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Miniaturas, illas e ispallas, la razón de ser de las festividades

Ceremonias para renovar, revitalizar y asegurar la vida, para que las especies pervivan y los frutos lleguen a las familias. En eso consiste el círculo de actividades que representan el inicio de la fertilidad y la abundancia en la cosmovisión andina. Los amuletos cobran vital importancia en estas festividades pues representan los deseos y necesidades más profundas; según el lugar y el contexto habrán de llamarse illas, ispallas o miniaturas.

Las creencias, la abundancia y la fecundidad están estrechamente vinculadas a través de religiosidades y rituales. La tan esperada fiesta colonial del Ekeko se celebra aún cada 24 de enero en la ciudad de La Paz, antecedida por otras festividades en las que Tunupa (el dios andino de la lluvia) ayuda con sus bondades a todos aquellos que piden fertilidad.

Andrés Quisbert, quien por 20 años consecutivos asiste a la gran feria de la Alasita, donde el Ekeko es venerado, está convencido de que cuando marcan las 12 del mediodía de cada 24 de enero, justo cuando se escuchan las campanas en las iglesias, hay una cosecha de suerte y abundancia para todo el año. Pero para que esto se haga realidad, hay que adquirir en ese preciso instante miniaturas que representen el bien deseado. La clave es hacerlo con mucha fe, para que se hagan realidad.

Anualmente esta tradición prehispánica heredada de la cultura aymara concentra a más de 5.000 artesanos de todo el país, además de conglomerar a miles de turistas, creyentes y curiosos en las calles de Nuestra Señora de La Paz, lugar donde esta festividad se celebra con mayor algarabía.

 

“El 24 de enero a las 12 horas del día hago bendecir lo que quiero y si tengo fe realmente esto se cumple, además se debe poner el esfuerzo porque no va a llegar el deseo así no más”, cuenta Severo Chuquimia, artesano y presidente de la Asociación Nacional de Expositores de Artesanías en Miniatura Viajeros al Interior y Exterior.

El hábil artesano, con décadas de experiencia, destaca que hizo realidad varios de sus sueños y año que pasa cada vez más grandes.

 

“Hace un par de años quería un coche, entonces primero compré en alasitas un auto blanco en miniatura y cuando se me dio por casualidad la oportunidad de adquirir un automóvil, era exactamente el mismo modelo y color que la miniatura que había comprado”, cuenta.

 

Esta tradición, generalmente es transmitida por generaciones y la familia Chuquimia no es la excepción.

“Tengo varios hijos son creyentes de la Alasitas y el año pasado, a las doce del mediodía del 24 de enero, mi hijo se compró una miniatura de una casita, en el transcurso del año con algunos préstamos, privaciones y mucho trabajo llegó a tener una casa de dos pisos, como había pedido al milagroso Ekeko”, relata Ericka Condori, comerciante minorista de la feria.

Cientos de creyentes alrededor del mundo relatan estos sucesos extraordinarios en el que cumplieron sus deseos a raíz de la compra de miniaturas y realizando los rituales al Dios de la Abundancia, el Ekeko.

 

¡CÓMPRAME POR FAVOR!

“Nací al principio de la década de los años 80 en el departamento de La Paz. Mi familia comenzó con las miniaturas cerca de los años 1940, con mi abuela, quien había heredado el oficio de sombrerera de mi bisabuela. Ella es quien decidió modificar el rubro y el legado de la familia. En su época los sombreros no se usaban tanto como en el pasado, había cambiado la moda y desde ese entonces decidió trabajar solamente con sombreros de miniatura que se vendían más rápido. Desde hace cuatro generaciones que nos encontramos en la feria, al principio (1972 – 1973) éramos ambulantes, pero luego logramos tener nuestro primer puesto de artesanías, que ahora lo llamamos la Boutique del Ekeko”, relata Sayuri Loza, historiadora y comerciante de Alasitas.

Actualmente la familia Loza ofrece sombreros en todos los tipos, representando todos los países y de todos los tamaños hasta llegar al más pequeño que mide 1 cm “Estos trabajos los realizamos todo el año entre mis tres tías, dos primos y yo, es un negocio familiar” añade.

