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(des)información y comunicación política en Bolivia.

Las “fake news”o noticias falsas, se insertan en la nueva normalidad digital en la que vivimos. Si bien las noticias falsas han existido siempre, es la expansión de la tecnología y los diferentes canales y plataformas disponibles de acceso a información, la que hace que esto parezca nuevo y abrumador.

Las noticias falsas se configuran en una actitud procedimental y táctica de la política, y su análisis tiene dos perspectivas: en primer lugar, el entender a las noticias faltas como herramienta que utiliza el emisor para “etiquetar” a medios de comunicación y periodistas que no concilian con sus intereses, valores e ideologías; y en segundo lugar, entender a las fake news como una categoría más general en términos de desinformación Vs verdad, hechos que buscan imitar procesos periodísticos y noticiosos, pero que no cumple con criterios de veracidad.

Las noticias falsas entendidas como etiqueta o como desinformación, suponen una relación cada vez menos cordial de la política con los medios, así como de la política con la verdad. Mario Riorda, un activista de la comunicación política, suele destacar que la mentira forma parte de la cotidianidad política, entonces, entendemos que la desinformación desde la política no es inocente, es instrumental y esto supone que existe una intención de sacar ‘ese algo más a favor’ con un objetivo concreto.

No sería poco común escuchar que en un proceso electoral se usa la desinformación para tratar de ganar espacios de persuasión en un lapso de tiempo limitado, buscando enfatizar o resaltar atributos o hechos que son verosímiles pero no ciertos, para marcar algunos contrastes a su favor. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el enunciante es el gobierno?, ¿cómo se embrinca las noticias falsas y la desinformación en la comunicación política y más específicamente en la comunicación gubernamental?

En el caso actual boliviano, encontramos que desde inicios del gobierno de transición de Jeanine Añez, Bolivia Verifica publicó en su trabajo periodístico 24 noticias, entre falsas y engañosas, cuya fuente de información fue la presidenta o voceros del gobierno, la mayoría, a partir de la segunda quincena de Julio.

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Esto se da en un contexto en el cual los niveles de disenso amenazan la estabilidad misma del Gobierno, en un contexto en donde el país demanda certidumbre, consenso y políticas públicas que nos permitan mermar el riesgo de la pandemia. Es aquí cuando de manera desafortunada, el Gobierno aumenta los niveles de polarización con el Movimiento Al Socialismo, e incrementa su “álgo más” en la información, desinformando.

¿Cuál es el punto de convergencia de la desinformación con la comunicación política?, la hipótesis, es que se da cuando la política utiliza a la desinformación como un elemento táctico o estratégico.

A diferencia de la comunicación gubernamental, que se basa en la construcción de consenso, la comunicación electoral se gesta en un objetivo de suma cero y, ante la posibilidad de ser presidente/a y candidato/a, en muchas ocaciones se superponen los objetivos comunicacionales de los gobiernos, utilizando a su favor los elementos de la comunicación electoral.

¿Presidenta o candidata? . En las ultimas intervenciones de la presidenta Jeannine Añez– discurso del 6 de agosto y entrevistas a medios- se verificó contenido falso y engañoso con el objetivo de generar una percepción positiva de la gestión. La presidenta fue vocera del 33% del contenido engañoso emitido por el gobierno y vocera del 29% de contenido falso emitido por el gobierno, ambos analizados por Bolivia Verifica.

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El impacto está en la cualidad que tiene la política para ser un multiplicador de voces, y en la legitimidad que esas voces emanan cuando se trata de gobiernos, ya que sus enunciados representan, en principio, a una mayoría democrática.

Entonces preocupa la generación abrumadora de noticias falsas y desinformación, así como su impacto en las democracias. Por un lado, entendiendo a las noticias falsas como etiqueta, debemos advertir los riesgos en torno a la censura a la prensa y la libertad de expresión; y desde la desinformación -caso que abordamos en particular-, a cuestionarnos acerca de los criterios de representación de intereses. Ambos casos se convierten en un instrumento político en las democracias, para mermar los valores democráticos.

Esta normalización de la política como parte de la desinformación, exige un proceso activo de deconstrucción a cargo de la ciudadanía.

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