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Mamut: La fábrica de pisos boliviana que disminuye el impacto ambiental negativo

La empresa ha reciclado alrededor del 500 mil llantas de caucho, convirtiéndolas en pisos que brindan soluciones prácticas y ecológicas a los constructores.

Explicado de manera simple, Mamut ha logrado encarnar aquel dicho popular que versa “la basura de unos, es el tesoro de otros”. Pero lo que Mamut hace es mucho más complejo; tan complejo como captar carbono o generar oxígeno a partir del reciclaje de llantas de caucho, las cuales son utilizadas para para la fabricación de materiales de construcción.

Manuel Laredo es el CEO y fundador del Grupo Mamut; una empresa dedicada a la fabricación de materiales de construcción sostenibles, alineándose a los objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas.

Su modelo de negocio innovador y sostenible le ha valido un sinfín de reconocimientos a nivel nacional e internacional pero también la ha llevado a exportar sus productos y ha abierto la posibilidad de escalar su negocio en países en otros países de la región.

Si bien su crecimiento ha sido exponencial en los últimos ocho años, los orígenes de Mamut se remontan a un pequeño taller en el que empezaron con las primeras pruebas en 2011, cuando el ingeniero industrial decidió retornó al país luego de realizar una maestría en polímeros y biopolímeros en Barcelona.

“Yo trabajaba y daba clases en la universidad y ahí me encontré con mi socio, Ronald Gonzales, quien me planteó que hagamos algo”, cuenta sobre los orígenes del proyecto que se encuentra a la cabeza de Manuel y de sus socios Ronald Gonzales y Antonio Laredo.

Aunque a Manuel se entusiasmó con la idea, tenía sus propias condiciones, la primera: que sea algo que solucione un problema real para la sociedad. Bajo esa lógica, los socios analizaron cuál era la realidad de las llantas en desuso en el país, encontrando el disparador que buscaban para dar vida a su proyecto, pues lo cierto es que el panorama era desalentador desde el punto de vista ambiental y social.

En Bolivia habían (y hay) más llantas que personas. Se calcula que en el país hay alrededor de 30 millones de llantas en desuso y, según información proporcionada por Mamut, solo el 25% llega a un relleno sanitario o recibe un tratamiento adecuado.

El resto de las llantas se constituyen en una amenaza para el medioambiente debido a la contaminación que generan, puesto que tardan alrededor de 200 años en biodegradarse. Pero además son una amenaza para la salud de la sociedad, pues los lugares donde son botadas, son considerados focos de infección por mosquitos y ratas, entre otros.

Según datos de El Deber, solo en el botadero de Normandía, en la ciudad de Santa Cruz, hay más de 3 millones de llantas  esperando ser recicladas.

Por su parte, en Cochabamba, en el botadero de K’ara K’ara, se calcula que hay alrededor de 275 mil llantas abandonas.

Con su conocimiento en polímeros y sus ganas de emprender dejando huella, Manuel, Gonzalo y Antonio, lanzaron al mercado su primera baldosa sostenible en 2014 y desde entonces, su emprendimiento no ha hecho más que crecer.

Hoy en día Mamut ofrece diferentes tipos de productos, desde baldosas amortiguantes, pistas de atletismo y pavimento continuo, hasta impermeabilizantes de poliurea, pisos para hospitales y adhesivos.

Pero más allá de los pisos fabricados a base de caucho reciclado, pronto se dieron cuenta de que así como las llantas eran dejadas en la basura, también habían otros materiales que podían rescatar para utilizarlos en la construcción. “En Latinoamérica se están enterrando alrededor de 26 mil millones de dólares al año en materiales que podrían ser rescatados”, agrega Laredo.

Este hallazgo llevó a un cambio de misión en la empresa, ampliando su trabajo no sólo a la fabricación de pisos, sino a materiales de construcción sostenibles, dando una segunda vida a la basura y convirtiéndola en su tesoro. Así, El HDPE, o polietileno de alta densidad, junto con  el tetrapack, hoy forman parte de su materia prima para la elaboración de otros materiales que son utilizados en las construcciones.

Pero al margen de impactar en el medioambiente desde el reciclaje, su producción también intenta ser lo más sostenible posible, apelando a alternativas como la energía solar en su proceso productivo. “El 30% de nuestra energía es solar”, asegura Manuel en diálogo con Verdad con Tinta.

Su impacto es grande, tan grande, que no solo genera un impacto económico, sino también social y ambiental.

A través de recolectores, la empresa ha logrado rescatar el equivalente a 500 mil llantas, las cuales, de acuerdo a la captura de carbono que ha generado Mamut, equivalen a  82.500 árboles y a una generación de más de 26 millones de litros de oxígeno al día. Así, de alguna manera, la empresa ha ayudado a generar oxígeno  para los bolivianos, a partir de su captación de carbono.

Su innovadora forma de trabajo, le ha valido una certificación B; una certificación internacional que es otorgada a empresas que han logrado equilibrar su propósito con sus ganancias, incorporando a sus modelos de negocio soluciones que promueven el bienestar social y ambiental.

“Empezamos con un pequeño taller y ahora tenemos una fábrica de 3000 metros cuadrados donde estamos creando estos materiales de construcción sostenibles”, dice en un viaje mental a través del tiempo.

Pero más allá de los metros cuadrados, lo importante es cuantificar las vidas que han impactado al generar alrededor de 50 empleos directos y 500 empleos indirectos, sin contar las vidas que impacta al ayudar a disminuir el impacto negativo en el medioambiente.

Un cambio en el paradigma

“El paradigma del desarrollo ha cambiado. Cuando el desarrollo estaba solo en generar dinero, las empresas tenían la misión de generar dinero sin importar lo que se haga”, continúa Manuel, “el nuevo paradigma del desarrollo sostenible está alineado a los objetivos del desarrollo sostenible de la ONU y propone un desarrollo más conectado a la naturaleza y a lo social, buscando generar prosperidad y no tanto a generar dinero”, agrega.

Manuel explica que las empresas hoy se ven desafiadas a cambiar de misión, buscando generar recursos, pero haciéndolo de manera que promuevan un impacto social y ambiental positivo, logrando así el denominado triple impacto.

Un estudio realizado el año 2013 por el MIT Sloan Management Review  y el Boston Consulting Group, afirmaba ya por aquel entonces que las empresas que adoptan políticas y soluciones sostenibles en su gestión están influyendo positivamente en su cuenta de resultados. Es decir, ganan más dinero.

Estudios más recientes muestran que las empresas sostenibles generan mayor empatía con los consumidores, logrando posicionarse de manera favorable a la hora de realizar una compra o apoyar una causa. El nuevo paradigma apunta a señalar que el fin no justifica los medios y que los negocios deben ser más responsables con el medioambiente y con su entorno.

Mercedes Bluske

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