Foto crédito: Gustavo Ticona.

 

“Para nuestros caseritos (fieles compradores) nuestra feria de la Alasita representa la fiesta de los sueños, los deseos y las esperanzas, además de estar profundamente vinculada con la fiesta de las illas y de las ispallas que se festejaba en tiempos prehispánicos”, cuenta Loza.

“No olvidemos que alasita significa ‘Cómprame, por favor” Sayuri Loza (textual de recuadro al costado)

La fiesta de la Alasita tiene varios significados para sus creyentes: como siembra ritual es la esperanza de la realización exitosa del cultivo y la reproducción (cuatro meses para la floración y la crianza) y como feria urbana abarca un año en el que la miniatura crece hasta alcanzar “su tamaño real”. Así lo explica la antropóloga Junko A. Seto en su artículo ‘La representación mediante la miniatura en rituales aymaras: en torno a la Alasita’.

Por su enorme valor para las culturas del mundo, en 2005, los Recorridos Rituales de la Alasita fueron declarados Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Además de la fuerza de sus elementos artesanales e históricos, vinculados con la deidad aymara, la abundancia y la protección de la ciudad, se consideró la significación del sincretismo que reside en ella.

“En la Festividad de Alasita, la gran mayoría de l@s paceñ@s realizan rituales religiosos para lograr que se cumplan sus deseos en el año que empieza, Para eso es necesario activar las illas (miniaturas) que simbolizan cada uno de esos objetivos. Los rituales tienen ese fin, pero sobre todo dotarse de energía para poder cumplir las metas propuestas. Los deseos son individuales, familiares, y de toda la humanidad”, describe el historiador Fernando Cajías vía Twitter.

Los estudios sobre historia, antropología y costumbrismo fijan el inicio de la feria alrededor de inicios del siglo 19. El Museo de Arte Popular de la ciudad de La Paz tiene entre sus colecciones un Ekeko de 0,5 cm de altura, presuntamente tallado a inicios de 1.800. Y la tradición y leyendas urbanas cuentan que esta festividad se realiza a partir del cerco indígena a Nuestra Señora de La Paz en 1781.

Desde esas épocas hasta la actualidad, la feria está caracterizada por el comercio de miniaturas que representan deseos de pertenencia de: animales, automóviles, títulos, alimentos; que deben ser comprados cuando los rayos del sol están a 90° de la tierra, al medio día del 24 de enero, en plazas o iglesias.

Estos pequeños objetos absorben la fuerza del ritual, así como lo hacen las illas en el campo a los pies de las wak’as protectoras. Es por eso que el Ekeko, el principal dios de la abundancia y la figura central de la Alasita, es equiparado con la deidad Tunupa.

«La celebración de Alasita en algunas poblaciones se cumple sólo por el 24 de enero, en otras se extiende de cuatro a cinco días, también puede darse durante la celebración de (la virgen) Candelaria, cada dos de febrero», dice Isaac Callizaya, aymara de la isla Pariti, en el Lago Titicaca, para explicar la trascendencia de esta actividad.

Por otro lado, Lorenzo Cruz, amauta y miembro de la Confederación Nacional de Medicina Ancestral Afroboliviana, explica que estas festividades son parte de una tradición ancestral que perdura a lo largo de los años.

“Nos da fuerza y energía positiva para que haya protección a los hermanos, que no haya escases de alimentos. Nosotros le hacemos una Wuajta, si no lo hacemos todo nos puede pasar, esa es nuestra tradición”, afirma.

Al mismo tiempo que las deidades aymaras bendicen estas compras mediante rituales desarrollados por los yatiris, la iglesia católica terminó contribuyendo al fortalecimiento cultural de la fiesta, asumiendo esta práctica como una expresión del sincretismo.

“En el Evangelio, Jesús dice todo lo que pidan en mi nombre se lo concederé, en este caso se lo pedimos a su madre (la Virgen) o a Jesucristo y nos lo conceden en la medida que yo soy un buen ser humano, porque si soy malo con qué cara voy a ir a pedirle algo. Esto se asemeja a lo católico en el área rural, yo me confieso para que no caiga lluvias ni granizadas (sobre los cultivos para que no los dañen), las cosas son recíprocas”, afirma fray Samuel Abiyú, párroco franciscano de la Basílica de San Francisco de La Paz.

