 dólares, siendo uno de los más elevados de la región latinoamericana.

A lo anterior se suma el que la legislación y regulación de empresas de innovación tecnológica es nula o deficiente, siendo los vacíos legales un obstáculo para el avance y crecimiento de las mismas.

La pandemia

Aunque la pandemia ha golpeado duramente a diversos sectores de la economía, estos meses también han sido el escenario que ha visto crecer a un importante número de emprendimientos dinámicos con base digital, como Yaigo y Mamut.

“La crisis ha afectado a varios sectores, pero de acuerdo a este estudio, los menos afectados han sido los emprendimientos de base tecnológica”, dice sobre el trabajo elaborado por Ruptura Bolivia.

“En algunos casos, inclusive los beneficia”, agrega refiriéndose especialmente a las empresas de comercio electrónico, las que en pocos meses, han logrado una demanda que les hubiese tomado “varios años” generar.

Sin embargo, fuera del e-commerce, una reciente investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la región, revela que alrededor del 50% de las personas que estaban poniendo en marcha un emprendimiento interrumpieron el proceso, mientras que 8 de cada 10 empresas de reciente creación, sufrieron caídas importantes en sus ventas.

Desde un punto de vista sectorial, el efecto fue más pronunciado en el turismo y entretenimiento, donde cerca de 90% de los emprendimientos dejaron de facturar”.

Los desafíos

Los desafíos en el escenario post-coronavirus son múltiples, pero Gonzalo insiste en que también son oportunidades de “crecer y mejorar”.

Ruptura ha identificado siete, como sus principales desafíos:

1. Estimular la actividad del emprendimiento dinámico y amortiguar la caída de ingresos de las empresas nacientes post COVID-19 .


2. Potenciar a los emprendedores bolivianos a través de educación de talla internacional que conjugue: habilidades blandas, conocimientos de negocios y capacidades para la aplicación de tecnologías emergentes.

3. Crear instituciones e instrumentos público-privados para dinamizar el emprendimiento dinámico y de base tecnológica.


4. Potenciar con recursos a incubadoras y aceleradoras de esta forma desarrollar la cadena de valor colaborativa que elimine duplicidad e incentive sinergias.


5. Desarrollar la industria de capital emprendedor en el país y vincularnos a fondos regionales.

6. Estimular alianzas entre grandes empresas y startups o emergentes para acelerar la innovación.


7. Desarrollar informes de data colaborativa que puedan contribuir al desarrollo comprehensivo del ecosistema con actores internos y externos.

El primero, tal vez sea uno de los más importantes a corto plazo, teniendo en cuenta que la Cámara Nacional de Industrias (CNI) reportó en abril de este año que 90.000 empleos (85% del total) y 29.000 empresas (83% del total), paralizaron operaciones por  COVID-19 y se encuentran en situación crítica de decrecer o desaparecer.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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