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Gestos de solidaridad en centros de acogida de Tarija

Hay hogares que pese al escaso apoyo de las instituciones públicas, subsistieron por el aporte voluntario de cientos de personas escondidas bajo el anonimato

Ellos ya estaban en una situación de vulnerabilidad en los hogares de acogida y quedaron ahora más expuestos con el ingreso del enemigo desconocido que paralizó el mundo: el coronavirus.

Verdad con Tinta desnuda parte de su realidad, reflejando cómo los cimientos de estos centros se mantuvieron firmes en época de crisis, gracias al aporte silencioso del voluntariado.  

El ruido que tranquiliza

Mery Acuña es la encargada del hogar Moisés Navajas, quien explica que este centro que cobija a niñas, no pasó por tantas dificultades en cuanto a recursos desde el inicio de la cuarentena. “La comida no ha faltado ni un día”, resalta.

Asegura que el presupuesto que maneja el hogar para alimento, medicinas y limpieza, ha sido “suficiente”.

“El apoyo del Sedeges ha sido constante”, acentúa Mery, al acotar que además han recibido ayuda de particulares también.

La institución departamental responsable de administrar el apoyo a estos centros de acogida es el Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), dependiente de la Gobernación.  

“Un grupo de señoras vino y nos donó barbijos, también vienen otras personas, pero la mayoría de las veces no dejan su nombre”, explica.

Los principales problemas del hogar fueron evitar el contagio y combatir el ocio de las niñas. Lograron habilitar cuartos de aislamiento en el caso de que alguna niña se contagiara, “cosa que hasta ahora no pasó”.

Para minimizar el riesgo de contagio, el personal tiene que sacrificar gran parte de su tiempo para cumplir los plazos que aseguran no haber contraído el virus.

Los turnos se hacen así: las trabajadoras rotan cada quince días, lo que implica separarse de sus familias todo ese tiempo y quedarse en el hogar a cuidar a las niñas.

Una vez terminados los quince días, el personal regresa la misma cantidad de tiempo a sus casas. Antes de la cuarentena, las rotaciones eran de solo dos días.

Respecto al ocio, todas las niñas tuvieron que dejar sus escuelas por un tiempo.

“No salen nunca, antes solo lo hacían para el colegio”. Según Mery, esta es de las acciones  que más las afectó en el inicio de la cuarentena.

Las niñas ya retomaron las clases a distancia. “Los maestros hacen llegar tareas. Otras pasan clases virtuales”.

El hogar cuenta con una sala de computadoras, donde las niñas cursan sus clases al mismo tiempo.

Un gran inconveniente para Mery fue que ella debía representar a las 42 niñas en cada grupo de WhatsApp de padres y alumnos.

Para lograr el contacto con las familias de las niñas, semanalmente se organizan para que puedan hacer una llamada a un allegado. “Las hacemos hablar con sus familiares y con sus hermanitos de otros hogares”.

Por último, Mery afirma que “el ruido de la calle las tranquiliza”, pues es una señal de que afuera las cosas “van cambiando”.

Unión de fuerzas, corazones y voluntades

La hermana María del Carmen Laguna es la madre superiora del Hogar de Ancianos Teresa de Jornet, uno de los centros de acogida que más dificultades pasó a causa de la pandemia.

Siete adultos mayores perdieron la vida a causa del contagio interno, que llegó a afectar a 54 de los 126 asilados que cobijan.

La hermana María cuenta que, más allá del contagio, la afectación emocional no pasó desapercibida en el hogar.

“Los trajes e implementos de bioseguridad usados por el personal, hacían sentir temor en los abuelitos, aumentaban la distancia”.

El apoyo moral y espiritual realizado por el personal del asilo, es uno de los puntos que destaca.

“Lo bello ha sido el aporte de la psicóloga, que constantemente ha brindado apoyo emocional, moral y psicológico; y el padre Miguel, que reside aquí, los ha ayudado espiritualmente, porque los abuelitos son profundamente religiosos”.

Hubo ancianos que abandonaron el hogar para irse con sus familias, concretamente catorce.

“Han llevado a sus abuelitos, pero es una medida temporal, ellos van a volver”, recalca la religiosa.

Expresa que se siente profundamente agradecida con la población e instituciones por el apoyo recibido.

“La congregación Monseñor Jorge Ángel, el Sedeges, Caritas Boliviana y otras familias lograron una unión de fuerzas, corazones y voluntades”, resalta la religiosa.

“Las hermanitas, las religiosas nuestras han estado ahí cercanas como buenas samaritanas, han estado con los abuelitos de día y de noche cuidándolos”, agrega.

El 10 de septiembre, el hogar de ancianos Teresa de Jornet se declaró “libre de COVID-19”.

Opinión de una voluntaria

Verdad Con Tinta entrevistó a Silvia Moscoso, voluntaria regular en los centros de acogida, quien pese a las limitaciones por la cuarentena, vio la manera de seguir aportando con su granito de arena.