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El sacerdote remarca el sincretismo religioso que subyace en la festividad, porque tras realizar los sahumerios y ch’allas de las miniaturas adquiridas, los creyentes buscan que sean rociadas con agua bendita en los atrios de los templos religiosos.

En todo caso, Abiyú defiende el purismo de la fe católica: “La festividad es sincretismo religioso, porque yo le estoy condicionando a Dios, no estoy con la fe firme, porque digo: ‘si me das esto (deseo en miniatura) voy a creer en ti’. Pese a ello, hay otros devotos que tienen convicción (hacia los santos y vírgenes) porque se los han dado todo”

“Cuando nosotros bendecimos las miniaturas, las personas sienten que su deseo es bendecido por Dios o la Virgen, por tanto, este deseo se va a cumplir” Fray Samuel Abiyú (textual en recuadro al costado).

 

Ekeko y su origen

Esta deidad de buena suerte es descrita por un sinfín de autores de maneras diferentes, pero en todas las versiones coinciden en sus bondades hacia sus creyentes.

El Ekeko tiene características occidentales y se le conoce como “Dios de la Abundancia” porque carga miniaturas y para algunos es el que “concede” que uno las obtenga, si bien es importante la ch’alla delante de su imagen, esta acción no es el centro mismo del ritual, sino más bien la fe a las miniaturas.

Desde el año 1612, los escritos del sacerdote jesuita Ludovico Bertonio sobre el primer diccionario de aymara de la época refirieren a este dios como “Tunupa, también conocido como Ekeko”.

 

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Versiones del Ekeko

Renacimiento de la cultura aymara

Según la mitología andina el Ekeko es un hombre pequeño, un poco gordo y porta el tradicional gorro andino. Su estatua puede ser hecha de piedra, cerámica, hojalata, estaño, madera o plata.

Esta leyenda data de la época prehispánica, donde los nativos cuentan que en el altiplano boliviano, vivía un hombre de cultura Aymara llamado “Iquiqu”, que además de ser generoso y alegre con todos los pobladores, era símbolo de felicidad pese a que este personaje era perseguido por los “blancos”, quienes después de una intensa búsqueda lo apresaron, lo mataron descuartizándolo. Tras esta atroz hazaña sus verdugos pusieron las partes de su cuerpo en diferentes lugares para que nunca puedan reunirlo.

Junto a esta leyenda existe el mito de que el momento en el que se reúnan todas las partes del cuerpo del Ekeko, entonces el pueblo Aymara renacerá junto a él.

 María Mamani, 75 años

Cerco

En 1781 la ciudad de La Paz, Bolivia, sufrió dos cercos que estuvieron a manos de combatientes aymaras que querían liberarse del yugo español.

Sebastián Segurola, militar, gobernador e intendente de La Paz, en ese entonces tenía como personal de servicio a “Paulita Tintaya”, quien tenía una relación estrecha con el Ekeko, quien proveyó a la familia y a toda la ciudad de alimentos en la época que estaban todas las entradas cerradas. Tras solucionarse los problemas, Segurola en agradecimiento permitió el culto a este personaje, del cual hasta ese momento solo había sido una costumbre indígena profana.

Milton Eyzaguirre, jefe de Extensión del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF) de Bolivia.

La Fertilidad y abundancia illas e ispallas

La celebración de la fertilidad entre los pueblos indígena originarios data desde épocas precolombinas y estas fiestas comienzan un día antes del Equinoccio de verano (21 de diciembre), época de verdor y de recolección de los frutos.

Los rituales que comienzan en esta fecha son parte de las ofrendas al dios andino Tunupa, para que los seres vivos pidan deseos, pidan abundancia y agradezcan por la fecundidad.

El antropólogo orureño Ulpian Ricardo López explica que, en el marco de las festividades, la illa se considera “un amuleto que atrae abundancia, fertilidad y riqueza, no solamente en cuanto a lo económico-monetario sino también espiritual”.

