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Las salidas del teatro tarijeño para no cerrar el telón

Artistas y directores se dan distintas maneras de sacar a flote este arte imposible sin público

Si bien todas las artes sufren por la pandemia de la COVID-19, el teatro podría estar agonizando en estos momentos.

No son posibles aún los eventos públicos y parece que falta para que las medidas que combaten el virus permitan espectáculos en un ambiente cerrado.

En el departamento de Tarija hay gente que vive de las artes escénicas y, si antes ya les costaba promover su trabajo, ahora más que nunca tienen que recurrir a la creatividad para sacar a flote su sector.

Los directores, actores y profesores de este arte expresan las dificultades que les representa el trabajo virtual. La importancia de la interacción entre los actores y el público es un tema recurrente en la boca de los protagonistas, que comparten a Verdad Con Tinta cómo es hacer teatro sin sus elementos principales.

De Europa a Tarija

Cuando Andrés Grau habla de teatro, hace énfasis en el público como uno de los elementos centrales. “No puedo pensar en una presentación sin público presente. Necesito tenerlos ahí”.

Andrés se dedica al teatro desde hace 40 años. Es español y licenciado en Artes Escénicas. Toda su vida ha estado ligada al teatro, ya sea como actor, director, productor, investigador o docente; y hace dos años que se mudó a Tarija.

Naturalmente, continúa trabajando junto a los telones y escenarios, pero hacerlo en Tarija no es igual que en Europa. A pesar de que ve ganas e interés en esta ciudad, se ha topado con trabas que no esperaba. La inexistencia de una asociación formal entre el sector, es una de ellas.

Andrés fundó junto a un grupo de personas la Compañía Estable de Teatro de la Casa de la Cultura de Tarija.

El artista español cree necesario un grupo de teatro que funcione “más como una empresa que como un grupo de amigos”, con el fin de ofrecer un trabajo constante en el departamento. La falta de apoyo económico es otro de los problemas.

Los alumnos de la Compañía Estable de Teatro pasan clases gratuitas, y Andrés las da de la misma manera.

Aunque dice que no pretende lucrar con ello -pues tiene su propia escuela y es docente universitario- alguien tiene que solventar los gastos de escenografía y vestuario.

Un añadido a este problema es que, según Grau, existen personas que no quieren pagar por asistir a una función.

Las personas están acostumbradas al teatro gratis…»

Andrés Grau

“Las personas están acostumbradas al teatro gratis, solo se animan a pagar unos Bs 60 cuando llega alguien de afuera”.

“Soy consciente de que hay pocos medios, pero los gastos hay que cobrarlos”, afirma.

Andrés y la Compañía Estable de Teatro tenían programada una función para abril de este año, llevaban cinco meses preparando “La Casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca.

Con el arribo de las medidas de confinamiento pensaron que deberían postergar la presentación unos dos meses; sin embargo, ahora esperan hacerla en abril de 2021.

Los ensayos continúan, aunque hay miembros de la compañía que desistieron por problemas como la falta de acceso a internet.

En cuánto a la enseñanza, Andrés mantiene que el teatro “se tiene que enseñar de forma física”.

Tanto en la Universidad Católica Boliviana (UCB) como en su escuela que es el Centro de Formación Escénica, el trabajo para promover el teatro e ilustrar a la población en las artes escénicas “no ha parado”.

Las limitaciones, dificultan la labor docente de Andrés. En la clase que da en la UCB-Tarija tiene 20 alumnos “pero solo caben 12 en la pantalla”.

Dice que “la enseñanza académica -del teatro- pretende revalorizar los valores del alumno, mejorando su confianza y expresión”.

Por ello las clases con él son distintas. Para aprender el alumno tiene que estar dispuesto a despojarse de su pudor y empezar a expresarse a través de su cuerpo. “No es algo que se pueda hacer sentado frente al ordenador”.

El movimiento libre junto a los compañeros y las correcciones del docente, necesariamente a través del tacto, son esenciales.

