El tiempo es el motor de la perspectiva. Mirar atrás es ver al pasado desde un ángulo cambiado. Transcurre el tiempo y madura la mirada. Y así las mismas cosas se valoran diferente según cuándo de las mire. En el caso de una obra artística, un primer cuadro, una primera exposición son hitos que marcan e inauguran una carrera.
Mirando veinte años al pasado, Erich Conzelmann recuerdo su primera exposición, el debut artístico frente al ojo público. ¿La manera de celebrar las dos décadas, como una mayoría de edad? Una nueva exposición titulada «20 años no es nada». De entrada gratuita en la Casa de la Cultura, la muestra de Conzelmann está disponible al público del lunes 17 al viernes 21 de agosto (de 09:00 a 12:30 y 15:30 a 19:30).
En Verdad con Tinta, planteamos cuatro preguntas a Erich Conzelmann para que comparta una valoración de estos veinte años que no son nada pero que significan tanto.

Jorge Mustaffá (J. M.): Hace veinte años hiciste tu primera exposición. ¿Qué buscabas entonces y qué buscas hoy?
Erich Conzelmann (E. C.): Hace veinte años quería cumplir un sueño, cuando vi por primera vez una exposición de pintura en Casa Dorada a mis cinco años, me prometí exponer alguna vez allí. Todas las experiencias las primeras veces son intensas, marcan un antes y un después, esa es la búsqueda con esta nueva propuesta, cerrar un ciclo de manera simbólica, festejar con familia y amigos, recibir críticas, retroalimentaciones de los espectadores, pero sobre todo compartir. Después de la expo “20 años no es nada” viene un nuevo comienzo.

J. M.: Sé que la exposición contará con tu primer cuadro. ¿Cómo condensas, resumes y coronas dos décadas de trabajo en una sola exposición?
E. C.: La primera pintura al óleo sobre lienzo que realice estará presente. La bauticé hace poco con el nombre de “Génesis” el valor que tiene es enorme por que representa el inicio a este camino del arte, con sus luces y sombras.
La intención de esta muestra no es condensar ni mucho menos resumir estos veinte años de mi camino formal por las artes plásticas, mi intención, si es que existe alguna, es poner en consideración del público y la sociedad una forma de percibir el mundo, la mía propia, procurando provocar sensaciones e invitar a una que otra reflexión a partir de la visualidad.
J. M.: Has desarrollado tu trabajo entre la arquitectura, la pintura, la fotografía y la enseñanza. ¿Cómo dialogan esas distintas facetas de Erich Conzelmann?
E. C.: Tengo la fortuna de poder desenvolverme con cierta destreza en estos campos del saber, cada uno alienta al otro: la arquitectura tiene como materia de estudio el espacio, su consigna es: “resolver el espacio”. La pintura es luz, color, forma y textura enmarcado en dos dimensiones, su problema está entre la apariencia y la verdad. La fotografía está estrechamente relacionada con el tiempo, el artilugio de congelar la luz y guardar el instante tiene posibilidades estéticas y documentales: «esto ha estado ahí». Las posibilidades de diálogo y generación del conocimiento y reflexión entre estos es monumental. En cuanto a la labor de la enseñanza, es un privilegio y una responsabilidad, pues no es solo transmitir conocimiento, valores y criterios, es enseñar a pensar el arte desde su “inutilidad” en el sentido de lo funcional, lograr expandir el espíritu como ninguno, ese es mi sentido en mi rol de profesor o docente.

J. M.: Veinte años después de tu primera exposición, ¿qué te sorprende todavía del arte? ¿Qué esperas que te siga sorprendiendo en otros veinte años?
E. C.: El arte no tiene límites, es una constante de descubrimientos y sorpresas, se da de manera natural al ejercitarlo, como creador con mucha intensidad, pero también como espectador suele ser enriquecedor, mucho tiene que ver con la disciplina, el estado de ánimo, es además un testimonio de lo vivido y un documento del tiempo por tu paso por la vida.
El valor espiritual se expande cuando utilizamos las herramientas creativas y la vida se hace más interesante, más humana. En estos próximos veinte años espero seguir sorprendiéndome sin spoilers. Venga lo que venga, será bienvenido.

Sobre Erich Conzelmann
Erich Conzelmann Castellanos (Tarija, Bolivia, 19 de agosto de 1981) es fotógrafo, artista plástico y arquitecto boliviano. Desde hace dos décadas ha desarrollado una obra visual que combina la sensibilidad artística con una profunda vocación documental, convirtiéndose en una de las miradas más constantes sobre el patrimonio cultural y humano de Tarija.
Su acercamiento a la fotografía comenzó en 1997, cuando participó en un taller de fotografía analógica organizado en Tarija con el apoyo de la UNESCO. Aquella experiencia despertó una pasión que, con el tiempo, se transformó en una forma de comprender y narrar el mundo. Desde entonces, la cámara se convirtió en una herramienta para registrar no solo imágenes, sino también emociones, tradiciones e instantes irrepetibles.
En 2006, realizó su primera exposición en la Casa de la Cultura de Tarija, marcando el inicio de una trayectoria expositiva que se ha mantenido activa durante veinte años. A través de sus proyectos fotográficos ha documentado celebraciones religiosas, expresiones populares, paisajes y escenas cotidianas del sur de Bolivia, destacándose por la capacidad de encontrar belleza y significado en los detalles que muchas veces pasan desapercibidos.

Su trabajo ha dedicado especial atención a manifestaciones culturales como la Fiesta Grande de San Roque y la festividad de la Virgen de Guadalupe, construyendo con los años un valioso archivo visual que preserva la memoria colectiva de estas tradiciones. Sus imágenes trascienden el registro documental para convertirse en testimonios de identidad, pertenencia y patrimonio.
La calidad de su mirada también ha sido reconocida fuera de su región. Entre sus distinciones destaca el segundo lugar en el concurso fotográfico «Lazos y Luces», organizado por la Unión Europea, reconocimiento que reafirmó la fuerza narrativa y el contenido social de su obra.
Paralelamente a la fotografía, Conzelmann ha desarrollado una sólida producción en las artes plásticas, disciplinas que dialogan constantemente entre sí. Su formación como arquitecto aporta a sus composiciones un especial sentido del espacio, la geometría y la luz, elementos que caracterizan tanto sus fotografías como sus pinturas.
En la pintura, Conzelmann encuentra un territorio diferente: mientras la fotografía le permite mirar hacia el mundo exterior, la pintura le permite mirar hacia adentro. Sus obras nacen muchas veces de emociones y estados interiores que buscan transformarse en formas, colores y materia. Su lenguaje transita entre la figuración y la abstracción, permitiendo que las imágenes permanezcan abiertas y que los símbolos aparezcan de manera intuitiva. Corazones, flores, calaveras, ajíes, rostros y otras formas no pretenden establecer significados únicos; son parte de un proceso en el que la emoción precede a la explicación. Así, cada obra se convierte en una experiencia visual y, al mismo tiempo, en un registro de un momento interior del artista.
Además de su producción artística, ha compartido su experiencia como docente de dibujo, pintura y fotografía, convencido de que el arte es una herramienta de transformación personal y un medio para fortalecer la identidad cultural.
Hoy, después de veinte años de trayectoria expositiva, la obra de Erich Conzelmann Castellanos constituye una búsqueda permanente que no pretende dar respuestas sino generar preguntas. Su trabajo invita al espectador a detenerse, observar y descubrir que cada imagen puede convertirse en una historia capaz de preservar el tiempo.
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