Por otro lado, Eyzaguirre considera que “las illas están relacionadas fundamentalmente con los animales y las ispallas con el tema vegetal”.

Según el diccionario aymara de Bertonio (1612) illa está definido como “cualquier cosa que uno guarda para provisión de su casa, como chuñu, maíz, plata, ropa y aún las joyas”. Para Carlos Ponce es “una pequeña estatua protectora fabricada por los kallaguayas”, entre ellas está el chachailla y el warmilla, que son símbolo de la fertilidad.

 

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Versiones TUNUPA 

Para el sacerdote Ludovico Bertonio ( 1557- 1625), Tunupa o Ecaco es un dios que realizaba cosas “indignas no solo de Dios, si no de cualquier hombre de razón”. Pese a ello el investigador identificó que en algunas culturas antepasadas lo llamaban “Jesucristo Tunupa”.

UN CUERPO ABRE UNA RUTA

El dios Tunupa es un hombre viejo, blanco y de ojos claros, vestido de túnica, que siguió la ruta desde el Norte hacia el Sur, desde La laguna Cacha, al norte del lago Titicaca (lago más alto del mundo ubicado entre Bolivia y Perú) hacia Desaguadero-

Este hombre se detuvo a orillas del lago Umasuyu y otros sitios de importancia ritual donde se encuentran restos de culturas prehispánicas: Carabaya, Copacabana, Carabuco, Isla del Sol (Titicaca), Tiwanaku, Yunguyu, Desaguadero, Sica Sica, lago Poopó (Aullagas) y otros, realizando haciendo “maravillas” como aplacar tempestades, bendecir cosechas, levantar llanos, brotar agua de rocas y desterrar metales.

Él predicaba una nueva cultura, de restauración de piedad, orden y trabajo y un diferente modo de vida al que estaban acostumbrados en la época. Se dice que su actitud y doctrina desató la ira de los habitantes del sector, por lo que en la Isla del Sol (Lago Titicaca) decidieron castigarlo amarrándolo a una balsa (en otras versiones es un tronco, una cruz o el manto de una bella mujer) y lanzándolo su cuerpo con dirección hacia el Sur. En su ruta se abrió con su cuerpo la brecha que será luego el río Desaguadero o Chacamarca.

Padre agustino Fray Alonso Ramos Gavilán, historiador y cronista del santuario mariano de Copacabana.

Leyenda

Tunupa también es visto como Dios del fuego y esto se debe a que éste es el señor de los volcanes y por tanto el responsable del fuego que proviene de la tierra, además, también es considerado como señor de las aguas celestiales, tiene la capacidad de enviar y detener un rayo, la lluvia, la nieve o el granizo.

Cuenta la leyenda que el Salar de Tunupa o el Salar de Uyuni, alguna vez fue un mar interior y a medida que la tierra se elevaba y el mar se secaba, se convertía en una gran sábana de sal con muchos pies de profundidad.

En ese entonces Tunupa (volcán hembra) quedó embarazada y tuvo un pequeño volcán de padre era desconocido. Los volcanes que habían estado cortejando a Tunupa querían ser el padre del pequeño volcán y pelearon, pero no se pusieron de acuerdo, estos le quitaron el bebé-volcán a su madre y lo escondieron en Colchani. Los dioses se enfurecieron tanto que castigaron a los volcanes quitándoles el derecho a moverse, hablar y encontrarse. Tunupa quedó atrapada en la tierra y solo le acompañaba su llanto, que era salado, así fue como nació el Salar de Uyuni.

Esta deidad, según las versiones, se presenta en algunas como Wiracocha, hijo de éste o mejor uno de sus hijos, pero también como hijo del Rayo. Para Carlos Ponce, como otros autores posteriores (Urbano, 1981), Tunupa es la deidad más importante del Collao y se halla estrechamente relacionado con una deidad central en el Collasuyu, el Rayo- Illapa.

La fiesta de la fertilidad en el área rural andina tiene como principal elemento en rituales, figuras pequeñas de animales como llamas, ovejas y vacas que se cree que son la encarnación de estos animales o la materialidad energizada, por ello se las entierran como semillas que crecerán y darán animales fuertes.