Teatro virtual

“Estuve viendo algunas cosas. Personalmente, creo que pierde la esencia del teatro”, dice Andrés respecto a iniciativas de teatro virtual en otros países.

En Tarija, el sector también busca maneras similares para subsistir, aunque eso implique sacrificar temporalmente la interacción con el público.

Rolando Quiroga participó en una obra de teatro por primera vez a los quince años. Aunque dice que la regularidad de su participación en obras dependía de la temporada, ya son seis años en los que participa como actor de manera constante.

Realiza actualmente unas “cápsulas teatrales” para redes sociales con la Compañía Teatral Caretas y con el apoyo del Fondo de Protección a las Cultura y Deporte.

Estas cápsulas tienen un contenido humorístico y, en palabras de Rolando, son más cine que teatro.

El argumento es que no son realizadas sobre el escenario, la voz debe mantener un nivel más bajo y nacen nuevas preocupaciones propias de la industria audiovisual.

Aspectos como el encuadre, los planos o la iluminación, toman el lugar de otros, como estar atentos a las reacciones del público.

Si algo ha cambiado para Rolando es el carácter de continuidad propio del teatro. En una función se empieza y termina la obra de corrido; grabándola se hacen pausas o se repiten escenas. Esto quita el espacio a la improvisación, por ejemplo.

“Ninguna presentación es igual otra”, dice en cuanto al teatro en vivo, pero las grabaciones “no hay manera de cambiarlas”.

En cuanto al público ausente: “No sabemos si el espectador lo vive o si corta el video a la mitad”. “Personalmente, creo que pierde en muchos aspectos la esencia del teatro”, palabras muy similares a las de Andrés.

Ana Rosario Choque, junto con Epopeya-Teatro, está realizando presentaciones virtuales grabadas. Ella también resalta la importancia del público, por lo que, más que hacer teatro, dice que está buscando la manera de “trabajar sin perder la parte artística”.

Ana produce videos basados en el teatro de sombras, que rescatan elementos de las artes escénicas. En sus videos cuentan mitos y leyendas de Tarija, también lo hace con el apoyo del Fondo de Protección a la Cultura y Deporte.

Resalta que una característica importante es la duración. Un video para las redes sociales no puede durar lo mismo que una obra de teatro.

El formato en internet oscila entre tres a diez minutos, por lo general, una función teatral ronda una hora de duración. Entonces, son realizados videos de pocos minutos para asegurar el disfrute de los expectadores.

“Una idea”

Respecto a la posibilidad de realizar presentaciones virtuales en vivo, los tres entrevistados por Verdad Con Tinta hablan, por separado, de que es una idea en desarrollo.

Andrés: “Les ofrecí -a la Compañía- hacer una obra con la distancia, pero no están convencidos”.

Rolando: “Hemos considerado hacer una presentación en vivo. La idea es equiparnos para  hacer una transmisión en vivo, todavía no hemos concluido esa idea”.

Rosario: “Voy por el cuarto mes trabajando -dando clases- con los niños y sigo viendo la manera de hacer una presentación con ellos”.

Expresan la necesidad de equipos y buen internet para continuar con sus clases o presentaciones. Cámaras, iluminación y una conexión rápida son necesarias, pero tienen un costo que no es accesible para todos, menos cuando no se puede hacer funciones y recaudar fondos.

También creen que la pandemia es un “golpe extra” para el teatro tarijeño, pues “ya cojeaba” antes de ella.

“En Tarija no hay cultura teatral”, dice Andrés. “En Tarija el teatro siempre ha sido algo que quiere ser y no lo logra”, lamenta Rolando.

Por lo pronto, las funciones en vivo no son posibles, y nadie puede asegurar cuando lo serán.

Todo el sector tiene que buscar opciones para subsistir y estas implican dejar de lado parte de los elementos centrales de su trabajo, aquellos que son la “esencia” del teatro, según afirman sus ejecutores.

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