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Secuelas electorales en pandemia: El discurso político basado en la creencia y no en la ciencia

Ivermectina, dióxido de cloro y otros productos denominados “milagrosos”, fueron repartidos en campaña con una buena dosis de desinformación, pero ¿qué se sabe de ellos?

“Esta sustancia te va a oxigenar la sangre”, dice confiado en un video tutorial sobre el dióxido de cloro el abogado David Galdo, quien fue candidato a diputado por Tarija por el Partido Acción Nacional Boliviano (PAN-Bol).

Como Galdo a lo largo y ancho del país, cientos de candidatos, tanto en las elecciones generales de 2020 como en las subnacionales de 2021 ofrecieron diferentes productos que suplieron a las gorras, llaveros, baldes y camisetas, característicos de otros procesos electorales.   

“Vamos a distribuir con alguna orientación de profesionales en este tema, por supuesto en salud, bajo asesoramiento de ellos vamos a distribuir”, dijo en agosto de 2020 el candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), Leonardo Loza, cuando distribuyó dióxido de cloro en la región del Chapare cochabambino. Loza ahora es senador por Cochabamba.

Bolivia atravesó dos procesos electorales entre octubre de 2020 y abril de 2021, mismos que antecedieron a la segunda y tercera ola de coronavirus. El clima electoral dio cancha para la búsqueda del voto “a cualquier precio”.

Como bandera política fueron regalados en tiempos electorales una serie de productos no avalados científicamente para combatir el coronavirus. Estos productos fueron recibidos con una fuerte dosis de esperanza por las personas beneficiarias, pero los milagros no se dieron y nuestro país ingresó tras los periodos electorales, en agresivas olas de la pandemia de COVID-19.

El incremento de casos, combinado con la inmersión en el campo de la desinformación que incluye curas milagrosas, conllevó en complicaciones en los cuadros clínicos de los contagiados e incluso, intoxicación.

“Acaba de ingresar una jovencita a terapia intensiva que está muy complicada y ha tomado dióxido de cloro en cantidades apreciables”, reveló el jefe de terapia intensiva del hospital San Juan de Dios de Tarija, Roberto Mérida Maldonado, tras ser contactado para una entrevista en el mes de mayo de este año.

Mérida indicó que solo en la primera oleada el 85% de pacientes de COVID-19 que fallecieron en la Unidad de Terapia Intensiva del hospital San Juan de Dios de Tarija había tomado dióxido de cloro. 

El dióxido de cloro estuvo muy inserto en la narrativa popular del año 2020, cuando la desesperación por la falta de un medicamento o una vacuna que cure la COVID-19, generó una fuerte presión al poder político, que entre la desinformación, las creencias sin sustento científico y un cálculo político por una elección venidera, decidió dar un paso que otros países no dieron.

La Asamblea Plurinacional, encabezada por la senadora Eva Copa Murga, promulgó el 14 de octubre de 2020 la Ley de Dióxido de Cloro, regulando su producción y distribución, contra todo argumento esgrimido por la comunidad científica o la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Tras las elecciones subnacionales de 2021, la misma Eva Copa como alcaldesa electa en la ciudad de El Alto lleva consigo la promesa de regular la distribución del dióxido de cloro en esa urbe.

“Estamos mandando una propuesta -de ley- al Concejo Municipal para el uso. Queremos evitar lo que ha pasado en la primera ola en nuestro país, pues se ha satanizado mucho el uso del dióxido de cloro. Se va a usar con consentimiento informado y de una forma voluntaria para evitar que este líquido sea vendido irregularmente”, dijo el 18 de mayo de 2021 la ahora alcaldesa de El Alto.

Multitudinarias concentraciones políticas en Tarija durante las campañas en las elecciones subnacionales 2021. Verdad con Tinta.

“Ivermectina para la gente”

“Vamos a distribuir desde el primer día ivermectina, sin considerar que esto sea una vacuna ni nada por el estilo, pero baja la carga viral y eso está comprobado, ya absolutamente comprobado en el mundo”, prometió el candidato a la Alcaldía tarijeña, Johnny Torres Terzo, en el debate electoral de Tarija realizado el primero de marzo.

Torres de la alianza Unidos por Tarija fue electo alcalde y una de sus primeras acciones, fue precisamente la distribución del fármaco antiparasitario. “Vamos comenzar a distribuir ivermectina de manera masiva a la población, yo sé que eso no es una cura, ni una vacuna, pero sí es un antiviral poderoso que va a bajar los efectos de la COVID”, dijo en su primer discurso como alcalde.