En festividades locales, la fertilidad se marca con lanas coloridas cual si estuvieran floreciendo, creciendo y reproduciéndose. Estas prácticas rituales provienen desde el período pre – Inka y tienen continuidad en las Alasitas de la actualidad.

FESTIVIDADES

Mamita de Chijipata (La Paz)

Por su extraña forma de aparición, a este culto se le atribuye la abundancia y realización de sueños.

“La imagen de la Purísima Concepción de Chijipata apareció por primera vez en 1854, ante una mujer que esperaba a su marido luego de un compartimiento de bebidas alcohólicas con amigos. Hasta esperar que las bebidas dejaran el efecto en aquel hombre, se puso a moler llajua (salsa picante) en la piedra de un batán (piedra utilizada para moler) en una colina del municipio de Laja (La Paz). Tan grande fue su sorpresa cuando apareció la imagen de la Virgen de Chijipata plasmada en piedra”, cuenta don Marco Valdez, vecino del sector.

La festividad comienza a primera hora del 8 y 9 de diciembre, en el que cerca de 10 comparsas se dirigen a la plaza del municipio de Laja del departamento de La Paz,, buscando fortuna y bendición. En este espacio encuentran artesanos de miniaturas, yatiris esperando ch’allar (ritual de bendición a la Pachamama con productos naturales) y la imagen de la Virgen esperando a sus fieles devotos cada año.

Las cajas de cerveza son parte de la ceremonia, el historiador Thierry Saignes asegura que “el alcohol representa un vehículo privilegiado para comunicar con lo sobrenatural”.

 Fertilidad en Qaqachaca (Oruro)

Según el “Catálogo De Alasitas” del MUSEF, en la región de Qaqachaca del departamento de Oruro, se lleva a cabo una festividad muy importante que ayuda a tener una producción agrícola productiva, una reproducción de ganado y una fertilidad buena.

Esta festividad se realiza anualmente entre los últimos días de diciembre e inicios de febrero (época lluviosa) y finales de junio hasta agosto (época seca).

Bajo la investigación realizada por Denise Arnold y Juan de Dios Yapita, el ritual que tiene origen en el municipio de Qaqachaca del departamento de Oruro, se realiza en un espacio femenino Iskina (patio de la casa) y en Uywiri (cerro guardián) que es un lugar masculino. El ritual debe contener waylla (paja), tallos de quiñwa (madera roja), choclos de maíz y miniaturas de turuwasus (vasos de toro). La festividad incluye corte y señalización con lanas de colores a las orejas del ganado, en señal de fertilidad, abundancia y proceación constante.

También durante la ceremonia se entierra un sullu (feto de animal seco) junto a illas hechas de arcilla y unto.

Arnold y Yapita explican que proceso de culto inicia con simillt’aña (cánticos) y caminatas de jóvenes mujeres en busca de hijos sobre campos arados y los hombres por delante derramando semillas. “El objetivo de este proceso es asegurar la maternidad y la buena cosecha de la tierra”.

La transición de madurez (fertilidad) se da en:

  • K’illana, idéntico al corte de la madre es la que se realiza a la cría (sangre materna)
  • Tuti, los padres entregan animales jóvenes de obsequio a los hijos (entregar herencia)     (en recuadro)

Santa Vera Cruz Tatala (Cochabamba)

“Antes de la colonia, Santa Vera Cruz Tatala era la celebración a la constelación Cruz del Sur, conocida actualmente como Chakana, y el lugar era un sitio astronómico donde los amautas y sabios determinaban cómo se iba a comportar el clima. La gente de diferentes lugares acudía para escuchar las predicciones y comunicarlas a sus ayllus”

Etnopsicóloga Esther Balboa.

La fiesta de la fecundidad humana, de la Madre Tierra, el ganado y la abundancia, se ve envuelta de coplas y música típica de los valles del departamento de Cochabamba del 1 al 4 de mayo. Los que aún conservan la tradición hacia la Madre Tierra, llegan hasta el Kilómetro 7 de la avenida Petrolera con sus productos, listos para ser bendecidos para que no falten los productos.

Los ganaderos llevan excremento de su ganado para quemarlo en la fiesta central y una vez que solo quedan cenizas, se lleva de vuelta el polvillo a los corrales para su multiplicación.

