Tras años de dar clases en diferentes artes y dedicarse a la gestión cultural, el centro artístico Casa CreArt lanzó una primera publicación editorial. En colaboración con el escritor argentino Franco Sampietro, rescataron del olvido a Memorias de Villa Rosa, novela de María Virginia Estenssoro.
Se trata de un libro apócrifo en la literatura tarijeña, según Sampietro, quien fue también el editor de la obra. Antes de realizarse la presentación oficial, el libro tuvo que pasar por diferentes procesos para materializarse en papel. Dada la antigüedad de la obra original, cada letra fue transcrita una por una. Además, la falta de una industria editorial en la ciudad de Tarija obligó a los artífices de esta publicación a buscar opciones en el resto del país.

El “rescate”
En una entrevista el 12 de octubre de 2023, Sampietro contó a Verdad con Tinta por primera vez la intención reeditar Memorias de Villa Rosa. En esa ocasión, con la publicación de su libro Para un canon tarijeño como motivo, el autor se refirió a la novela de Estenssoro como una obra de “calidad estética a nivel hispanoamericano”.
Posteriormente, anunció la colaboración con Casa CreArt y el nacimiento del sello Irreverentes, con el que se planea publicar una colección de libros que recogen miradas críticas o alternativas sobre la realidad tarijeña. Un mes después, Memorias de Villa Rosa fue presentado bajo los sellos Irreverentes, Los socios del naufragio y Libros de Casa CreArt.

Para Sampietro, la importancia de volver a publicar Memorias de Villa Rosa radica en dos motivos. Por un lado, asegura que se está «rescatando una perla olvidada de la literatura tarijeña», un libro que ha sido ocultado desde su publicación, un documento histórico y crítico de la Tarija de esa época; y por el otro: la publicación de estos trabajos que no todos conocen para motivar a los escritores jóvenes.
Es decir, se pretende que jóvenes escritores que tienen algo que decir se animen, y no solo dar pie a quienes buscan tener un libro.
“Es un libro vanguardista y adelantado a su tiempo. Creo que literariamente es tal vez el mejor libro que se ha publicado en Tarija», opina el editor desde una mirada literaria.
Para Franco Sampietro Memorias de Villa Rosa guarda otros niveles de lectura, como el social.
“Socialmente, creo que su valor reside ahí. Es una mirada a la sociedad tarijeña de hace casi un siglo y vista por una mujer. Es una mirada descarnada y cruel, cuando estamos acostumbrados a una mirada de una Tarija bucólica, idílica y paradisiaca”, sentencia.
Tecla a tecla
Dado que entre la primera edición (Los amigos del libro, 1975) y la segunda (2023) hay 48 años de diferencia, ni Casa CreArt ni Sampietro contaban con un documento digital de la obra. Por ello, la única manera de reeditarlo era realizando primero una transcripción letra a letra, tecla por tecla.
La tarea se encargó a Yolanda Esther Rojas Fernández, quien, si bien era ajena al oficio de la escritura, aceptó el desafío con emoción. Esther es bailarina y animadora audiovisual. Aunque ironiza que ella “escribe con los pies” al bailar, la escritura en teclado no era una habilidad afinada hasta entonces. Además, solo contaba con una copia desgastada del libro original.

Esther trabajó en las noches a la luz de su monitor y de una lámpara, con su hijo pequeño al lado y su esposo durmiendo. No solo tenía que transcribir 140 páginas, sino que debía descifrar aquellas palabras y frases ilegibles o borroneadas del materia de referencia.
A los días de empezar estuvo cerca de renunciar a la tarea, pero se prometió terminar lo empezado. Una semana y media después, habiendo trabajado de 18:00 a 4:00, copió el punto final y terminó su trabajo. La primera etapa estaba lista y el libro pasaba a edición.
La satisfacción por el trabajo hecho llegó a su cúspide el día de la presentación del libro. Cuando lo tuvo en manos, se dijo a sí misma: “Este es el libro que yo pude transcribir”. Sin embargo, luego de esa cima de felicidad le esperaba una amarga bajada por un detalle omitido en el libro: su nombre no figuraba en los créditos.
“Me puse muy mal. Estaba dolida. Me alegra que el libro esté en manos tarijeñas, pero me dolió no ver el reconocimiento a mi trabajo como habíamos quedado”, recuerda. La explicación que recibió fue que se trataba de un error en la impresión del primer lote de libros y que sería corregido para el segundo.
Tiraje y puntos de venta
Para Fabio Cruz, director y cabeza de Casa CreArt, la publicación de Memorias de Villa Rosa es uno de los logros del centro artístico. Materializar una publicación editorial no es sencillo en una ciudad en la que justamente no hay editoriales que publiquen de forma constante en el tiempo. Por lo mismo, recurrieron a una imprenta orureña para hacer realidad el libro que inaugura la colección.
Se trata de un tiraje de 500 copias a Bs 50 la unidad. Los libros se pueden adquirir en Casa CreArt, en el espacio Verde que te quiero o directamente con Franco Sampietro.
Otras publicaciones
En el año 2019, el libro de María Virginia Estenssoro El occiso fue publicado en Bolivia por la editorial Dum dum y en 2021 se publicó en Argentina de la mano de la editorial Ninguna orilla.

Sobre la autora, reseña biográfica tomada de la Biblioteca del Parnaso Boliviano, escrita por Mary Carmen Molina y Marco Montellano:
Escritora, periodista y educadora. Nació el 2 de julio de 1903 en La Paz (Bolivia), y falleció el 28 de septiembre de 1970 en San Pablo (Brasil). Si bien las circunstancias la hicieron nacer en otra ciudad, Estenssoro es por familia, crianza, e incluso por una parte de su obra, como se verá más adelante, una escritora tarijeña.