“Al que más cercana soy es al hogar Santa Teresa Jornet que acoge ancianos, pero también estoy en contacto con los niños del centro Sagrada Familia y con La Colmena que acoge a enfermos por adicciones”, relata la voluntaria.

Silvia cuenta que, a pesar de la pandemia, ha mantenido el contacto con dichos hogares, pero desde la distancia. 

Sin visitarlos, dice que ha estado pendiente de su situación para pedir ayuda si lo requerían.

Centró su atención en el hogar de ancianos Teresa de Jornet, por ser el único que el virus logró golpear.

“Debo reconocer que el Sedeges ha tenido una actuación incomparable en esta pandemia con el hogar de ancianos, casi todas las hermanas cayeron con el virus y esta instancia apoyó con una doctora que estuvo a cargo de todo”, cuenta.

Sin embargo, la situación de La Colmena fue distinta. “No sucedió lo mismo ahí,  donde el padre Alejandro batalló sin apoyo oficial y apeló a la solidaridad de personas que saben la gran labor que desarrolla”, dice.

Aunque resalta la actuación del Sedeges, Silvia cree que los recursos que esta entidad destina a los hogares no son suficientes.

“Lo que el Sedeges da no es suficiente”, afirma e indica que los hogares de acogida tienen una beca diaria por asilado que no alcanza para cubrir los gastos. “Sin solidaridad sería imposible pasar el mes”, admite.

Según Silvia, la solidaridad de la población es un elemento importante en la subsistencia de los hogares de acogida.

“Hay mucha gente que apoya con lo que puede,  les llega algo de víveres de familiares o amigos de cada hogar, por lo menos gotea y ayuda”.

Alejandra Marcili es jefa de la Unidad de Asistencia Social, ella explica que la beca diaria de los hogares se calcula en base al menú propuesto para cada mes.

“Dependiendo del menú y de los descargos, les realizamos el pago mensualmente”.

Los hogares de administración directa reciben comida en lugar de recursos económicos, además, dice que ese presupuesto es solo para comida, para medicamentos “se maneja otro”.

La funcionaria también destaca el papel de la ciudadanía. “La población ha ayudado con sus donativos, hicimos un equipo de contención para desinfectar diariamente las ayudas”.

“Creo que cada persona tiene que nacer, crecer y morir en su casa y con su familia”, acota la funcionaria respecto a la situación de personas que son abandonadas por sus allegados.

Sobrevivir gracias a los amigos

El padre Alejandro Fiorina es el encargado de La Colmena, hogar de acogida para personas que sufren adicciones.

Él cuenta que, junto con todos los asilados, pasaron por momentos difíciles durante la cuarentena, principalmente por la falta de recursos económicos.

“Tuvimos que hacer economía, tomamos leche y dejamos de comprar carne, entre otras cosas”, admite.

La Colmena cuenta con 75 personas asiladas y dos de personal. “Siempre estamos llenos, por la cuarentena llegamos a recibir a gente de la calle también, si no es aquí ¿dónde los van a recibir?”, cuestionó el religioso.

La voluntad de servicio del padre Alejandro lo ha llevado a tener el establecimiento siempre lleno. Aun así, no siempre puede ayudar a todos.

“Algunos duermen en los comedores o en colchones en el suelo. He tenido que rechazar a otros”, confiesa porque, de ser demasiados, no alcanzarían los recursos.

Como otros hogares, La Colmena también recibe una beca diaria del Sedeges para la comida de los asilados.

Son Bs 8 por persona de un total de 60 que están asilados ahí. El monto de esta pensión no bajó, pero tampoco incrementó en época de cuarentena.

“Estoy agradecido, creo que siempre hay que vivir con lo justo y no pido más”, dice el religioso, sobre al ser interrogado por el escaso apoyo que recibe desde la Gobernación por medio del Sedeges.

Sin embargo, y con las dificultades ya mencionadas, el padre asegura que el principal aporte para el hogar llegó por otros medios.

“La oración ha sido nuestro principal apoyo, hay gente que se acuerda y ora por nosotros”, dice agradecido, y “después la ayuda de voluntarios o grupos, amigos más que voluntarios: gente particular”, acota.

No están solos

A pesar de sus limitaciones, los hogares han logrado salir a flote durante la pandemia de COVID-19.

Solo uno en todo el departamento ha sufrido un contagio interno y, a pesar de significar siete pérdidas, logró la recuperación de  los demás contagiados, algunos con más de 100 años.

El personal administrativo de cada hogar ha tenido que hacer un sacrificio extra, dando de su tiempo y exponiéndose a un posible contagio también.

La solidaridad de los ciudadanos, más que un alivio, fue determinante para aquellos hogares que más la necesitan.

En el caso de La Colmena, la ayuda desinteresada permitió que el padre Alejandro ayude a cuantos pueda con los recursos disponibles y continúe manteniendo a los asilados más antiguos.

Tal como mencionó la hermana María del Carmen Laguna, la “una unión de fuerzas, corazones y voluntades” de los pobladores e instituciones de Tarija lograron consolidar un apoyo significativo para los hogares de acogida.

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