Otros creyentes de la festividad llegan hasta los pies de la imagen del santo para hacer arder velas acompañado de estiércol de animal quemado. Las mujeres que tienen numerosos hijos llevan varias miniaturas de muñecos para dejarlos en la base de la cruz y las mujeres que tienen dificultad de concebir un hijo, se llevan una de esas miniaturas bendecidas para que se cumpla el deseo a futuro.

Una de las creyentes es Julia Cruz, de Tarata, que este año llegó con su bebé en brazos sólo para agradecer al “Tatala”, lo que para ella fue un milagro: “tener un hijo”. Ella cuenta que hace un año asistió a la festividad para pedirle un bebé.

En esta fiesta le dedican coplas picarescas al Santo, al ritmo de acordeones principalmente, le ofrecen lo mejor de sus cosechas de papa y otros productos y encienden fuego con la bosta de sus animales.. Hasta la fecha, los devotos como la señora Julia cantan pidiendo su bendición y rezan para que todo vaya bien.

Según Antonio Paredes Candia, en su libro ¨Fiestas populares de Bolivia¨ (1956), en la actualidad se conoce el tercer templo, luego de otros dos que se encontraban en distintos lugares, para resguardar la aparición milagrosa de una piedra triangular, que contenía el dibujo de una cruz en su centro.

COLQUEPATA

La festividad de la Santa Cruz de Colquepata comienza del 29 de abril al 3 de mayo con música, vestimenta y danzas folklóricas típicas de Bolivia. En el 2021, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Bolivia.

Una festividad de carácter sincrético religioso congrega a cientos de bolivianos y peruanos al pie del Calvario en Colquepata, en el lugar se levanta una capilla en la cual los danzantes y creyentes se postran para hacer la ofrenda de la oración.

 

Fuera de la iglesia los comerciantes de Illas se encuentran a la espera de los fieles devotos que anualmente visitan con fe al sector de Copacabana, La Paz. Llevan a realizar la respectiva bendición de sus miniaturas a la iglesia de la virgen de Copacabana y finalizan con una Ch’ alla, compartiendo cervezas.

“Hace años me compre mi mini en alasitas y con harto esfuerzo me compré este mini que es mi sustento de vida y la de mi familia (…) cuando ya compré el auto primero fui a Copacabana a bendecir el auto y a comprarme billetitos para que me vaya bien”, cuenta Henry Cabrera.

SOLSTICIO DE INVIERNO

Para Eyzaguirre, en el contexto andino hay dos momentos importantes vinculados con el ciclo agrícola: el 21 de junio y el 21 de diciembre.

Este tiempo es el “descanso de la tierra” en el que el frío helado ayuda a producir chuño y reunir al ganado alrededor del fuego

El sol al estar en el punto más lejano de la tierra, el 21 de junio los pueblos altiplánicos llaman a las deidades ancestrales con rituales y ofrendas en las wakas (lugares sagrados) para preservar la naturaleza, la producción y su reproducción.

«En este nuevo año aimara esperamos que la nueva siembra de todos nosotros del área rural, con la bendición de nuestro Tatainti (dios del sol), nos vaya bien con las cosechas, con las siembras y ganado», explica un asistente de Watajata a la ceremonia de los primeros rayos de sol que anuncian del Año Nuevo Andino Amazónico en Tiwanaku.

Bajo el Gobierno del ex mandatario, Evo Morales, es que en 2009 se bautiza a esta fiesta como «Año Nuevo Andino Amazónico» y se declara como fiesta nacional en el que más de 200 lugares sagrados a lo largo del país fueron habilitados en todo el país para realizar esta ceremonia.

SOLSTICIO DE VERANO

La Illapacha o tiempo de las illas, según la cosmovisión andina se inicia el 21 de diciembre con el solsticio de verano del hemisferio Sur. En el altiplano y la región del lago Titicaca, esta temporada está relacionada con el ciclo agrícola que atraviesa por el Jallupacha (tiempo de lluvias), que a la vez simboliza la fertilidad, la siembra y la cosecha, y que concluye en carnavales.