Para este reportaje consultamos al nuevo secretario de Salud de la Alcaldía tarijeña, Paul Mendoza Pino, cuál el sustento científico para distribuir este producto entre la ciudadanía, pero la autoridad no respondió a nuestra inquietud.

Torres no fue el único que promocionó el consumo de la ivermectina en la contienda electoral, también lo hicieron desde las casas de campaña del Movimiento Al Socialismo (MAS).

“Dando continuidad a la campaña ‘Unidos por la salud y la vida’, el candidato a alcalde Erik Mollinedo y candidatos a concejales proveen de ivermectina a los vecinos en los barrios”, resalta una publicación del 7 de enero en Facebook del MAS, promocionando al postulante por este frente a la Alcaldía de Cobija, Pando.

Distribución de ivermectina a comerciantes de parte del candidato a gobernador de Pando por el MAS, Erik Mollinedo, según resalta el arte publicitario de este frente para las redes sociales.

Dentro del ecosistema de promotores de curas milagrosas en época electoral, destaca la entonces candidata y alcaldesa interina de Santa Cruz de la Sierra, Angélica Sosa Arreaza.

En medio de un rol poco claro, entre campaña y gestión, Sosa fue una de las principales impulsoras del consumo de ivermectina en el país. Encabezó visitas a los barrios regalando el fármaco y llevó su propuesta de supuesta solución contra la COVID-19, hasta la sede de Gobierno.

«Estamos yendo casa por casa, dando ivermectina, vitaminas para tratar de disminuir la curva de contagio», dijo la entonces alcaldesa en enero de 2021.

Para este trabajo realizamos una base de datos que monitoreó más de 50 publicaciones en Facebook durante la campaña política, donde se menciona la ivermectina, la hidroxicloroquina, el dióxido de cloro y otras curas “milagrosas”, como soluciones mágicas contra la COVID-19.

La distribución de ivermectina antes de cada proclamación fue una especie de anzuelo para miles de personas que asistieron a eventos multitudinarios.

Para el analista político Gonzalo Ávila Sánchez, pesó la antigua tradición electoral de exponer quién tiene más poder de convocatoria pese a que las circunstancias sanitarias lo desaconsejaron. “Mostrar las masas para ver quién tiene más fuerza”, dominó en ese periodo sin sopesar el efecto adverso que podría significar.

Entregar curas milagrosas parecía funcionar en dos sentidos, por un lado atrayendo a la gente desesperada por atención ante la enfermedad y por otro, prometiéndoles quedar exentos de contagio.

La apreciación, la pudimos rescatar de entrevistas con asesores políticos, dirigentes de campaña y militantes de tres frentes políticos que participaron en las elecciones subnacionales en Tarija y Santa Cruz. Estas personas por miedo a perder sus fuentes laborales, pidieron mantener sus identidades en reserva.    

¿En qué se fundamentan estos discursos? Los políticos mencionan en reiteradas ocasiones a “la ciencia”, como el caso de Torres o Sosa, entonces, es importante ver qué dicen los expertos en el tema.

El alcalde de Tarija, Jhonny Torrez Terzo, es uno de los principales impulsores en el país del consumo de ivermectina. En la imagen se lo ve junto a kits de este producto, cuando aún fungía de subgobernador de la provincia Cercado. 

Lo que dice la ciencia

Más allá de las promesas electorales, la ciencia tiene resultados concretos, alejados del sentir popular.

El científico boliviano de formación en investigación clínica, básica y medicina transnacional en la Universidad de Harvard, Omar Gandarilla Cuéllar, refiere que en estos casos la creencia se impone a la ciencia.  “Si lo haces sin datos no es evidencia, sino creencia”, responde el médico.

Gandarilla actualmente es investigador asociado en hematología y oncología en la Universidad de Cornell de New York, Estados Unidos, es presidente de la fundación Clubes de Ciencia Bolivia y miembro del Directorio de la Fundación Science Clubs International.

En un contacto vía Zoom, el científico explica pausadamente las fases que debe pasar un medicamento para llegar a ser recomendado su uso en contra de algún tipo de enfermedad.

Para el investigador es “entendible” lo que ocurre no solo en Bolivia, sino en diferentes países en vías de desarrollo con el uso de medicamentos que científicamente no han sido probados.