Fue la hija mayor del matrimonio de Alfredo Estenssoro Rivero y María Romecín Martínez. Según relata Josep Barnadas (2002), se casó en dos ocasiones: «primero con un enigmático personaje cosmopolita (G. Vallensits), supuestamente con rango de conde (1929); con él viajó por África y toda Europa, quedándose un tiempo en París (1929-1932); volvió sola a Bolivia, pero con un hijo, situación que le costó maledicencias y chismes; después se casó con el escultor [boliviano] Andrés Cusicanqui (1937)». En el intermedio de sus dos matrimonios mantuvo una relación sentimental con Enrique Ruiz Barragán, entre 1993 y 1936, ante cuyo trágico fallecimiento la autora le dedicó su libro El occiso. Tuvo dos hijos: Guido Vallentsits, de su primer matrimonio; e Irene Cusicanqui, del segundo.
Durante gran parte de su infancia, adolescencia y juventud vivió en Tarija, tierra de su padre. Tras su primer matrimonio, cuando retornó a Bolivia en 1932, se estableció en La Paz y trabajó en la Secretaría General del Ministerio de Educación y Bellas Artes. También fue directora artística de radio Illimani (1938-1941). En 1943 fue secretaria adjunta del Ministerio de Agricultura. Se desempeñó como profesora de Historia de la música en el Conservatorio Nacional durante casi quince años (1943-1957) y fue directora de la Biblioteca del Congreso Nacional (1950-1957).
Como periodista, firmó –con el seudónimo Maud D’Avril– la columna «El perfil de las semanas» en la revista La Gaceta de Bolivia (1933-1935) y trabajó en los periódicos La República (1933-1935), El Diario (1935-1937), La Razón (1937-1939) y La Nación (1951-1957). Fue directora literaria de la revista Cielos de Bolivia (1940-1942) y de la revista Norte (1948). Integró el Ateneo Femenino, desde la década de 1930, institución de la cual ejerció la vicepresidencia. Es la única mujer incluida en la Antología de cuentistas bolivianos contemporáneos (1942), preparada por Saturnino Rodrigo y editada en Buenos Aires, Argentina.
En 1945 participó de la Exposición Americana del Libro Femenino en Buenos Aires. En 1948 la Alcaldía de La Paz destacó su trayectoria literaria y le otorgó un reconocimiento. Fue delegada por Bolivia en congresos internacionales sobre periodismo en Brasil (1954) y Argentina (1955).
La segunda parte de su vida transcurrió en San Pablo (Brasil), desde 1957, donde fue profesora de francés en la Pontificia Universidad Católica (1957-1959), y adjunta cultural del Consulado general de Bolivia (1957). El Instituto Histórico y Geográfico de San Pablo la condecoró con la medalla Emperatriz Leopoldina (1956), en reconocimiento a su labor en la enseñanza. Dos calles en San Pablo, y una en La Paz, llevan su nombre. Publicó un solo libro en vida: El occiso (1937), texto de prosa poética o poesía en prosa que, al momento de su publicación, causó polémica en la conservadora sociedad paceña. En esta obra, Estenssoro conjuga un lenguaje vanguardista con tintes surrealistas y modernistas. Este texto, junto con otros dos relatos del mismo universo escritural, conforman el primer volumen de sus Obras completas (1971), preparadas por sus dos hijos.
Según Virginia Ayllón y Cecilia Olivares (2002): El occiso es «un texto valioso donde se plantean ideas muy cercanas a lo que después se denominará el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo» (2002, p. 169). Sus Obras completas incluyen la colección de poemas Ego inútil (1971), los volúmenes de cuentos Memorias de Villa Rosa –uno de los textos de mayor valía crítica escritos sobre la sociedad tarijeña de su época– (1976) y Cuentos y otras páginas (1988); además de la crónica novelada Criptograma del escándalo y la rosa. Fantasía biográfica de Lygia de Freitas Valle (1996). Las historias de la literatura boliviana del siglo XX mencionan a Estenssoro sin profundizar en su obra. Recién desde finales del siglo pasado y principios del XXI, la obra de Estenssoro comenzó a ser objeto de investigaciones, lecturas críticas de mayor alcance y nuevas reediciones. Junto con la literatura de Hilda Mundy (Laura Villanueva), la suya es clave para comprender las vanguardias del siglo XX en Bolivia.
Respecto a Memorias de Villa Rosa, reflexiona Franco Sampietro: «Lo que Virginia Estenssoro escribe sobre Tarija no es precisamente benévolo. No les soba el ego a sus habitantes. No repite los lugares comunes ya convertidos en eslóganes. No venera a la decadente clase terrateniente (a la que sin embargo pertenece) acostumbrada a privilegios de clase abismales. No se resigna al lugar asignado a la mujer en el medio; por el contrario, lo discute como una leona».
Sobre El occiso, escribe Liliana Colanzi: «Hay algo de caníbal en el texto de Estenssoro, un regodeo febril en esa carne asolada por las bullentes lombrices, como si a través de la escritura pudiera convocar el cuerpo del amado y devorarlo hasta la médula, extraer de él la última gota de sangre antes de cederlo a la inmensa Nada. […] A partir de entonces El occiso abandona todo vínculo con lo humano y existe como niebla que vaga entre los siglos. La escritura de Estenssoro evoca paisajes tenebrosos, surrealistas y de gran belleza».
Me encanta que se hayan tomado el tiempito de colocar la biografía de María Virginia Estenssoro en esta reseña. Muchas gracias por todo el contexto!