“La Illa quiere decir de todo lo animal y la Ispalla es de todo lo vegetal y mineral. En esta fiesta del 21 de diciembre expresamos nuestro agradecimiento a la Pachamama por darnos los alimentos que provienen de los animales y vegetales. Desde la cosmovisión andina toda forma de existencia tiene su Illa e Ispalla y es en esta fecha que se realiza la ceremonia para renovar, revitalizar y asegurar la vida para que las especies pervivan», dijo el amauta Manuel Mamani.

En esta fecha «amautas» (sabios aimaras), «mama tallas» (mujeres guías espirituales), «kallawayas» (médicos tradicionales), preparan mesas de ofrenda junto a ritos andinos, música autóctona y bailes para agradecer los favores recibidos y a la vez para pedir que el alimento sea abundante en los meses venideros.

Por su parte, la investigadora Amalia N Vargas explica en un artículo de investigación que, con la llegada de los españoles la iglesia católica cambió las fechas ceremoniales e impuso sus festividades, pero pese a ello en la cultura aymara este día celebran con ceremonias las Illas e Ispallas.

“Antes de la imposición religiosa, las naciones originarias festejaban la fiesta del Ekeko en octubre, tiempo en que preparaban las Illas. En 1781, luego del fin del cerco a la ciudad de La Paz por Túpac Katari, el gobernador Segurola, para celebrar su triunfo y en devoción a la Virgen del Carmen, la trasladó al 24 de enero, motivo por el que hoy se realiza para esa fecha la fiesta del Ekeko conocida como Alasitas, festividad que compartiremos en Enero”, describe.

En este momento el trabajo agrícola no es muy exigente y da espacio a los comunarios de fabricar textiles, cerámica, realizar los ritos y preparar todo para tener copiosos alimentos.

También en esta época para Eyzaguirre, la festividad de las ñatitas (8 de noviembre), la Festividad de San Andrés (30 de noviembre), la navidad o aguinaldo (25 de diciembre) también están estrechamente vinculados a la tradicional fiesta de la Alasita.

“He visto que en el aguinaldo se hacen panes gigantescos y en los prestes llevan a estos en la espalda. También en la fiesta de año nuevo se tiene vinculación con el ciclo agrícola, depende la región”, describe.

CARNAVALES

Para las mujeres en el área rural, la ropa con la cual visten es muy importante, ya que son días en que las jóvenes lucen sus mejores trajes, sus mejores joyas y mejores trenzas. El sábado, domingo y lunes de carnaval se convierten en días de baile, alegría y regocijo; el martes de carnaval se dedican a ch´allar las casas con frutas, confites, flores y música.

“Antes de la primera cosecha, en varios entornos locales se celebraba la festividad del 2 de abril, día de la Candelaria. La gente lleva sus illas o primeras cosechas a la iglesia para bendecir y es un proceso de simbiosis, antes de un sincretismo, es por eso que en algunos lugares son entradas autóctonas o entradas folklóricas”, explica Eyzaguirre

En el área rural, en la época de carnaval se celebra el Jisk’a Anata como una fiesta familiar y el Jach’a Anata como una fiesta de la comunidad, donde las personas salen a bailar a la plaza central de las comunidades

“En el carnaval se dejan de tocar los instrumentos musicales denominado pinkillos, cuyas primeras interpretaciones se dan en el tiempo de difuntos y empiezan a tocan otros como tarkas, tokoros y mohoceños por los productos recibidos de la tierra”.

En las provincias de Aroma, Manko Kapac u Omasuyos, del departamento de La Paz, para el 2 de febrero se instala la fiesta de la primera cosecha, en el que se escarban las mama Ispallas (papas pequeñas para la abundancia de cultivos).

En este tiempo también es de fertilidad, porque los fetos de animales dejan de estar en peligro de muerte y se les amarra lanas en las orejas. También es época de fertilidad para las mujeres, ya que se muestran mayores índices de natalidad nueve meses tras esta festividad.

El reportaje se desarrolló en el marco del Fondo Concursable Spotlight XIV de Apoyo a la Investigación Periodística en los Medios de Comunicación que impulsa la Fundación para el Periodismo (FPP).

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