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Cuatro ruedas transportando un pasajero mortal

Desde que se ha instruido y autorizado la adaptación del transporte público a la nueva normalidad, se ha bajado la guardia en las medidas de bioseguridad al interior de los vehículos…

Aquel 15 de marzo de 2020 se firmaba la suspensión del transporte público; ese domingo, despavoridos por la presencia del virus en el país, el gobernador del departamento de Tarija, Adrián Oliva, junto a su gabinete, promulgó el decreto departamental de Auto de Buen Gobierno que disponía la suspensión del sistema del transporte departamental e interdepartamental por tres días.

Esa primera medida, más el Decreto Supremo Nº 4199 de cuarentena total en Bolivia, mandó a cientos de vehículos al garaje a esperar por una nueva normalidad que se avizoraba muy lejana.

Finalmente, después de cuatro meses de espera, las autoridades departamentales autorizaron la circulación del transporte público, pero con un condición: adecuar los motorizados según los protocolos de bioseguridad. Para ello, los transportistas instalaron mamparas y dispensadores de alcohol para la desinfección de manos.

Ese lunes 6 de julio, tras una serie de inspecciones vehiculares, el Decreto Municipal Nº 13/2020 autorizó al sistema de transporte urbano salir a las calles y transitar en los horarios de 5.00 a 14.00.

Con el miedo intacto al virus, pocos se animaban a usar el servicio de transporte público, puesto que, con una enfermedad como la COVID-19, entre más gente respire, tosa o hable en el mismo espacio, mayor es la probabilidad de que alguien resultara infectado, según indica en la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sin embargo, a medida que transcurrían los días, ese miedo al virus se fue desvaneciendo. Ahora, transportarse de un lugar a otro rápidamente parece mucho más importante que hacerlo de manera segura.

Han pasado cinco meses desde el retorno de transporte, los cambios al interior de los vehículos son notorios, hay más limpieza y ventilación de la que solía haber antes del brote del virus. Sin embargo, se están bajando las armas frente al virus, pues los botes vacíos de los desinfectantes parece que solo forman parte de la decoración del vehículo, son pocos los micros que tienen pisos desinfectantes en sus puertas y las mamparas que dividen a conductor de los pasajeros parece tener un privilegio con el chofer, puesto que ahí si hay desinfectante para el conductor.

Para el secretario general del Sindicato de Micros La Tablada, Abraham Condori, los sistemas de transporte han aplicado protocolos de distanciamiento, de desinfección de los autobuses, dispensadores de alcohol e inclusive la obligatoriedad de uso de tapabocas dentro del sistema. Sin embargo, «no falta quienes fallen con el cumplimiento», es por ello que desde la Asociación se hace un seguimiento a cada línea.

Explicó que, en el caso de los transportistas infractores, se les sanciona con la suspensión de circulación.

Asimismo, el transportista señala que pese a las condiciones económicas del sector, están cumpliendo con todas las medidas de bioseguridad impuestas por el Comité de Operaciones de Emergencia Departamental (COED). 

“Pese a que hemos trabajado a perdida, hemos tenido que aceptar las condiciones para volver a operar”, dice Condori.

Condori explica que los ingresos no están logrando solventar los gastos de operación, puesto que se ha disminuido el número de pasajeros, pero se añadieron gastos extra como los equipos de desinfección.

Indica que como sector, han solicitado al gobierno municipal que les pueda dotar de alcohol en gel para aminorar los costos de operación, sin embargo, no han tenido respuesta.

Desde inicios de diciembre, el municipio dio autorización al transporte para funcionar con una capacidad de pasajeros del 80 por ciento, es decir que todo el asiento puede estar ocupado, pero el pasillo tiene que estar desocupado. Pese a lo acordado, esta restricción se olvida al mediodía, cuando los buses empiezan a circular excediendo inclusive su capacidad máxima.

Para Condori, «es complicado» controlar que los pasajeros no vayan parados en los pasillos.

“Es un problema complejo, a veces van pasajeros parados porque son familias, ya hemos tenido problemas cuando los hemos querido bajar, sin embargo, los conductores están prohibidos de llevar pasajeros parados”, dijo.

Para tranquilidad de los pasajeros, Condori indica que en cada recorrido que hacen, los micros pasan por un proceso de desinfección en cada parada.

“El comportamiento que vaya a tener el coronavirus es totalmente basado en la responsabilidad que tengan las personas, va a depender de cada uno de nosotros, si yo quiero tomar el transporte público, pero éste no cumple las condiciones de bioseguridad, entonces no lo tomo. Si voy a comprar algo y no me ofrecen las medidas de bioseguridad, no lo hago y tomo otra opción”, recomienda la epidemióloga, Claudia Montenegro.  

Un estudio realizado por el Banco de desarrollo de América Latina (CAF) refiere que aproximadamente siete de cada diez viajes en las ciudades de América Latina se realizan en transporte público o colectivo. En el contexto actual, el funcionamiento del sistema de transporte, “con su masividad y cercanía física entre pasajeros, está entre las principales fuentes de contagio y por tanto de preocupación para las estrategias epidemiológicas de los países”.

Alcaldía

El secretario de Movilidad Urbana y Transporte, Martín del Rio, indica que han encaminado una estrategia para verificar el cumplimiento de las medidas de bioseguridad en el sistema de transporte.

“Estamos haciendo controles periódicos, tenemos un cronograma, tenemos una estrategia”, indica.

Explicó que se han realizado operativos sorpresa en puntos estratégicos de la ciudad para constatar que los vehículos cuenten las medidas de bioseguridad.

En caso de no cumplir con las normativas sanitarias, la alcaldía procede a coordinar con la Dirección de Tránsito para sancionar al chofer.

“Estamos viendo el tema de mampara, el alcohol en gel, el uso de barbijo, tenemos una base de datos, movilidades que no tengan ello y son reincidentes la unidad de Tránsito tomará acciones”, dice.

Explicó que los primeros días de noviembre se hizo el trabajo de concienciación con el transporte, pero a partir de diciembre se inició con las sanciones.

Del Rio también refiere que no solo la responsabilidad de seguridad sanitaria recae sobre el transporte, puesto que en las diferentes reuniones con el sector, estos han expresado que sufren constantes hurtos de sus desinfectantes.

“Ellos ponen sus alcoholes, pero lamentablemente los usuarios se los llevan, los vacían, se dan maneras”, dice.

En tiempos de pandemia, viajar en el transporte público involucra riesgos para la gente, que podría estar compartiendo asiento con aquel enemigo mortal.

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