“La gente dice ‘no, eso toma mucho tiempo, las personas se están muriendo’”, relata respecto al sentimiento común en estas regiones, donde se tienen sistemas de salud precarios, sin la atención oportuna, lo que impulsa a creer en este tipo de productos que tienen una fuerte dosis de esperanza.

En estas situaciones, es difícil que la mayoría de la población, en países como Bolivia, espere los procesos que debe pasar un estudio científico para tener un resultado sobre la efectividad o no de un determinado medicamento.  “Pero con la ciencia no se puede tomar un atajo”, aclara.

Pese a esto, Gandarilla cree que en el caso específico de la ivermectina hubo el tiempo suficiente para hacer estudios cumpliendo todas las fases que exige el rigor científico, tomando en cuenta que ya pasó más de un año de la pandemia, pero la mayoría optó por “saltar fases”.

Un estudio de rigor científico inicia con las pruebas en laboratorio con células, fuera de organismos vivos “in vitro”. Si los resultados son positivos, se pasa a las pruebas en animales.

Si el resultado da mayores indicios en la prueba en animales, recién se pasa a experimentar con un grupo reducido de humanos.

En la siguiente fase, se ingresa a la prueba masiva en humanos donde se incluyen los placebos para hacer las comparaciones. Un placebo es una sustancia que carece de acción curativa, con la que se hace creer al paciente que se le está dando el remedio que es parte del ensayo, de forma que los resultados sean comparados con quienes realmente lo tomaron.

Tras realizar estas pruebas, los resultados son verificados por otros expertos o pares que evalúan los procedimientos realizados, de ser aprobados los ensayos, el estudio es publicado en una revista científica.

En el caso concreto de la ivermectina, “no existen datos fuertes” que sirvan para prescribirla, pues los estudios cotejados no dieron resultados que reflejen cambios en el organismo de las personas que la toman, explica Gandarilla. Situación similar ocurre con la cloroquina/hidroxicloroquina.

Gandarilla menciona que el estudio más serio sobre la ivermectina fue realizado en Colombia, donde se cumplieron con los protocolos de rigor.

“Un estudio de seguimiento que se hizo acá en Colombia en la ciudad de Cali, no mostró beneficio en ninguno de los aspectos que fueron medidos”, nos explica Henry Mendoza, quien es director científico en Hemera Unidad de Infectología IPS en Bogotá.

Mendoza nos explica mediante un contacto telefónico que las pruebas realizadas con ivermectina reflejaron que este producto no evitó la progresión de la enfermedad, la infección, la mortalidad y la estancia hospitalaria. “Todo eso siguió igual, tanto los que recibieron ivermectina, como los que no recibieron”.

El médico colombiano, es además jefe del Servicio de Infectología del Hospital Cardiovascular de Cundinamarca de Bogotá.

El infectólogo recuerda que hay “múltiples estudios”, cuyo resultado refleja que la ivermectina “no ha funcionado” dentro de lo que es la COVID-19.

Henry Mendoza aclaró que este medicamento en los estándares normales, no causa problemas mayores en la persona que lo consume, ya que “es un antiparasitario”.

Resultados similares se dieron con un estudio publicado en la revista científica Nature de la hidroxicloroquina y cloroquina en COVID-19.

Nature es una de las más prestigiosas revistas científicas a nivel mundial que está vigente desde 1869.

“Encontramos que el tratamiento con hidroxicloroquina se asocia con un aumento de la mortalidad en pacientes con COVID-19, y no hay beneficio de la cloroquina”, dice el citado estudio.

Entonces, según los resultados de este estudio publicado en Nature se relaciona a estos medicamentos con un aumento en el riesgo de muerte de los pacientes.

Sobre el dióxido de cloro, tanto Gandarilla como Mendoza coincidieron que los estudios presentados no tienen rigurosidad científica y que el consumo de este producto tiene un alto riesgo de agravar la situación de los pacientes.

“En el caso del dióxido no solo no funciona, sino que puede ser perjudicial”, asegura el médico colombiano con su característico acento caribeño.

Gandarilla agrega que el último estudio presentado a favor del consumo del dióxido de cloro, solo mostraba imágenes de los libros del gurú de este producto, el alemán Andreas Kalcker. “Sería bueno que en lugar de publicar fotos de un libro, lo hagan con datos”, refiere el científico cruceño.

El científico boliviano Omar Gandarilla, quien trabaja actualmente en la Universidad de Cornell de New York, durante la entrevista.

