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Chaguaya: Los milagros contados por los devotos

La consigna fue publicada en la página de Facebook de Verdad con Tinta

Mercedes Bluske Moscoso Jesus Vargas Villena

Mercedes Bluske y Jesús Vargas Villena

(Verdadcontinta-agosto/2018) Verdad con Tinta abrió sus páginas a sus lectores, para que pudieran contar sus experiencias personales y los milagros concedidos por la virgen de Chaguaya. Pronto nuestro Facebook se llenó de comentarios y algunos se animaron a compartir su historia con nuestra comunidad, y nosotros nos hacemos eco de esos relatos en esta edición.

Madre fecunda

“Hace ya casi unos 30 años atrás, no podía tener hijos. Me embaracé dos veces y los perdí, pese a que mi mayor deseo era ser madre”, empieza el testimonio de M.A., una lectora de Verdad con Tinta que prefirió mantener su nombre en reserva, pero que se animó a compartir el milagro que le produjo la virgen de Chaguaya en su vida.

Ella recuerda que de pequeña siempre acudía al santuario con sus padres, y aquella experiencia en familia fue siempre especial. Al ver que no podía quedar embarazada, decidió entregarse a la virgen, y acudir a su encuentro al santuario en peregrinación.

M.A. cumplió su promesa y fue caminando al santuario tres años seguidos. Después del tercer año, logró quedar embarazada.

“Mi virgen bendita intercedió por mí ante nuestro padre celestial y me concedió la dicha de tener hijos”, relata.

La mujer no solo tuvo un hijo, sino que llegó a concebir tres. Casualidad, o no, el número de hijos coincide con el número de veces que la mujer caminó al santuario. Sin embargo, para ella, no hay dudas de que la virgen le regaló un hijo por cada año de peregrinación.

“A pesar de todos los contratiempos y lo mucho que sufrí y lloré, hoy soy feliz, doy gracias a Dios y a la virgencita de Chaguaya”, cuenta la mujer que disfruta de la vida gracias a la existencia de sus dos hijas como su hijo.

Un milagro de salud

La pequeña Jesica Marilu Farfán Vallejos, tenía apenas 3 años cuando en 1996 su madre regresaba con ella de Argentina. Sus padres habían decidido años antes mudarse al vecino país en busca de mejores oportunidades que las que encontraban en su San Josecito natal, en Tarija, pero pocos años después, los planes cambiaron.

Los padres de Jesica se divorciaron y su madre, Gregoriana, emprendió el retorno con la pequeña en sus brazos.

Por aquellos años, la salud de Jesica era débil. “Yo estaba muy enferma después de la separación de mis padres”, cuenta la joven que ahora tiene 25 años, recordando la historia que su madre le contó un sinfín de veces.

Jesica visitando el santuario de pequeña, con su madre.

Al llegar a Tarija, y viendo la situación de la niña, una vecina le comentó a Gregoriana que se encontraba la imagen de la virgen de Chaguaya en la ciudad, que era “muy milagrosa” con sus fieles. “Le dijo que si pedías a la virgen con fe, ella te ayudaba”, agrega la joven.

Gregoriana siempre había sido católica y decidió peregrinar al santuario, pidiendo a la virgen que a cambio de su ofrenda, ella le diera fortaleza y bendiciones a su hija para que superara los obstáculos que la aquejaban.

Pronto todos en la familia empezaron ver mejoría en la salud y en el ánimo de la pequeña Jesica.

Desde aquel año, los familiares nunca dejaron de visitar el santuario para dar gracias a la virgen por haberlos escuchado.

“Cuando conocí la historia por primera vez tenía 16 años, y esa vez fui caminado al santuario”, cuenta Jesica, mientras explica que fue a pie dos veces, pero que luego dejó de ir en peregrinación por el parto de su hijo.

Y aunque ya no se dirigen en peregrinación, la familia entera, incluido el pequeño hijo de Jesica, se dirige a Chaguaya con la misma fe y agradecimiento de siempre.

La mirada de la madre

 Para Claudia Castellón Aguilar, el 2011 fue un año especial. Aquel año, como muchos otros, ella acudió al santuario a escuchar la misa en honor a la virgen. Al concluir la celebración, se acercó hasta la parte de adelante de la iglesia para ver mejor a la imagen de la virgen.

Estando allí, sentada e inmersa en sus pensamientos y oraciones, sintió que una voz le decía desde atrás: “Todo estará bien hija”. Al escuchar la voz, Claudia cuenta que levantó la mirada y encontró inmediatamente los ojos de la virgen encontrándose con los suyos, como si la estuviera viendo y comprendiendo.

“Fue algo jamás vivido”, cuenta la mujer sobre los sentimientos y sensaciones de aquella experiencia que la emocionó hasta las lágrimas.

Sin duda alguna, un recuerdo que atesora en su corazón de forma especial.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

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