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Los niños resilientes del Itika Guasu

Las intensas lluvias que golpearon el 20 de febrero al municipio de Entre Ríos provocaron el desborde de la quebrada Ñaurenda. Aunque aquella mazamorra, mezcla de lodo, agua y palos arrasó con todo lo que encontró a su paso, no pudo llevarse la esperanza de los niños

Aquella noche del 20 de febrero parecía una más de verano en el territorio indígena, cuando las intensas lluvias se habían presentado desde hace días, incluso semanas atrás, y aquella parecía una noche más en la que el agua lloraba sobre el suelo del Itika Guasu.

A las 23:00, cuando el pueblo dormía y se cobijaba de la lluvia en sus casas, la tragedia comenzó. Una mazamorra, producto de la intensa lluvia, burló el cause de la quebrada Ñaurenda, arrasando con ella todo lo que encontró a su paso: cultivos, sendas, ganado, casas y personas.

Las casas, los refugios en los que los pobladores buscaban refugio, pronto se convirtieron en parte de la mazamorra, provocando la desesperación de los habitantes y magnificando el desastre.

Las comunidades guaraníes de Tomatirenda, Filadelfia, Palmarito, Ñaurenda, Saladito de Ñaurenda, Moko Mokal, Itayuru y Timboy, amanecieron irreconocibles a la mañana siguiente. Hombres, mujeres y niños, entre el pánico y la desesperación, buscaban a sus desaparecidos entre los escombros.

Los niños, fueron los principales afectados. “Llegamos a trabajar en la zona el 23 de febrero”, relata Carmen Molina, coordinadora de proyectos de Aldeas Infantiles, quien forma parte del equipo de programa de emergencia que se instaló en el Itika Guasu desde aquel entonces, empezando a trabajar con 100 cien niños de las familias más afectadas.

“Cuando llegamos, mientras recorríamos la zona, una señora que lavaba el lodo de un bebé de uno seis meses con una botella de agua, me preguntó si ella iba a recordar lo que había vivido, si iba a recordar que estuvo atrapada en el lodo”, relata Carmen, marcada por aquel momento.

Foto gentileza Aldeas Infantiles.

Según relata el gerente de Aldeas Infantiles Tarija Marcelo Vargas Amás, los principales afectados fueron los niños, no solo porque perdieron sus espacios, sino porque fueron las principales víctimas del desastre. “La mayoría de los fallecidos y desaparecidos, son niños”, lamenta.

Según explica Vargas, 7 de 10 fallecidos son niños, mientras que 2 de 3 desaparecidos pertenecen al mismo grupo. Ese hecho, los impulsó a trabajar de manera inmediata y con un “compromiso incondicional”.

Una de las características de los pueblos del Itika Guasu, es que tienen una organización comunitaria muy marcada, tienen espacios de encuentro en comunidad y todas las casas conforman una gran familia.

El paso del aluvión destruyó también aquellos espacios, afectando la vida en comunidad especialmente los primeros días y los niños fueron los que más lo sintieron.

Muchos habían perdido su casa, su colegio, su cancha y también los espacios de encuentro con la comunidad.

Sin embargo, de alguna manera, los centros infantiles de cuidado instalados por Aldeas Infantiles, se han convertido en un nuevo espacio de encuentro para la comunidad, permitiendo que allí que congreguen grandes y chicos para compartir, mientras reconstruyen sus espacios.

Centros Infantiles de emergencia de Aldeas Infantiles en las zonas afectadas. Foto Gentileza Aldeas Infantiles.

“Hemos instalado cuatro centros donde garantizamos la nutrición, salud, educación y estimulación y la parte psico-afectiva, que es lo que más a afectado a la gente de allá, para 100 niños”, explica Marcelo Vargas Amás. Aunque se estima que en la zona hay 500 niños, la organización tiene capacidad para trabajar únicamente con 100, por lo que se priorizó a los más afectados por el aluvión.

Si bien las comunidades se van recuperando poco a poco, hay temores que permanecen y que tardarán en sanar.  Wilma Mamani, quien también forma parte del programa de emergencia de Aldeas Infantiles, cuenta que los niños manifiestan estos miedos a sus padres, a través de dibujos o en los juegos que realizan en los centros infantiles instalados por Aldeas Infantiles.

“Les ha afectado eso y ha quedado en ellos el miedo que sienten por la lluvia”, continúa Carmen, “cuando el cielo se nubla, cuando hay truenos o empieza a llover, renace el miedo de que llegue la quebrada”.

Niños jugando en la quebrada. Foto gentileza Aldeas Infantiles.

Pero más allá del miedo y de las pérdidas, en los niños predomina la esperanza, demostrando su gran capacidad de ser resilientes. A modo de ejemplo, Wilma relata que en Tomatirenda, una de las comunidades más afectadas por el aluvión, los niños acuden con entusiasmo a la escuela provisional instalada por el municipio.

“Vemos cómo van con tanto anhelo… creo que son los más valientes porque son muy resilientes y mantienen la esperanza de volver a tener su casa y su escuela”.

Según el testimonio de ambas mujeres que trabajan en la zona desde el 23 de febrero, los niños suelen dibujar casas grandes y con mucho color, demostrando su deseo de recuperar sus viviendas y la esperanza de que pronto lo lograrán.

¿Y cómo será el día del niño en estas comunidades? Si bien Aldeas Infantiles preparará algunas actividades especiales para ellos, la organización insiste en que todos los días deben ser importantes para los niños, en ese sentido, buscan visibilizar que aunque el aluvión ya pasó, la emergencia para ellos continúa y aún hay un largo camino por recorrer pese a los avances.

Mercedes Bluske

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