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Mabel Barba: su vida después de Moonlight y su lucha contra el cáncer

La boliviana se hizo conocida tras su participación como directora artística de la producción galardonada como mejor película en los premios Óscar en 2017

(Verdadcontinta-abril/2019) Aunque muchos conocen su talento profesional, pocos saben de su fortaleza humana y de la bondad de su corazón. Luego de dos años, el equipo de Verdad con Tinta retomó contacto con la joven boliviana radicada en Estados Unidos para conversar sobre los vertiginosos cambios de su vida.

  • Crónica de una enfermedad anunciada

Lejos del laberinto de pasillos del hospital donde recibe tratamiento, la boliviana de 30 años, desde la calidez de su hogar, cobra fuerzas para iniciar un conmovedor relato en primera persona.

“Me sentía muy cansada”, dice Mabel desde el otro lado de la línea telefónica, respecto a los primeros síntomas que la alertaron de que su cuerpo no funcionaba como antes.

“Mi excusa era que trabajaba mucho, que soy mamá y que estaba dando teta mi bebé”, agrega con la espontaneidad que la caracteriza mientras explica que a raíz de eso, decidieron irse de vacaciones en un crucero con su esposo Leandro y su pequeña hija. “Necesitaba un descanso”, dice entremezclando palabras en español e inglés.

Ella recuerda que aún estando de vacaciones, lejos de los exigentes horarios de trabajo de la industria cinematográfica, continuaba sintiéndose muy cansada.

Luego de mágicos días de verano, el último día de crucero, Mabel enfermó de un supuesto resfrío, haciendo que desde entonces, el invierno llegara a su vida de forma prematura.

“Nunca me había sentido así”, dice recordando el fuerte dolor de amígdalas y corporal que sentía en el camino de regreso a la ciudad de Atlanta, donde se mudó con su familia poco después del éxito de Moonlight, pues esta urbe es considerada el nuevo Hollywood por el importante número de películas que producen en el lugar.

Mabel durante su vacación familiar

Motivada por el fuerte resfrío  decidió ir al médico, pues no solo se sentía mal, sino que la fiebre no cesaba. El médico le recetó una serie de medicamentos para combatir aquel aparente resfrío combinado con alergia, pero la paciente no mejoraba.

Luego de dos días de malestar intenso y aquejada por una tos que no le permitía conciliar el sueño, Mabel acudió a la sala de urgencias para que la atendieran.

Allí se dieron cuenta de que estaba con bronquitis, pero como parte del protocolo estándar, le realizaron una serie de análisis de sangre y de orina. “Lo típico”, pensó ella sin prestar mayor atención al proceder de los doctores.

Mientras Mabel conversaba con el médico sobre el tratamiento, ingresó a la sala una enfermera con un pequeño papel que pronto hizo que la cara del médico se transformara.

“¿Está bromeando?”, cuestionó el médico a la enfermera sin decir nada más.

“Yo pensé que estaban hablando de otro paciente”, cuenta Mabel sobre aquel momento que estaba por cambiar su vida por completo.

El médico pronto se dirigió a ella y le explicó que había un resultado que estaba mal en sus análisis de sangre, pero que le resultaba tan anormal, que prefería repetir la prueba, porque creía que se trataba de un error.

La joven nacida en Santa Cruz estaba esperando en la sala del hospital, cuando de repente un equipo médico, vestido con guantes y máscaras,  entró y la llevó con premura a una sala de aislamiento. El nauseabundo olor de lo desconocido, le provocaba un frío en la espalda.

“Me dijeron que mi sistema inmunológico estaba muy débil”, atina a decir Mabel por el altavoz del teléfono, antes de fundirse en lágrimas, recordando aquel duro momento. “Me pongo sensible”, dice con un hilo de voz, mostrando su lado más humano.

Aquel diciembre de 2018, Mabel había ingresado a la sala de emergencias con un diagnóstico de resfrío, pero como un balde de agua fría, el diagnóstico de un posible virus que podía confundirse con la leucemia la había alcanzado por sorpresa, dejándola sin capacidad de respuesta.

Ese día le sacaron litros de sangre. “Me sacaron como 6 botellitas de sangre, similares a esas botellas de cerveza Corona”, comenta.

Lo que sucedía con su cuerpo, era que su sangre tenía pocas plaquetas, pocos glóbulos rojos y muchos glóbulos blancos inmaduros. Eso hacía que sus defensas bajen de una forma tal, que podía contagiarse todo, por lo que tuvo que quedarse en el hospital hasta recibir un resultado certero después de la biopsia.

Era Noche Buena y Mabel seguía en el hospital, pero estaba mejor, los resultados de sus análisis indicaban que su anemia y otros valores habían mejorado, por lo que los médicos le ofrecieron irse a su casa hasta que llegara el resultado final de la biopsia de médula que le habían realizado.

Ella aceptó de forma inmediata, pues la ilusión de pasar una segunda Navidad con su pequeña hija y con su familia, la llenaba de fuerza. Aquella felicidad fue efímera pero intensa.

“La oncóloga me llamó el 26 de diciembre a las ocho de noche, para decirme que tenía leucemia, leucemia mieloide aguda”.

“Te tienen que ingresar inmediatamente, porque es un tipo de cáncer muy agresivo”, repite Mabel las palabras textuales de la doctora, quebrándose al otro lado de la línea por segunda vez. Esas palabras parecen estar tatuadas en su mente; es capaz de repetirlas sin necesidad de un guion. Sin pensarlas.

“Si no recibía el tratamiento tenía días o semanas de vida”. Su voz se quiebra. Se escucha su llanto por el otro lado y sus lágrimas parecen ser contagiosas. Las dos lloramos, pero solo una de las dos lo sabe.