La ciencia de la política

La ciencia sí jugó un rol determinante en las campañas electorales, aunque no en el tema de la salud, sino en la política.

El analista político Gonzalo Ávila Sánchez, no cree que exista una correlación directa entre las campañas durante la pandemia, que incluyen curas milagrosas, con los resultados electorales. Para el experto, lo que pasó en urnas está más ligado a las “malas gestiones” de los gobiernos regionales salientes, concretamente en el caso de Tarija y Santa Cruz.

 Ávila considera, que el tipo de discursos usados en época de comicios, responde a una necesidad identificada en diferentes estudios de percepción y estadísticas. “Apuntaron a la creencia de la gente. Eso es la ciencia de la política”.

Ávila resalta que en estos últimos procesos electorales, los frentes políticos fueron “profundizando” en los niveles subnacionales la ciencia política para identificar las necesidades de los sectores poblacionales y de ahí, trabajar una narrativa, algo que no ocurría en otras elecciones.  “En estos últimos cinco años se están haciendo más técnicas de procesamiento de datos”, resalta.   

Los reportes epidemiológicos del 7 de marzo y del 9 de junio, que muestra el acelerado incremento de casos y decesos por COVID-19.

Números que crecen

Hasta el 7 de marzo de 2021, día de las elecciones subnacionales, Bolivia tenía un acumulado de 254.273 casos de COVID-19 y 11.823 decesos, según el reporte del Ministerio de Salud.

El promedio de casos diarios hasta esa fecha fue de 64,41, según el registro de OurWorldInData.

El promedio de muertes diarias hasta el 7 de marzo fue de 2,13.

Hasta el 8 de junio, los casos acumulados llegaban a 392.975, es decir que aumentaron 138.702 desde el día de las elecciones.

El promedio de nuevos casos confirmados por millón subió de 64,41 que se tenía el 7 de marzo a 223,43 el 8 de junio. El promedio de muertes diarias subió de 2,13 que se tenía en marzo a 6,58 en junio.

 ¿Tuvieron incidencia las elecciones subnacionales en el incremento de casos? Para los epidemiólogos Jaqueline Cordero Velarde y Alex Cornejo, es probable que sí, aunque ambos señalan que, no es el único factor posible.

 “Cuando analizamos la causalidad en epidemiología, vemos los diversos factores que contribuyen a la propagación de una enfermedad”, refiere Cordero.

Según Cordero en esta tercera ola, la población ya sabía cuáles eran las acciones preventivas y el acontecer internacional, pese a ello, “descuidaron todas las medidas”.

“En estas elecciones no se ha notado un incremento al nivel que nosotros esperábamos; sin embargo, las curvas cercanas a las fechas electorales en los valores no han sobrepasado los límites esperados”, analiza Cornejo en base a los datos cotejados.

Más que estos eventos electorales en sí, los epidemiólogos coinciden que este incremento de casos se debe al “descuido” de la población y a la desinformación.

La incidencia de las elecciones, más allá de las multitudinarias aglomeraciones, se atribuye en parte a la excesiva confianza impulsada por los propios líderes políticos a usar productos no avalados científicamente como una supuesta capa protectora contra el virus, algo que finalmente no ocurrió.

Según la base de datos de Bolivia Verifica en el periodo electoral entre enero y marzo de 2021    fueron realizadas 25 verificaciones de publicaciones relacionadas con las elecciones, entre ellas, análisis de discursos.

Las narrativas electorales en estas verificaciones giraron en torno a la ivermectina, el dióxido de cloro y las curas “milagrosas”.

El científico Omar Gandarilla identifica un problema en Bolivia que es la creencia en colectar la mayor cantidad de productos y medicamentos para afrontar una enfermedad, cuando lo más aconsejable, es lo contrario.

“En medicina es así, menos es más, el cuerpo sabe recuperarse, únicamente hay que darle el soporte y apoyarlo”, concluye.

Recetas y productos “milagrosos” distribuidos en cajas con los colores de la organización política no le hicieron frente a la nueva ola de COVID-19. Algunos confiados en que estos productos cubrirían sus espaldas contra el “bicho”, lamentablemente no vivieron para contarlo.

Esta investigación fue realizada en el marco del Fondo Concursable Spotlight X de Apoyo a la Investigación Periodística en Medios de Comunicación que impulsa la Fundación Para el Periodismo con apoyo de National Endowment for Democracy (NED).

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