Se controla, tiene la capacidad de hacerlo, para así proseguir con su relato.

Cuarenta minutos después de la llamada, Mabel estaba en el hospital Northside de Atlanta, con una maleta llena de ropa y un nudo en la garganta ante la incertidumbre de lo que vendría.  “Abracé a Maya, me puse a llorar y partí”, agrega sobre la despedida con su pequeña de dos años.

Los médicos y enfermeras que la recibieron en el hospital, no podían dejar de observarla cuando la vieron entrar; luego de varios días le confesaron que su sorpresa se debía a que los pacientes con su diagnóstico generalmente no ingresan por sus propios medios.

  • Fortaleza de cuerpo y mente

Mabel empezó pronto con la quimioterapia y se amparó en su espiritualidad y en la meditación para prepararse emocional y mentalmente para aquella etapa.

“Estaba deseosa de empezar y de avanzar en el tratamiento”, dice mientras agrega que constantemente tenía charlas internas en las que le explicaba a su cuerpo lo que iba a suceder y cómo debía prepararse.

“No es miedo a la muerte, es miedo a perderme ver crecer a mi bebé”

Mabel Barba

Pese a lo agresivo del tratamiento, para Mabel, pero sobretodo para el equipo médico, fue sorprendente que nunca tuvo las reacciones adversas que suelen provocar la sesiones de quimioterapia, como nauseas o mareos.

Sin embargo, el momento más duro del proceso fue cuando le avisaron que iba a necesitar un trasplante de médula como parte del tratamiento.

Junto a su hija, en su casa de Atlanta

“Me puse triste porque sabía que la recuperación ya no dependía de mi; mi vida dependía de un tercero”.

Los médicos enviaron de forma inmediata los test a sus hermanos a Bolivia y  Estados Unidos, y aunque sabían que las probabilidades no eran altas, pues no siempre hay compatibilidad de médula con parientes, no perdían la esperanza.  Ante la posible incompatibilidad con familiares, este tipo de pacientes dependen de los donantes voluntarios y de los bancos de médula.

“Yo solo le pedía a Dios que sea cual fuera el resultado, que me abrace”, dice intentando contener el llanto sin éxito por tercera vez, haciendo sentir en el pecho de su interlocutora la profundidad del dolor de su alma. El trasplante era una realidad.

¿Miedo a la muerte? No, lo suyo no era miedo a morir, aquella etapa inicial de temor había quedado atrás hacía varios meses.  Lo suyo era la impotencia ante la posibilidad de no ver crecer a su hija.

Aunque sin miedo, y sin reacciones adversas, las huellas del cáncer iban haciendo eco en su cuerpo. A las tres semanas de quimioterapia su pelo empezó a caerse como hojas de otoño, pero con la esperanza de que pronto llegará la primavera para volver a crecer.

  • Transformar el dolor en acción

Cuando Mabel recibió el diagnóstico, su carrera profesional estaba alzando el vuelo que ella había soñado toda la vida.  Pero su enfermedad implicaba hacer una pausa fuera de la ficción, para luchar en la vida real.

“Estuve bien hasta que llegaron los premios Oscar”, asegura, pues es una apasionada de su trabajo. Sin embargo historias como la de Emilia Clarke, la joven que interpreta  a Daenerys Targaryen en la afamada serie Game Of Thrones, le sirvieron como inspiración. Al igual que Mabel, Emilia sufrió una complicada enfermedad cuando su carrera empezaba a despegar.

En diciembre había tenido que rechazar siete trabajos, razón que la impulsó a publicar en sus redes sociales la noticia de su enfermedad. “Quería que la gente supiera para no sentir más dolor al tener que rechazar ofertas”, asegura.

Sin embargo, Mabel fue siempre una persona activa, y aunque no podría trabajar en lo suyo, decidió ponerse manos a la obra para ver cómo podía cambiar la vida de otros pacientes que estaban en su misma situación.

«Donar da vida. Que donen sangre, plaquetas, pelo, todo lo que puedan»

Mabel Barba

La sangre y las plaquetas son un elemento vital para pacientes con leucemia, por lo que a través de su sindicato de cine y sus amigos, logró convocar a decenas de donantes que con desprendimiento absoluto, acudieron a los bancos de sangre a realizar la donación en su nombre.

“Hasta hace un mes donaron 38 unidades solo de plaquetas y 6 de sangre”, cuenta con orgullo. Aunque sin verla, del otro lado de la línea de teléfono se percibe una gran sonrisa dibujada en su rostro. La primera en más de hora y media de conversación.

“Nunca habíamos recibido tantas unidades por un solo paciente”, dice repitiendo las palabras de la encargada de los donantes.

“Lo más increíble es que venía la gente sin conocerme”, agrega.

A raíz de eso, Mabel empezó a involucrarse con lo que sucede en su Bolivia natal, descubriendo que el sistema de salud está en pañales. “No hay ni siquiera un registro de donantes”, dice desolada pensando en la suerte que corren en el país pacientes como ella.

Mercedes Bluske Moscoso

Mercedes Bluske

3 Comments

3 Comments

  1. Avatar

    Juan Mario Pereyra Sanguino

    abril 26, 2019 at 3:11 pm

    Gracias por la entrevista, por mostrar ese lado humano y carismático que siempre caracterizó a Mabelita.

  2. Avatar

    Gaby Sanguino

    abril 26, 2019 at 3:36 pm

    Gracias por la nota, gracias Mabelita por tu ejemplo de lucha, Dios bendiga tu cuerpo, tu vida y a tu familia, estamos con vos ❤️

  3. Avatar

    Humberto

    abril 26, 2019 at 6:39 pm

    Querida prima muchas bendiciones, es un gran trabajo de sensibilización el que estás haciendo. Todo nuestro cariño desde Cochabamba !!!

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